14 junio 2019

En el arrozal - Marquesa Colombi


Edición: Contraseña, 2018 (trad. Pepa Linares)
Páginas: 176
ISBN: 9788494547850
Precio: 16,00 €

Detrás del seudónimo Marquesa Colombi se encontraba Maria Antonietta Torriani (Novara, 1840 – Turín, 1920), una escritora y periodista que, al contrario de lo que puede sugerir su apodo, no era de alta alcurnia ni escribía historietas románticas sobre aristócratas. Estuvo, de hecho, comprometida con el feminismo, tanto en sus crónicas como en sus narraciones, que contienen una importante dimensión social bajo una aparente ligereza formal. En el arrozal (1878), publicado como un cuento de Navidad, tal como se estilaba en el siglo XIX, narra la peripecia de Nanna, una joven de familia humilde que sufre los estragos del campo en el norte de Italia. Nanna está en la edad de empezar a buscar marido, y en la zona donde vive prevalece la tradición de poner adornos de plata en el pelo de las muchachas casaderas. Sin embargo, sus padres han padecido pérdidas, por lo que no pueden comprarle la plata. Ella, lejos de desanimarse, se marcha a los arrozales para ganar un dinero extra, junto a otras chicas que tienen el mismo problema. Pero las condiciones de trabajo son duras, sobre todo para las jóvenes, y Nanna enferma. Con el tiempo, la enfermedad le deja unas secuelas que quiebran su percepción del mundo y sus esperanzas para el futuro. No vuelve a ser la misma.
Como en Un matrimonio de provincias (1885; Contraseña, 2010), su novela más conocida, la autora toma como protagonista a una chiquilla que se abre a la vida, enamoradiza, alegre, inocente, con la despreocupación propia de la juventud. En este caso, la joven pertenece a una extracción más pobre, conoce la aridez del entorno rural y comienza a curtirse en las tareas agrarias muy pronto. En este sentido, En el arrozal destaca por su denuncia de las exigencias del trabajo, los riesgos para la salud, la desprotección de los más vulnerables, la falta de oportunidades más allá del (demoledor) esfuerzo físico. Las chicas, en particular, estaban especialmente expuestas al rigor de la faena, porque su futuro no se entendía sin el matrimonio, y para conseguir un «buen partido» (para ser un «buen partido» ellas mismas) necesitaban dinero para costearse la plata y el ajuar. Algunas, como Nanna, habían estado protegidas por sus padres hasta entonces, de modo que no contaban con la devastación extrema que supondrían los arrozales. A esto se suma la ignorancia de la época en materia de medicina, con la aplicación de «remedios» basados en supersticiones que no curaban e incluso la agravaban la enfermedad; el caldo de cultivo para que las adolescentes perdieran de un plumazo toda su lozanía («Tenían dieciocho años, ¡pobres niñas!, y sus deterioradas desnudeces ya no despertaban deseos pecaminosos.», p. 56).
Con todo, sería inexacto limitar el valor del libro a la crítica social. La autora indaga asimismo (y ante todo) en el conflicto interior de la protagonista, el sueño truncado, el contraste entre sus ilusiones y la cruda realidad (más terrible que en Un matrimonio de provincias). Colombi escribe sobre la pérdida, no solo de la inocencia, sino de la jovialidad, la alegría de vivir el día a día; escribe sobre la transformación de una criatura cándida, bondadosa, coqueta, en una mujer huraña, recluida, deprimida; escribe sobre el impacto del trabajo en el cuerpo, en la mente, en su rol social y sus relaciones con los demás. La caracterización psicológica, como en su otra obra, resulta brillante, sabe ponerse en el lugar de una muchacha, con sus dudas, sus miedos, su deseo de gustar. En ambas novelas incide en la conciencia que ellas tienen de su imagen, la relevancia del aspecto a la hora de sentirse mejor consigo mismas a esa edad. No es frivolidad, sino parte fundamental del desarrollo. También pone de relieve la fortaleza del tejido familiar común a los países del sur de Europa: frente a la desgracia de Nanna, la familia se mantiene unida, la apoya en todo momento, no le permite caer, por mucho que el carácter avinagrado de la protagonista no siempre sea una compañía grata.
Marquesa Colombi
Desde el siglo XXI, a la novela se le puede objetar el desenlace, una moralina que sería inaceptable en una obra contemporánea, aunque por aquel entonces era lo habitual, más todavía al estar concebida como cuento navideño (expiación, amor, fraternidad). En cualquier caso, este final no anula sus puntos fuertes, que no son pocos y siguen teniendo interés para el lector actual. Se agradece, además, la fluidez del estilo, los capítulos breves, el buen humor que predomina en el tono pese a estar narrando una situación por momentos trágica. En la historia de la literatura se han menospreciado las novelas para el gran público, como estas de Marquesa Colombi. En contra del discurso impuesto, conviene reivindicar el mérito de comunicar estos «mensajes» –denuncia social, defensa de los derechos de las mujeres y, también, la representación en sí de sus inquietudes– a un amplio número de lectores, en forma de narración accesible y entretenida. La literatura como esparcimiento, sin renunciar a su capacidad para plantear una reflexión, para discutir lo que se da por sentado. Marquesa Colombi supo aprovechar sus recursos, y aún hoy hay que darle las gracias.

