31 diciembre 2011

Mejores lecturas 2011

Puesto que los libros pertenecen a géneros muy dispares, no sería justo hacer un ranking, de modo que la lista sigue un orden alfabético según el apellido del autor. Clicad en las cubiertas para acceder a mis reseñas. Si queréis conocer de forma más detallada mi año lector, os remito a mis balances de literatura fantástica, histórica, realista y sentimental.

¡Feliz 2012 y felices lecturas!

30 diciembre 2011

Mi 2011 en libros: sentimientos e intimismo

La última parte de mi balance anual se centra en aquellas obras que yo llamo sentimentales (porque tienen a los sentimientos como protagonistas, no necesariamente relativos al amor de pareja) o intimistas (cuando nos dan una visión íntima e introspectiva del personaje). No hay que confundirlas con las románticas, pues este otro género no suelo tocarlo y los títulos que citaré se encuentran en la sección de narrativa.

La novela más destacada aquí es La mujer del viajero en el tiempo (Audrey Niffenegger), que además se trata de una de mis primeras lecturas de 2011 (tuve un arranque del año inmejorable). Al ser tan popular, prácticamente no requiere presentación: Henry viaja en el tiempo y el libro narra cómo puede mantener una relación con Clare con este gran impedimento. Os aseguro que el argumento da más de sí de lo que parece y, lejos de caer en lo idealizado, la autora ha plasmado perfectamente los problemas que esta peculiaridad conlleva.

También disfruté mucho de Contra el viento del norte y su continuación, Cada siete olas (Daniel Glattauer), dos novelas que triunfaron en 2010. La primera me pareció una forma muy fresca y realista de afrontar el tema amoroso, mientras que la segunda la taché de segunda parte escrita para contentar a los lectores. En cualquier caso, la pareja formada por Emmi y Leo me hizo pasar buenos momentos.

Por otro lado, este año he tenido la suerte de leer de nuevo a la gran Irène Némirovsky, cuya prosa elegante y precisa no dejo de admirar. En esta ocasión cayó Los perros y los lobos, un libro que hace hincapié en las diferencias entre clases sociales y las pasiones que a veces surgen entre ricos y pobres. Aunque no le di un sobresaliente, me dejó muy buen sabor de boca y os lo recomiendo a todos.

Entre las novelas intimistas, he disfrutado de dos tan breves que casi se pueden considerar relatos largos: Las risas de mi hermano (Anne Icart), que nos acerca a la perspectiva de la hermana de un chico que tiene una discapacidad psíquica, y Vuelo errático de mariposa (T. H. Merino), sobre una mujer que pasa por una época de cambios y lo analiza todo con su espíritu crítico.

Finalmente, solo me falta comentar dos libros que recibieron un aprobado justito, aunque entre ellos son muy distintos: La mujer de papel (Guillaume Musso), la divertida historia de un escritor al que se le aparece uno de sus personajes ¡en carne y hueso!, y Esperando el monzón (Threes Anna), una historia situada en la exótica India -y que también podría haber estado en mi balance de novela histórica- con un romance muy... peculiar.

En definitiva, el año no ha estado mal. La autora a la que tengo más ganas de saborear de nuevo es Irène Némirovsky (estoy haciendo trampa, porque ya tengo otro libro suyo preparado). Curiosamente, no sé si volvería a leer a los que más me han gustado, esto es, Audrey Niffenegger y Daniel Glattauer. No es que me parezcan malos escritores, ni mucho menos, sino que pienso que su éxito fue porque tuvieron una idea maravillosa y supieron plasmarla sobre el papel. Sin embargo, en mi opinión las genialidades rara vez se repiten.

Muchas gracias a los que leéis estos resúmenes, espero que os hayan dado alguna idea para regalar o para leer vosotros mismos. Mañana terminaré el especial con mi lista de favoritos.

29 diciembre 2011

Mi 2011 en libros: realismo

Después de hacer mis balances de literatura fantástica e histórica, hoy me centraré en las novelas realistas a las que he dedicado mi tiempo a lo largo de este 2011. Quienes me conocen saben que este es mi género favorito (lo que no quita que disfrute también de otros), así que casi todos los años hago algún descubrimiento interesante. Este no ha sido una excepción: nada menos que cuatro lecturas de este tipo se han llevado un sobresaliente (y en estos doce meses solo he dado nueve), dos juveniles y dos adultas, aunque a mí esta catalogación me resulta indiferente.

La primera sorpresa llegó con Luna (Julie Anne Peters), una joyita que, además de tener valor como libro en sí, trata un tema poco frecuente en la literatura: la transexualidad. A través de la perspectiva de la hermana de una chica que nació en un cuerpo masculino, la autora nos adentra en una historia en la que el mensaje principal es la importancia de sentirse realizado como persona, una idea con la que cualquiera puede empatizar. Además, no cae en el dramatismo y habla de Liam-Luna con mucho tacto. ¿Lo malo? No se ha traducido al castellano.

La segunda delicia realista que he encontrado es La nevada del cucut (Blanca Busquets), una magnífica obra que mezcla dos tramas, una en presente y otra en pasado, en las que las protagonistas tienen en común su amor por la escritura. Algunos de los temas estrella son la soledad y la vida en los pueblos pequeños, sin olvidarnos de la lucha de la mujer a principios del siglo XX. Por otro lado, la prosa es elegante y cuidada, Blanca Busquets ha sido un gran descubrimiento para mí. De momento solo está disponible en catalán, pero en marzo se publicará en castellano.

