11 abril 2010

Fragmentos de libros V.

El nombre del viento, de Patrick Rothfuss (Primera parte)


- ¿Puedo hacerte una pregunta, Reshi?

Kote sonrió con amabilidad.

- Por supuesto, Bast.

- ¿Una pregunta molesta?

- Esas suelen ser las únicas que merecen la pena.



- Tengo tendencia a pensar demasiado, Bast. Mis mayores éxitos fueron producto de decisiones que tomé cuando dejé de pensar e hice sencillamente lo que me parecía correcto. Aunque no hubiera ninguna buena explicación para lo que había hecho. […] Aunque hubiera muy buenas razones para que no hiciese lo que hice.



Viajé, amé, perdí, confié y me traicionaron.



Si te parece que me voy por las ramas, si te parece que divago, recuerda que las historias reales pocas veces toman el camino más recto.



El día que empezamos a preocuparnos por el futuro es el día que dejamos atrás nuestra infancia.



- Un poeta es un músico que no sabe cantar. Las palabras tienen que encontrar la mente de un hombre si pretenden llegar a su corazón, y la mente de algunos hombres es lamentablemente pequeña. La música llega al corazón por pequeña o acérrima que sea la mente de quien la escucha.



- El poder y la estupidez juntos son peligrosos.



Mis padres bailaron juntos; mi madre con la cabeza apoyada en el pecho de mi padre. Ambos tenían los ojos cerrados y parecían perfectamente satisfechos. Si encuentras una persona así, alguien a quien puedas abrazar y con la que puedas cerrar los ojos a todo lo demás, puedes considerarte muy afortunado. Aunque sólo dure un minuto, o un día. Después de tantos años, esa imagen de mis padres meciéndose suavemente al son de la música es, para mí, la imagen del amor.



Quizá la mayor facultad que posee nuestra mente sea la capacidad para sobrellevar el dolor. El pensamiento clásico nos enseña las cuatro puertas de la mente, por las que cada uno pasa según sus necesidades.


La primera es la puerta del sueño. El sueño nos ofrece un refugio del mundo y de todo su dolor. El sueño marca el paso del tiempo y nos proporciona distancia de las cosas que nos han hecho daño. Cuando una persona resulta herida, suele perder el conocimiento. Y cuando alguien recibe una noticia traumática, suele desvanecerse o desmayarse. Así es como la mente se protege del dolor: pasando por la primera puerta.


La segunda es la puerta del olvido. Algunas heridas son demasiado profundas para curarse, o para curarse deprisa. Además, muchos recuerdos son dolorosos, y no hay curación posible. El dicho de que “el tiempo lo cura todo” es falso. El tiempo cura la mayoría de las heridas. El resto están escondidas detrás de esa puerta.


La tercera es la puerta de la locura. A veces, la mente recibe un golpe tan brutal que se esconde en la demencia. Puede parecer que eso no sea beneficioso, pero lo es. A veces, la realidad es sólo dolor, y para huir de ese dolor, la mente tiene que abandonar la realidad.


La última puerta es la de la muerte. El último recurso. Después de morir, nada puede hacernos daño, o eso nos han enseñado.



¿Qué se puede esperar de la gente si tiene que convivir con los demonios?



Sólo sé una historia. Pero muchas veces, los pequeños fragmentos parecen historias independientes.



No hay ninguna buena historia que no contenga nada de verdad.



El orgullo herido puede alentar a un hombre a hacer cosas maravillosas.



Hagas lo que hagas en la vida, tu ingenio te defenderá más a menudo que una espada. ¡Cultívalo!




Entregas anteriores:


Fragmentos de libros I

Fragmentos de libros II

Fragmentos de libros III

Fragmentos de libros IV


1 comentario :

  1. Tengo el libro pendiente. Has elegido un fragmento muy bonito.
    Besos

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