12 junio 2019

Lecturas temáticas: Orgullo LGTBI

Este mes se celebra el Día Internacional del Orgullo LGTBI y, como algunos me lo habéis pedido, he preparado una lista de lecturas sobre amores diversos. Hasta ahora me mantenía reacia a confeccionar este especial, no por desinterés, sino por temor a encasillar a los autores seleccionados. Los recomiendo, ante todo, porque me parecen libros de calidad, con múltiples capas; no quiero por nada del mundo reducirlos a «literatura gay» ni ninguna otra etiqueta similar. Son obras con un valor literario indudable que, además (siempre además), están protagonizadas por personajes con diferentes identidades sexuales. He elegido diez títulos de escritores contemporáneos, por su proximidad con el presente. Podrían haber sido más, podrían haber sido otros; pero os aseguro que los que son merecen mucho la pena.
  1. Escrito en el cuerpo, de Jeanette Winterson (Lumen). Narrador sin género específico, que mantiene relaciones tanto con hombres como con (sobre todo) mujeres. Erotismo, amor, poesía, abismo; literatura de alto voltaje. Una de las novelas más logradas de la autora, de quien también recomiendo Fruta prohibida, La pasión o La niña del faro.
  2. Amor libre, de Ali Smith (Gatopardo). En este libro de relatos se plasma la diversidad de la generación que fue joven en el último cuarto del siglo XX, como en un cuento sobre la primera vez de una chica con una prostituta. La autora ha escrito obras más ambiciosas, como la no traducida al castellano (pero sí al catalán) How to be both.
  3. Un mal secreto, de Ann-Marie MacDonald (Lumen). Novela con la maternidad como centro, protagonizada por una pareja de lesbianas. Contrapone a esta generación con la anterior, y es una de las pocas historias que he leído que aborda abiertamente las afecciones del sistema reproductor femenino. Una escritora por descubrir.
  4. La casa de los nombres, de Colm Tóibín (Lumen). Este gran escritor irlandés suele introducir personajes homosexuales en la mayoría de sus novelas. En esta, se trata de una reconstrucción del mito de Orestes, en el que la relación entre los jóvenes marca su despertar sexual. También es muy recomendable The Master, sobre Henry James.
  5. Los huéspedes de pago, de Sarah Waters (Anagrama). La autora es una especialista en narrar historias ambientadas en el siglo XIX o en la primera mitad del siglo XX dando protagonismo a quienes tuvieron que llevar sus pasiones en silencio, como las mujeres que protagonizan esta novela (en la que además hay mucha, mucha intriga).
  6. Tan poca vida, de Hanya Yanagihara (Lumen). Una obra de arte sobre las formas de amar del hombre, y el silencio, la amistad, la violencia, la paternidad. Dos protagonistas inolvidables, que desbordan la narración. Excesiva en su dolor, y sin embargo única. La amas o la odias, pero (y perdón por el tópico) «no deja indiferente».
  7. Ciudad en llamas, de Garth Risk Hallberg (Literatura Random House). Novela épica sobre la Nueva York del punk y los fuegos artificiales, protagonizada por una pareja conformada por un heredero descarriado y un joven negro con aspiraciones literarias. Un fresco de una época, con el foco puesto en lo underground y, en fin, lo diverso.
  8. La reina de las nieves, de Michael Cunningham (Lumen). En los libros de este autor aparecen personajes homosexuales, sin que sean el «conflicto». Están ahí, asumidos con naturalidad, como el protagonista de esta versión del cuento de Andersen en el siglo XXI, que, en medio de una Nueva York nevada, intenta superar una ruptura.
  9. Inercia, de Ariadna G. García (Baile del Sol). Una voz comprometida, no solo con la visibilidad LGTBI, sino con la justicia social, la educación, la ecología y todo tipo de desigualdades que se plantean, de forma directa o indirecta, en esta distopía literaria. A propósito, acaba de publicar otra novela, El año cero (Ménades).
  10. Tres maneras de inducir un coma, de Alba Carballal (Seix Barral). La propuesta más divertida, porque es necesario reírse de uno mismo, aunque vivamos en una sociedad donde aún anidan demasiados prejuicios. Uno de los personajes es una transexual de armas tomar que enreda al antihéroe, con mucho humor y mucha mala leche.
 ¿Qué os parecen los libros? ¿Cuáles añadiríais a la lista? ¡Espero vuestros comentarios!