Otra novela que me ha seducido por completo es Jellicoe Road (Melina Marchetta), que a partir de unas guerras territoriales nos adentra en la dura y compleja búsqueda de la madre de la narradora, una adolescente de carácter difícil. Esta escritora cuida todos los detalles, la caracterización de los personajes es sublime y su estilo contiene fragmentos llenos de poesía. Pronto se traducirá al castellano su trilogía fantástica Crónicas de Lumatere, así que esperemos que se animen a hacernos llegar su vertiente realista.

Finalmente, mi último hallazgo ha sido La edad de la ira (Fernando J. López), un libro que empecé sin esperar demasiado y que me ha sorprendido gratamente. A grandes rasgos, se trata de un retrato de la educación secundaria en España, que toma como punto de partida un suceso trágico y la posterior investigación en el centro de estudios. Me pareció una novela atrevida, en el sentido de que rompe con los tópicos propios de este ambiente. Desde que la terminé no he parado de recomendarla.

Bien, estos han sido los cuatro sobresalientes, pero en mi balance aún hay más: El club de los viernes (Kate Jacobs), la historia entrañable de un grupo de mujeres que se reúnen para tejer; Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea (Annabel Pitcher), la inocente perspectiva de un niño que intenta reconstruir su familia después de que su hermana muriera en un atentado; Antes de despedirnos (Gabriella Ambrosio), un relato basado en un atentado terrorista del conflicto israelí-palestino; El silencio de las palabras (Jean Kwok), la duras circunstancias de una niña china en el Brooklyn de los ochenta; y Las crónicas de la señorita Hempel (Sarah Shun-lien Bynum), el magnífico retrato de una mujer en el paso de la juventud a la madurez.

Por último, quiero mencionar un libro que no es exactamente realista pero tampoco se encuadra en los otros género (pertenecería a un género raro), de modo que he decidido incluirlo aquí: Nada (Janne Teller), una historia contada a modo de cuento, original y transgresora (aunque también rodeada de mucha polémica).

En definitiva, un gran año en lo relativo a literatura realista. Me quedo con las cuatro primeras novelas, pero de todas formas quiero destacar que casi todas las demás tienen un nivel de notable, así que no me puedo quejar. Espero que estos resúmenes os sirvan para tomar nota de algunas recomendaciones y que me contéis qué os parecen si finalmente os animáis a leer alguna. Mañana terminaré el balance con las obras intimistas-sentimentales.

28 diciembre 2011

Mi 2011 en libros: novela histórica

Sigo con mi balance literario del año, esta vez con la literatura histórica, un género que siempre me da muchas satisfacciones. Antes de nada, como con esto de las clasificaciones voy bastante a mi aire, aclaro que varios de los libros que citaré se venden en la sección de narrativa, no en la de histórica. Yo los incluyo aquí porque están ambientados en épocas anteriores a los años sesenta del siglo XX, aproximadamente, y con el término realista (que sería el siguiente escalón) me refiero a historias que podrían darse en la actualidad.

Aun así, voy a dividir estas obras entre historia contemporánea e historia anterior. En el segundo grupo, la novela que más me ha llegado es Juana la reina, loca de amor (Yolanda Scheuber), una biografía novelada de Juana I de Castilla, la Loca. No es un libro fácil de leer, está repleto de detalles y tiene una prosa densa; no obstante, la autora ha sabido plasmar un magnífico enfoque del personaje, que reúne credibilidad histórica y los sentimientos que solo inspira la mejor literatura.

En cambio, con otro libro de esta escritora me ha ocurrido todo lo contrario: Catalina de Habsburgo, reina de Portugal, sobre la hija pequeña de Juana I de Castilla. Creo que está mal planteado, la narración carece de chispa y, en fin, tiene muchos fallos que comento más detalladamente en la reseña.

Por otro lado, una de las autoras a las que más he leído este año es la prolífica Toti Martínez de Lezea, que de nuevo me ha gustado sin encantarme: La cadena rota, una bonita historia sobre los tiempos previos a la Revolución francesa en la zona de la frontera con España; El jardín de la oca, un recorrido aburrido y tedioso por el Camino de Santiago; y La brecha, sobre la quema de San Sebastián, que no está mal pero podría haber estado mejor. Creo que en 2012 me voy a tomar un descanso de Toti.

Hablemos ahora de Christiane Gohl, una de las revelaciones de 2011 en España, aunque seguro que a todos os sonará más por el seudónimo de Sarah Lark, con el que firma su exitoso En el país de la nube blanca, una saga familiar de alto contenido romántico que se sitúa en la Nueva Zelanda del siglo XIX. Al contrario que a la mayoría, no me parece ninguna maravilla (aunque es muy entretenido, eso sí) y creo que su bajón a medida que avanza es evidente. De esta misma autora también he leído La doctora de Maguncia, firmado como Ricarda Jordan, con el que ocurre tres cuartos de lo mismo: empieza muy bien, pero la recta final es de las peores que recuerdo.

Cambiando de tercio, de las novelas ambientadas en el siglo XX destaco El puente invisible (Julie Orringer), la historia real de los abuelos de la autora, que primero vivieron una bonita historia de amor en el París de los años treinta y luego tuvieron que afrontar las terribles circunstancias de la guerra. Sé que se han escrito muchos libros sobre este tema, pero este consiguió llegarme y, además, se centra en los campos de trabajo nazis y no en los de concentración, lo que le aporta un ingrediente diferente.

También tengo que mencionar cuatro sagas familiares, muy distintas entre ellas, pero cada una con su punto de interés: Habitaciones cerradas (Care Santos), la Barcelona modernista con un artista de carácter difícil como eje principal; Lo que sé de Vera Candida (Véronique Ovaldé), un relato delicioso que recuerda al realismo mágico hispanoamericano; Un secreto bien guardado (Maureen Lee), la entrañable historia de una madre y una hija en el Liverpool de mediados del siglo XX; y Un dulce par de senos (Giuseppina Torregrossa), aderezada con los postres de la gastronomía siciliana (este último es el que me dejó más fría).