10 junio 2019

Tres maneras de inducir un coma - Alba Carballal


Edición: Seix Barral, 2019
Páginas: 288
ISBN: 9788432234644
Precio: 18,00 € (e-book: 12,99 €)

Entre tanta autoficción, literatura panfletaria y lirismo afectado, descubrir a una escritora como Alba Carballal (Lugo, 1992), arquitecta de formación y discreta en las redes sociales, supone un soplo de aire fresco para la narrativa española (y en general). Las comparaciones hacen más mal que bien, pero no es descabellado ver en ella a una posible heredera de Eduardo Mendoza y Juan Marsé. Tiene ese mismo gusto por la narración pura, ese sentido del humor gamberro que tanto se echa de menos en la «generación precaria». Tres maneras de inducir un coma (2019), su ópera prima, escrita con la ayuda de una beca de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores, sigue las andanzas de un antihéroe de hoy, llamado Federico, un cuarentón sin oficio ni beneficio que vive con su madre, adicta a la televisión, en un barrio obrero de Madrid. Su fortuna da un giro cuando se cruza en su camino Natalia, una transexual despampanante que le hace un curioso encargo. Federico se mete en un buen lío.
La novela es un divertimento bien traído. Picaresca, comedia castiza (y a la vez refrescante), un registro mordaz y guasón. Y, también, un fondo social bajo la caricatura. Por un lado, los conflictos familiares: de Federico con su madre, la precariedad, la soledad de la anciana que se entretiene con la tele; de Natalia con su padre, un hombre rico, famoso y chapado a la antigua que reniega de ella, aunque le sobren los motivos para estar orgulloso (porque Natalia no solo se define por su identidad de género: es además ingeniera, y de armas tomar, y muy válida). La autora no cae en la autocompasión, como si dijera que sí, la discriminación existe, la pobreza existe, la sociedad está llena de problemas, pero ha escrito este libro para reírse de todo. Por otra parte, otro rasgo distintivo es cómo su voz se desenvuelve entre la alta y la baja cultura, desde los epígrafes a la historia misma, donde abundan las referencias culturales (literatura, música, cine, televisión, filosofía, etc.). En este sentido, refleja a la perfección ese corpus variopinto que define nuestra sociedad, y a nosotros, con personajes cultivados que tan pronto escuchan una canción pop como reflexionan sobre las ideas de Zygmunt Bauman.
En relación con esto último, la mirada de arquitecta resulta clave: cómo mueve al personaje por los barrios del Madrid actual, Chueca, Chamberí, Salamanca, Tetuán, el Museo del Prado, incluso un guiño a la librería Tipos Infames. La percepción urbanística del libro es formidable, y no se limita a actuar como escenario, sino que el espacio deviene un elemento significador del personaje, es decir, uno no se comporta igual