En definitiva, en este resumen hay libros buenos y normalitos, no ha sido un género en el que me haya llevado muchas decepciones. En 2012 pienso seguir con lecturas de este estilo, así que espero que mi racha se mantenga y me lleve a descubrir joyas como Juana la reina, loca de amor o El puente invisible.

27 diciembre 2011

Mi 2011 en libros: fantasía y ciencia ficción

Empiezo mi balance literario de este año, en el que haré un resumen de los libros que he leído, con breves apuntes sobre lo que me parecieron. Al igual que hice en 2010, lo voy a dividir por géneros para que las entradas sean más cortas y amenas. No voy a citar todas las novelas que he leído, pero no os preocupéis: las mejores no faltarán.

Hoy me centraré en la literatura fantástica y de ciencia ficción que, como me ocurrió el año pasado, vuelve a ser casi toda juvenil. En este ámbito, destaco una saga, Vampire Academy (Richelle Mead), de la que he leído los dos últimos tomos, Spirit bound y Last sacrifice. Esta autora tiene un estilo fresco y adictivo, sabe cómo crear misterio del bueno sin descuidar la psicología de los personajes ni ningún detalle importante. A esta lista hay que añadir Bloodlines, primer libro del spin-off de la serie, del que os puedo adelantar que no me ha defraudado.

La otra gran lectura fantástica (en los dos sentidos) de este año ha sido Hermoso caos (Kami Garcia y Margaret Stohl), tercera parte de Hermosas criaturas, una novela que ya me sedujo por completo en sus inicios. El mundo recreado contiene grandes dosis de intriga y, además, en este volumen en concreto todo se vuelve más humano y cercano, como me gusta a mí. ¡Estoy deseando que salga el cuarto!

Por otro lado, entre las lecturas de notable hay unos cuantos títulos que merece la pena apuntar: Unwind (Neal Shusterman), ciencia ficción distópica en la que los adolescentes pueden ser despedazados si no cumplen con lo que se espera de ellos; Everlost (Neal Shusterman), la vida de un grupo de niños después de morir, como un cuento de hadas moderno; Gata blanca (Holly Black), fantasía urbana mezclada con temas de la mafia, muy original; Sueña (Lisa McMann), una historia preciosa que mezcla el realismo con la habilidad de visitar sueños ajenos; y finalmente El corredor del laberinto (James Dashner), unos adolescentes encerrados y sin memoria.

No penséis que solo he leído a autores extranjeros. Este año he descubierto a varios escritores de nuestra tierra que tienen mucho que aportar a nuestro mercado, como por ejemplo la maravillosa prosa de Susana Eevee (Dos coronas), las ideas originales de Fernando Alcalá (Ne obliviscaris) y el universo trabajado y con enjundia de Carmen Fernández Villalba (Luzazul). ¡Quiero más libros vuestros!

Pero no todo han sido alegrías, claro. Entre los libros que me han dejado fría, puedo citar Predestinados (Josephine Angelini), Finnikin of the Rock (Melina Marchetta) -a pesar de que su prosa es excelente y tiene aspectos que merecen la pena- y Zafiro (Kerstin Gier), aunque la última parte de este último, Esmeralda, mejora considerablemente. Los que no salvo de la quema son Bajo la hiedra (Elspeth Cooper), Crescendo (Becca Fitzpatrick) y Mi chica fantasma (Tamsyn Murray), decepciones totales. El temor de un hombre sabio (Patrick Rothfuss) lo dejo en un término medio: me parece peor que El nombre del viento, pero aun así conserva ingredientes excepcionales.

En general, creo que ha tenido un buen año en este ámbito. He afinado más el criterio y gracias a eso me he alejado de novelas cortadas por el mismo patrón, aunque siempre haya algún que otro chasco. En materia de escritores, los grandes descubrimientos han sido Neal Shusterman y Melina Marchetta, además de los españoles ya citados (a Richelle Mead y el dúo Kami Garcia & Margaret Stohl ya las probé el año pasado). Espero que el 2012 siga por este camino.

Eso es todo por ahora. Seguiré mañana con la novela histórica.

26 diciembre 2011

La edad de la ira - Fernando J. López

Editorial: Espasa
Páginas: 320
ISBN: 9788467033687
Precio: 19,90 €

En estos momentos tendría que empezar mi balance de lecturas de 2011, pero la novela que os comento hoy será una de las que incluya en el ranking y no podía quedarse fuera, así que he decidido esperar un día y darla a conocer en condiciones: La edad de la ira es, para mí, una de las grandes sorpresas de este año. Me acerqué al libro casi por casualidad: su trama me resultaba atractiva, pero no hasta el punto de desear leerlo sí o sí, de modo que durante unos meses quedó un poco olvidado (aunque las referencias que tenía de él eran muy positivas, todo hay que decirlo). Hace unas semanas al fin cayó en mis manos y pude darle una oportunidad, de la que no me arrepiento en absoluto.

La educación secundaria en la literatura: ¿un tema complicado?

Más allá del argumento evidente, La edad de la ira posee un enorme valor porque hace un magnífico retrato de los centros de secundaria españoles. Esto me ha llevado a hacer la siguiente reflexión: pocas veces los institutos se plasman de forma realista en la literatura, al menos del modo en el que los vemos en España, puesto que escenas de colegio americano con sus tópicos nunca faltan. Tanto en las obras literarias como en, por ejemplo, las series de televisión, tengo la sensación de que se tiende a idealizar demasiado este entorno: el alumno acosado al final se integra y hace buenas migas con sus acosadores, todos los profesores resultan simpáticos después de un tiempo, docentes y estudiantes tienen tiempo y ganas para preparar buenas iniciativas…

Claro está, en esta percepción también influye la manera en la que cada uno haya vivido esa etapa. Yo cursé la ESO y el bachillerato y desde luego no me identifico con ese buenrollismo, lo que no quita que esas novelas y series puedan tener valor por otras razones (no todo es la ambientación ni la credibilidad, aunque a La edad de la ira le dan un gran plus). De todos modos, de una cuestión sí estoy plenamente convencida: hay muchos prejuicios hacia el tema, tanto en lo relativo a los chicos (que si generación botellón, que si falta la mili…) como a los profesores (que si son demasiado blandos, que si han suspendido a mi niño…). Por mi parte, ni creo que todos los jóvenes sean unos despreocupados (a veces lo que hace falta es capacidad para despertar su interés) ni pienso que los docentes sean peores que los de hace unas décadas (de hecho, siento una gran admiración por quienes se atreven a enfrentarse a una clase de alumnos con las hormonas revolucionadas).

Así pues, dejando a un lado la literatura juvenil, muchas veces me he alejado de libros ambientados en un instituto porque no me gustaba lo que encontraba. Y hasta me ponía de mal humor, ya que en cierto modo era como si los autores no se atrevieran a plasmar la verdad o tuvieran una visión distorsionada de la misma. Vuelvo a decir que comprendo que cada uno vea el asunto de una manera, pero digamos que, en pleno siglo XXI, determinados planteamientos resultan un poco caducos en comparación con lo que hay ahí fuera. Quizá por eso la mejor manera de abordar el tema es en manos de alguien que camina por los pasillos de un colegio todos los días y tiene la suficiente madurez para hacer un retrato fiel, esto es, un profesor.

Fernando J. López

Fernando J. López (1977) es ese profesor del que os hablaba. Vive en Madrid, es licenciado en Filología Hispánica, ha trabajado para diversas editoriales de renombre y en la actualidad compagina la enseñanza en un centro de secundaria con la escritura. Hasta el momento ha publicado tres novelas: In(h)armónicos (2000), Premio Joven y Brillante; La inmortalidad del cangrejo, Premio Río Manzanares de Novela y Premio Ciudad de Badajoz; finalmente, La edad de la ira (2011), tercera finalista del Premio Nadal 2010. Pese a ser un autor desconocido para el gran público, esta larga lista de galardones avalan que su prosa no está nada mal. Por otro lado, Fernando J. López también lleva una compañía de teatro, en la que ha representado varias de las más de veinte obras que ha escrito. Finalmente, lo podéis encontrar en la red en la bitácora Eso de la ESO, donde cuenta sus vicisitudes como docente.

Sinopsis

Marcos Álvarez es un adolescente de dieciséis años que acaba de matar a su padre con una máquina de escribir, además de herir gravemente a uno de sus hermanos. Un periodista, Santi, siente un gran impacto al leer la noticia: no conocía de nada al chaval, pero no comprende cómo se puede llegar a ese extremo y decide investigar para intentar reconstruir los días previos a ese fatal desenlace. Como el resto de la familia de Marcos se cierra en banda, no le queda otra que acudir al instituto, donde todos, profesores y alumnos, están consternados por la noticia. Sabían que el chico tenía problemas con su padre; no obstante, nunca se mostró violento y les cuesta creer que haya sido capaz de hacer algo así. A través de los testimonios de varios profesores y las charlas con alumnos, Santi tratará de averiguar si todo ocurrió como dicen los medios.

Comentario personal

El libro podrá gustar o no gustar, pero creo que todos estamos de acuerdo en que trata un tema atrevido, mezcla de thriller, crítica y, sobre todo, realismo (del que me gusta, del que no cae en los extremos y abarca una escala de grises, del que no olvida los terrenos pantanosos, en otras palabras, realismo del de verdad). No hay que asustarse por la palabra «asesinato»: quienes me leéis desde hace tiempo sabéis que no soy amante de la novela negra, de modo que podéis deducir que aquí el suceso no es más que el punto de partida; el texto no se regodea en la violencia y enseguida nos traslada a la vida en las aulas, el otro tema estrella de la obra.

Fernando J. López me parece valiente por abordar un asunto como este: intentar hallar las causas de un suceso terrible, sin quedarse solamente en la superficie que transmiten los medios. Es increíble la cantidad de noticias similares que leemos en la prensa y, sin embargo, ¿cuántas veces nos interesamos por conocer el trasfondo, las motivaciones del agresor? No, lo habitual es quedarse en el simple «La gente está loca» y cruzar los dedos para que nunca nos pase a nosotros. Ojo, el autor en ningún momento pretende justificar los hechos, sino simplemente conocer, encontrar razones, descubrir si en su día a día se podía entrever algo. A mí me parece un planteamiento interesantísimo.

La investigación se lleva a cabo de una forma que da bastante juego: el periodista no entrevista a los profesores, sino que estos le pasan unos escritos en los que cada uno le explica lo que considera relevante para el caso, sin obviar su situación personal para poder entender mejor su actitud. No hay nada evidente, la gracia está en fijarse en los detalles, intentar relacionar la historia de uno y de otro y empezar a hacer cábalas sobre lo que pudo ocurrirle a Marcos. Porque a él también lo conocemos bien, claro: el chico popular, idolatrado por sus compañeros y simpático con los profesores; nunca bruto, nunca cruel, aunque había varias muestras de la mala relación con su padre.