en un bar de tapas que en un museo. Federico no se reúne con Natalia, la mujer transexual moderna, en los mismos sitios que con el padre de ella, el señor rancio y ricachón. Incluso un personaje secundario como Susana desempeña un rol distinto en función del lugar donde se halla. En la ciudad se condensan asimismo la cultura elevada y la cultura popular, el protagonista pasa de contemplar un cuadro en el Prado a ver un partido de fútbol en un bareto; Madrid como una ciudad «diversa», donde tienen cabida lo culto y lo ordinario, lo rico y lo pobre, lo fino y lo hortera, lo serio y lo burlesco, lo antiguo y lo nuevo. Todo se integra de maravilla en la voz de Alba Carballal, ya que su concepción de la literatura también es así, deudora de muchas y muy variadas influencias.
Con todo, tiene algunos puntos débiles. Cuando el protagonista está solo, la historia decae: tiende a caer en las digresiones y, ya se sabe, lo poco gusta y lo mucho cansa. Está muy bien esta amalgama de alta y baja cultura en la narración, pero el discurso intelectualoide se acaba haciendo pesado, le sobra relleno. En segundo lugar, los monólogos de esa voz amiga de Natalia (y, al final, de la madre de Federico) pecan de reiterativos. La autora maneja el tono coloquial; estupendo, pero, cuidado, porque abusa de ciertos giros del habla que hacen gracia en su justa medida. Cuando se insiste tanto, caen en el cliché, acartonan al personaje, y ella tiene capacidad para ir más allá del tópico. El libro funciona mucho mejor cuando la narración va al grano con el desarrollo de la trama, encuentros, diálogos, movimientos. La acción decae un poco a partir de la segunda parte, titubea y luego retoma el hilo.
Alba Carballal
En cualquier caso, como el debut que es, merece un aplauso. Alba Carballal posee ya una mirada propia y fresca, un cóctel explosivo entre la mejor tradición made in Spain y la deriva del siglo XXI, con mucho humor; no, con mucho cachondeo. Es fantástico leer a una autora que no se toma demasiado en serio a sí misma (sí su escritura, que es lo importante). Y esto es solo el principio. Ah, un último apunte: el libro, que no en vano se organiza en «secuencias» e incluye epígrafes como los del folletín decimonónico, tiene mucho potencial para adaptarse a la pantalla, con ese retrato tan vívido de Madrid. No costaría encontrar a actores para dar vida a Federico y a Natalia, dos personajes antagónicos que sin embargo comparten una identidad «con diferencia» (él, por su clase social; ella, por el género), siempre desde la comicidad. En definitiva, una primera novela notable y muy fácil de disfrutar. Ojalá sea el comienzo de una gran carrera.

07 junio 2019

El sueño de una cosa - Pier Paolo Pasolini


Edición: Mardulce, 2019 (trad. Guillermo Piro)
Páginas: 215
ISBN: 9788494686573
Precio: 12,00 €