Con quienes sí habla el periodista son los compañeros de clase: unos defienden a su amigo, otros pierden la lealtad, y juntos conforman un retrato estupendo de la adolescencia española actual: emplean el lenguaje propio de ellos, hay grupos de chonismo y otros más sibaritas a los que les gusta el cine antiguo, algunos tienen blog, no falta el estudiante acosado… En definitiva, variedad y realismo, no se cae en el error de tacharlos a todos de vagos ni tampoco de convertirlos en las almas cándidas que no son (en esto último también me llevo muchas sorpresas en mi vida blogueril, al ver que algunos padres se escandalizan por lo que leen sus hijos cuando la calle está repleta de situaciones peores). Además, a veces también aparecen sus progenitores, lo que ayuda bastante a hacerse una idea más completa de cómo son.

Además de plasmar perfectamente a los chavales, la investigación también nos presenta una visión sublime y crítica del sistema educativo. Crítica, sí, porque aunque el autor sea profesor no ha barrido para casa y ha intentado reflejar a unos docentes creíbles, que se aburren cuando tienen que dar ciertas lecciones y no siempre poseen la vocación que se espera (aunque eso no les quita competencia). Es decir, personas normales y corrientes, por mucho que a ellos les toque lidiar con la atenta mirada de los padres. En la historia también se ve cómo en ocasiones les gustaría impulsar determinadas actividades y no pueden por falta de apoyo o de recursos.

Lo mejor de todo es la cercanía de esta representación, porque el IES Rubén Darío es un centro de Madrid, de España, un instituto de clase media como el que hay en tu barrio o en el mío. Sin bailes de final de curso, sin clases de educación física en las que se ofrecen mil deportes distintos, sin animadoras, sin Kellys ni Michaels (y con Meris, Adrianes y Ahmeds), con botellón, móviles con cámara y mala educación (a veces). Un fiel reflejo de nuestro sistema educativo, de nuestros chicos, de nuestros profesores. Quizá las mentes más conservadoras se escandalizarán ante algunos temas (el libro no se limita a la trama de Marcos, sino que también entra en otras esferas, como la homosexualidad y el racismo), pero yo creo que no se puede pedir más y tenemos que sentirnos afortunados por poder disfrutar de una reproducción tan brillante como esta.

No lo he dicho expresamente; aun así, creo que se sobreentiende que con tanta profundidad y tanto realismo (espero que esta palabra os quede grabada a fuego después de leerme) los personajes están muy bien trazados y se les llega a conocer a fondo. Es curioso, pero al que menos conocemos es al narrador, Santi, que apenas deja caer unas migajas de sí mismo cuando trata temas con los que se identifica. Por otro lado, el único defecto que puedo verle al libro reside en el hecho de que a menudo los relatos de los profesores se alargan tanto en su vida personal que parece que el hilo principal se desvía, aunque de todos modos comprendo que estos fragmentos eran necesarios para conocerlos a fondo (y no me aburrieron en absoluto).

En lo relativo al estilo, Fernando J. López tiene una prosa directa, amena, con lenguaje asequible y cuidado. Cuando conviene, plasma perfectamente la voz de los adolescentes, lo que por desgracia no ocurre a menudo (las novelas en las que todos los personajes se expresan igual abundan demasiado, ay…). La corrección, teniendo en cuenta lo que se ve por ahí, también está genial. Y qué decir del ritmo: con ese misterio y el perfecto entramado de las pistas, el libro no se puede soltar (aunque tampoco es un thriller a lo Dan Brown, entre otras cosas porque ahonda mucho en todos los aspectos).

En definitiva, La edad de la ira me ha cautivado de principio a fin y tiene algo que muy pocas novelas consiguen: me hizo pensar en su historia cuando no estaba leyendo e incluso después de terminarla estuve unos días dándole vueltas. Se puede decir que me obsesionó, y no solo por la trama de Marcos (que, a todo esto, se resuelve de una forma muy coherente), sino por todo, cualquier detalle me maravillaba por su contenido crítico y su acierto. Lo considero imprescindible para profesores de secundaria y para cualquier persona interesada en este mundo, y por qué no, para cualquiera que quiera disfrutar de una buena novela, a secas. Teniendo en cuenta que está escrito por un profesor, credibilidad no le falta y nunca está de más conocer mejor esta parte de nuestra sociedad, sobre todo si se hace de una forma tan amena y adictiva como aquí.

Conclusión

Sin lugar a dudas, merece la pena leer La edad de la ira. Con un planteamiento atrevido y, en cierto modo, transgresor, el autor nos adentra en las entrañas de los centros de secundaria españoles, sin olvidarse de lo bueno ni de lo malo que hay en ellos. Probablemente muchos temas no serán aptos para personas tradicionales; no obstante, el realismo y el valor que tiene para lanzar su crítica me parecen sus mayores atractivos. Además, lo narra todo de una manera clara y con gancho, es un libro muy cuidado en todos los aspectos. Leedlo, no os arrepentiréis.



Mi valoración: 9/10

21 diciembre 2011

La polémica de la semana: Lucía Etxebarria y las descargas ilegales

El pasado domingo Lucía Etxebarria soltó una bomba en Facebook: dado que el número de descargas ilegales de su última novela es superior al de ejemplares vendidos, ha decidido aparcar la escritura por una temporada. Entre los cientos de comentarios que recibió ha habido opiniones de todo tipo, desde los que la apoyan a los que sugieren que cualquier obra de arte debería ser gratuita. Los medios también se han echo eco de la noticia y algunos escritores se han posicionado en su contra, como Juan Gómez Jurado, que enlazó este texto desde su Twitter.

Dejando a un lado a Lucía Etxeberria y sus intenciones, se ha generado un debate de lo más interesante. ¿Es ético descargar una novela gratis? ¿El mercado editorial acabará como el de la música? Lo que está claro, desde mi punto de vista, es que estamos ante el fin de una era: el lector digital ha venido para quedarse y las editoriales tendrán que ponerse las pilas si no quieren perder el tren.

Por mi parte, en líneas generales apoyo a la autora: cuando adquirimos un producto, lo justo es pagarlo para que las personas que han participado en su elaboración puedan cobrar por su trabajo, ¿o acaso estaríais dispuestos a tener un empleo por el que no os pagaran? La idea de que las creaciones literarias (y el arte en general) deben ser gratis no es del todo cierta: en la actualidad podemos visitar monumentos y exposiciones de forma gratuita o con un coste muy bajo, pero en su día esos artistas cobraron por su labor. La escena del escritor bohemio que pasa penurias para escribir no es la realidad, porque en la vida todos necesitamos comer y pagar facturas.

Sin embargo, hay gente que opina que los que de verdad llevan la literatura en las venas tendrían que hacerlo sin esperar nada a cambio. Y digo yo, ¿acaso no es compatible ser un novelista con talento con ganar el dinero -la parte que le corresponda después de los trámites de la editorial- que la gente ha depositado por su obra? Sinceramente, creo que quienes piensan así están en una situación económica privilegiada o son escritores aficionados un poquito frustrados que atacan por envidia, porque en el mundo, en España, las circunstancias actuales dejan mucho que desear y resulta irónico que se critique a una autora por reclamar lo que es suyo.

De todos modos, también le doy un punto a Juan Gómez Jurado: creo que no todas las personas que descargaron el libro lo habrían comprado, entre otras cosas porque al tenerlo tan al alcance lo habrán meditado menos y es posible que en muchos casos termine olvidado en el lector. Ahora bien, discrepo en que a partir de descargarlo gratis se pueda conseguir aumentar las ventas. Habrá una, dos, tres personas que piensen así, pero seamos francos: ¿por qué pagar cuando ya has terminado el libro y puedes invertir ese dinero en otro? Me da que la mayoría se inclinaría más por esta opción.

Y aquí es cuando las editoriales deberían reaccionar (algunas ya lo están haciendo) y bajar el precio de los e-books. No puede ser que un documento electrónico solo cueste cuatro euros menos que la edición convencional; hay que arriesgarse y, en lugar de buscar la gran cantidad de dinero por ejemplar vendido, centrarse en conseguir el mayor número de libros vendidos y con ello obtener buenos beneficios. No pido imposibles: en Amazon ha habido superventas de libros electrónicos que costaban un euro.

Valoro mucho el trabajo de las editoriales y quiero tener fe en ellas, en sus profesionales. A raíz de este tema no han faltado los comentarios que apuestan por la autoedición, pero lo que mucha gente no sabe es que el manuscrito de un escritor pasa por numerosas fases (o debería pasarlas) antes de llegar al público, lo que leemos no es trabajo de una sola persona y seguro que más de una vez ese detalle que nos gustó tanto fue una sugerencia del editor. Lo malo es que las tareas del editor, el agente, el corrector y los lectores profesionales se olvidan con frecuencia, así que os recomiendo este artículo de la editora Elsa Aguiar para que entendáis mejor a qué me refiero.

No negaré que este asunto me ha hecho pensar porque, aunque sea en un grado muy menor, se asemeja bastante a lo que he vivido yo desde que decidí cobrar por las reseñas que me solicitan. Mucha gente lo ha entendido; no obstante, algunos piensan que no siento amor por la literatura y lo único que pretendo es forrarme (creedme, el tiempo que le dedico al blog no se compensa ni de lejos con la publicidad y los cuatro encargos contados que me han hecho) y hasta confunden mi determinación con prepotencia. No, no lo es. Mis textos no son ni mejores ni peores que los de otros blogueros, pero son los míos y tengo el derecho de decidir a qué libros dedico mi tiempo libre (porque yo no vivo de esto). Lo que vaya más allá, es trabajo.

En definitiva, no apoyo el todo gratis y me parecería justo que este tema se regulara de alguna forma, aunque insisto en que las editoriales deberían poner un poco de su parte. Ah, y antes de que me lo digáis: compro la música que escucho. No el CD, pero por fortuna hay páginas legales en las que se pueden bajar canciones por un coste muy asequible y razonable. Todos tenemos que poner de nuestra parte si queremos que el negocio editorial no sufra una profunda crisis, y precisamente porque comprendemos lo que es ir justos de dinero, con más razón debemos respetar el trabajo de los demás.

Ahora os cedo el turno a vosotros. ¡Debatamos!

16 diciembre 2011

Libros para regalar estas Navidades

¿No sabes qué regalar estas fiestas? ¿Quieres comprarle un libro a alguien y quieres sugerencias? Bien, he decidido hacer una entrada especial con diez recomendaciones de novelas que pueden ser una gran opción para colocar debajo del árbol de Navidad. He leído los títulos que he seleccionado y todos son relativamente recientes, de modo que no tendréis dificultades para encontrarlos. Como hace tiempo escribí otra lista de libros para regalar, esta vez optaré por nuevas propuestas (¡será por ideas!). Haced clic en el título para acceder a la reseña.

Para todos: Criadas y señoras, de Kathryn Stockett.
Un retrato de la sociedad americana en los años sesenta que toma como eje la situación de las criadas negras y el sueño de una joven blanca de ser escritora.

Para los perezosos: Contra el viento del norte, de Daniel Glattauer.
Sentimientos que nacen a través del intercambio de e-mails. Texto sencillo y mucho, mucho trasfondo.