Narrador, poeta, ensayista, director de cine, dramaturgo. Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922 – Ostia, 1975) está considerado, con justicia, uno de los referentes de la intelectualidad italiana del siglo XX. Y, quizá precisamente por la amplitud de su obra, aún quedan textos suyos por descubrir con la debida atención, como El sueño de una cosa, la primera novela que escribió, en 1950, aunque no vio la luz hasta 1962, cuando ya contaba con varios libros publicados. Se trata de una ópera prima que esboza los temas en los que profundizó a lo largo de su carrera, como la clase obrera, la juventud, la amistad entre hombres o las penurias de la posguerra. Tiene, además, la cualidad de la inmediatez: sitúa la acción entre 1948 y 1949, en una Italia campesina castigada por la Segunda Guerra Mundial. Desde el principio, por lo tanto, Pasolini manifestó su compromiso político a través de la expresión artística; una voluntad de conjugar la narración con el análisis social que alcanzaría su cima en títulos como Chavales del arroyo (1955).
«Todos tenían muchos pensamientos en el corazón y poco dinero en los bolsillos» (p. 25). El sueño de una cosa sigue las andanzas de Nini, Milio y Eligio, tres chicos de la provincia de Udine que intentan abrirse camino en un país devastado por la contienda. La novela empieza con una fiesta popular, donde los muchachos se conocen. La celebración parece simbolizar las esperanzas de esta generación que todavía no ha cumplido los veinte años: la guerra ha quedado atrás, son jóvenes y rebosan energía; tal vez la vida les depare grandes éxitos. Sin embargo, Italia se encuentra sumida en graves problemas económicos, los hombres no encuentran empleo y los chicos deciden marcharse al extranjero en busca de oportunidades. Dos de ellos viajan a Yugoslavia, donde sufren el hambre, la miseria absoluta. El tercero se decanta por Suiza, donde vive su singular periplo y, además, un desamor. Desengañados, los tres regresan a casa. No hay trabajo ni en las fábricas ni en el campo, pero la gente comienza a organizarse para presionar a los propietarios. En medio del desasosiego, no faltan las ganas de vivir de la juventud: las mujeres, la camaradería, la diversión, las idas y venidas; esas pequeñas alegrías que, por fortuna, no se pierden del todo ni en estas circunstancias.
El libro puede leerse, para empezar, como una novela de aprendizaje: la pérdida de inocencia de unos muchachos desalentados por las condiciones socioeconómicas, el paso de la ilusión inicial a la desesperación y el dolor, primero en su experiencia en el extranjero, luego en su propia tierra. Les esperan suertes distintas a los tres personajes, pero ninguno escapa del malestar, de la renuncia en sus múltiples encarnaciones («Pero esos eran los días de la esperanza: la guerra ya parecía lejana y para la juventud comenzaba la vida», p. 35). Puede leerse, en segundo lugar, como una crónica de los estragos de la posguerra entre la clase trabajadora, en ese entorno rural áspero, violento, arraigado a sus costumbres, que recuerda a la literatura de los sureños norteamericanos. Es, en este sentido, una novela cargada de crítica social, que pretende promover la conciencia obrera, la lucha por los derechos del proletariado, difundir los abusos que padeció esta generación. El autor da voz a ese pueblo, con un estilo sencillo, coloquial, salpicado de dialecto, en una narración donde los personajes se reúnen para cantar tonadillas populares de la época. Capta ese «espíritu» neorrealista.
Pier Paolo Pasolini
Al leerlo es inevitable acordarse de su coetáneo Cesare Pavese, que asimismo cultivó una narrativa ligada al estrato social humilde, con las pandillas, la rusticidad del campo y las relaciones de amor, con unos personajes masculinos huraños que tratan de manera un tanto brusca a las mujeres. Si Pavese sobresale como narrador, Pasolini tiene más marcada la perspectiva antropológica, la mirada analítica, aunque la historia (basada en hechos reales) se disfrace de ficción. Esta dimensión social, con todo, no está reñida con la sensibilidad en el tratamiento de las relaciones entre los jóvenes, con la poesía de algunas imágenes, sobre todo en la recta final, catártica. Incluso en un ambiente tan árido, tiene cabida la emoción de un simple gesto, de una mirada, gracias a la fuerza evocadora de Pasolini. He aquí una ópera prima notable, que aún tiene mucho que decir a los lectores. Gracias a Mardulce por publicarla por primera vez en España.

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