Para los que quieren reír: Una chica años veinte, de Sophie Kinsella.
Un chick-lit original con una protagonista que pasa por situaciones con las que el lector se puede sentir identificado.

Para los que quieran emocionarse: El puente invisible, de Julie Orringer.
Una bella historia de amor en el París de los años treinta que da un giro de ciento ochenta grados con la llegada de la Segunda Guerra Mundial.

Para los románticos: En el país de la nube blanca, de Sarah Lark.
Amores y odios con la exótica Nueva Zelanda de fondo.

Para los amantes de la novela histórica: Encuentro en Sebastopol, de Katharine McMahon.
Una joven remilgada y convencional aprende a ver la vida de otra forma después de su paso por la Guerra de Crimea.

Para los incondicionales de la fantasía y el misterio: Gata blanca, de Holly Black.
Una curiosa historia que propone un tipo de fantasía relacionado con las estafas y el mundo de la mafia.

Para los que gustan de ciencia ficción con enjundia: Adorada Jenna Fox, de Mary E. Pearson.
Una interesante distopía que invita a reflexionar sobre la conveniencia de los avances científicos.

Para los que leen en inglés: Jellicoe Road, de Melina Marchetta.
El crecimiento personal de una adolescente que ha tenido una infancia difícil, con un planteamiento de unas guerras territoriales de lo más atractivas.

Para los que valoran una buena prosa: Los perros y los lobos, de Irène Némirovksy.
Pasiones y exaltacion en una historia de ricos y pobres, con una narración elegante y cuidada.

¿Habéis leído alguno de los libros que propongo? ¿Qué os pareció?

14 diciembre 2011

Hermoso caos - Kami Garcia y Margaret Stohl

Editorial: Espasa
Páginas: 448
ISBN: 9788467037166
Precio: 17,90 €
Fecha de publicación en España: 21 de febrero de 2012

Hermoso caos es el tercer volumen de la tetralogía Dieciséis lunas (me gusta más el Crónicas Caster de la versión original) o, en otras palabras, una de las mejores historias que descubrí el pasado año. El primer libro, Hermosas criaturas, me pareció una novela trabajadísima, con una fantasía original que tenía posibilidades de convertirse en un éxito en nuestro país. Con su continuación, Hermosa oscuridad, me decepcioné un poquito, pero aun así mantuve mi opinión de que esta saga ocupa un nivel superior dentro del género. Y no me equivocaba: Hermoso caos es la culminación de todo ello, una obra redonda en todos los aspectos, con lo mejor del mundo recreado y sin los pequeños defectos de la segunda parte.

Hermoso caos

Con spoilers de los primeros libros.

Ethan Wate se arrepentirá de haber deseado que su pueblo cambiara. Tras los acontecimientos de Hermosa oscuridad, el caos ha invadido Gatlin en forma de heridos y edificios destrozados, y él mismo se siente extraño por alguna razón que no logra entender. En esas circunstancias, la felicidad por estar junto a Lena de nuevo dura muy poco y ambos tienen que encontrar la manera de frenar la destrucción. Los sueños, las visiones y la canción Dieciocho lunas intentan guiar su camino, pero quizá en esta ocasión no van en la misma dirección que antes… Lo correcto y lo fácil nunca son lo mismo.

Por otro lado, Ethan tiene problemas para recuperar la normalidad con su amiga Liv, le cuesta tratar con ella y para colmo Lena está celosa de la inglesa. A eso hay que sumarle que Liv no pasa por un buen momento en la biblioteca: Marian debe pagar el error que cometió su pupila y nadie sabe exactamente cuáles serán las consecuencias. La situación con Amma en casa tampoco resulta fácil, ya que la buena mujer actúa de una forma rara, poco acorde con sus ideas ¿Y qué decir de Link y Ridley? Los dos intentan adaptarse a su nuevo estado, aunque uno lo lleva mejor que el otro. A todo esto, ¿dónde está el misterioso John Breed?

Comentario personal

Releo la sinopsis que he escrito y me doy cuenta de que indirectamente ya he plasmado una de las impresiones más significativas que me ha dejado el libro: Hermoso caos es una novela de personajes, una historia en la que las tramas personales se llevan casi todo el peso y nos permiten ahondar en la psicología de los peculiares individuos creados por Kami Garcia y Margaret Stohl. Aunque un libro pertenezca al género fantástico, considero fundamental profundizar en las personas y no únicamente en el universo sobrenatural. En este sentido, esta saga me parece un gran ejemplo de cómo crear personajes bien caracterizados, cercanos e interesantes, sin descuidar los engimas. Y ojo, no me refiero únicamente a los protagonistas (de hecho, cada vez estoy más convencida de que los secundarios los superan).

Y no es de extrañar: desde mi punto de vista, Ethan y Lena son los que menos novedad aportan a Hermoso caos, en el sentido de que no destacan por tener un carácter extravagante y además los conocemos a fondo por las partes anteriores. Ethan tiene el componente novedoso de que le ocurre algo y a ratos no parece él mismo; sin embargo, qué queréis que os diga, a mí me ha parecido el mismo chico tierno y responsable. En lo relativo a Lena, intuyo que se va a llevar algún que otro ataque de los lectores por el tema celos, comentarios en plan «¿No ves que está loco por ti? ¿No ves que la otra está destrozada? ¿Aun así te quejas? ¡Eres una niñata!». Ahora bien, si os soy sincera, yo la he comprendido. Sí, a ratos puede resultar repelente, pero entiendo que tenga celos y, en cualquier caso, al menos no llegan a lo enfermizo y su forma de ver las cosas evoluciona con el transcurso de los acontecimientos.

A continuación os hablo de mis preferidos: Ridley y Link se salen y dan el toque de humor a la historia. No me habría importado que protagonizaran más escenas, aunque comprendo que a la larga resulta mejor dejar al lector con ganas de más que saturarlo por abusar demasiado de un recurso concreto. En cualquier caso, los dos me caen genial y me maravillo por lo mucho que se ha desplegado su potencial desde el primer libro, en el que para mí pasaron bastante desapercibidos. Con Macon, Amma, Marion y las hermanas sucede lo mismo, a estas alturas los conocemos tanto que parecen de nuestra familia.

No penséis que me olvido de los que fueron terceros en discordia de la parejita: Liv me gustó en Hermosa oscuridad y me ha encantado en Hermoso caos. Sabía que era una chica inteligente, simpática y apañada, pero ahora también le he visto el lado vulnerable y el avance que tiene aquí resulta muy acertado. Por otro lado, John Breed también me ha convencido, eso sí, reconozco que su papel no se corresponde del todo con lo que yo esperaba (mejor, ¿no? Más sorpresas). Creo que de él todavía se puede sacar más.

De manera global, si Hermosa oscuridad estuvo repleto de misterio, acción y magia Caster, Hermoso caos se podría definir como el libro más humano de la saga. No es de extrañar que me haya entusiasmado, pues como sabéis adoro las relaciones entre personajes bien tratadas (sin ir más lejos, Luna nueva es mi parte favorita de Crepúsculo por la amistad que surge entre Bella y Jacob). Además, este carácter «humano» no solo se refleja en las caracterizaciones, sino también en algunas de las escenas más emblemáticas del libro (digamos que no importa tanto el «¡Oh! ¡Truco de magia y te convierto en sapo! ¡Pues ahora convoco a mis espíritus y te vas a enterar!», sino los sucesos más tranquilos, cotidianos, aunque el tema Caster esté ahí). Por ejemplo, hay un capítulo en el que Ethan acude al hospital y la narración de ese momento me pareció brillante, plasma perfectamente la incomodidad que siente mucha gente al entrar en estos recintos.

Todo ello, sin perder la fabulosa atmósfera envolvente del ambiente gótico sureño que caracteriza esta saga. Siempre he dicho que el escenario es uno de los puntos fuertes de esta historia: más allá de inspirarse en Matar un ruiseñor (sobre todo en Hermosas criaturas), este clima lleva incorporado un misterio constante, ¡lo visualizo todo en tonos oscuros! En muchas series juveniles fantásticas el entorno está sumamente descuidado, solo hay que fijarse en que muchas parecen más de lo mismo, réplicas de escenas de instituto y barrios poco recomendables. Con una buena recreación, se tiene medio trabajo completado.

A propósito del mundo propio de los Caster, en Hermosa oscuridad sentí que las autoras se habían sacado algunas ideas de la manga en la recta final, motivo por el que mi calificación bajó un poco. Afortunadamente, ahora puedo decir que he recuperado la fe en ellas: en Hermoso caos las pistas tienen una razón de ser, el lector puede hacer cábalas y, tranquilos, no aparecen soluciones milagrosas por el camino (lo que no quita que haya sobresaltos, claro). Se introducen nuevos elementos del mundo imaginario, pero sin que la cosa se vaya de madre.

A decir verdad, Hermoso caos emplea muchos instrumentos que ya conocemos de los libros anteriores. En primer lugar, la canción y el tema de la Decimoctava luna: reconozco que durante las primeras páginas pensé que volverían a contarnos la misma historia y esta vez no estaba dispuesta a ser tan generosa en mi valoración. Pero me equivocaba, ¡y mucho! Simplemente diré que esta vez va en otra dirección y que me encanta el giro que da. Como he comentado antes, no hay tanta acción como en la segunda parte, pero las vidas de los personajes son tan interesantes que invitan a seguir leyendo, leyendo y leyendo… hasta llegar a ese desenlace espectacular, uno de los mejores que he leído en mucho tiempo. No me importa que en la siguiente novela se le dé la vuelta; me quedo con la valentía de las autoras para hacer eso.

Y después de emocionarme y hablar del final antes de terminar, vuelvo a lo que estaba explicando, es decir, aquellos elementos que se reutilizan en cada libro. Otro de los más importantes son las visiones, los flashbacks que permiten conocer unos determinados sucesos del pasado que tienen su interés para los protagonistas. En esta ocasión se centran en la malvada Sarafine, la madre de Lena, y os aseguro que no tienen desperdicio (de nuevo, destaco el magnífico el trato que se da a los personajes, incluso a los malos).

En definitiva, esta saga está llena de piezas que la convierten en una de las grandes. Por mucho que analice sus personajes, su ambiente…, lo que de verdad valoro en ella es que ha sido la saga que más me ha apasionado después de Los Juegos del Hambre y Vampire Academy, las tres son mis favoritas en materia juvenil. Kami Garcia y Margaret Stohl tienen muchísimo que aportar a la literatura fantástica (y ya lo están haciendo), siento una enorme curiosidad por saber qué nos ofrecerán en las novelas que piensan escribir en solitario. De todos modos, tampoco quiero venderos lo que no es: si sois de los que opináis que el primer libro es lento y aburrido, seguiréis pensando lo mismo con Hermoso caos porque posee el mismo estilo lleno de detalles, sin un ritmo frenético. Ahora bien, si pertenecéis al grupo de fans, ¡no os lo podéis perder!

Conclusión

Hermoso caos me parece la novela más humana y cercana de lo que llevamos de saga. Una vez nos hemos aprendido al dedillo las particularidades del contexto y los poderes de los Caster, llega el momento de adentrarnos en la personalidad de los personajes y conocerlos a fondo. Eso es lo que más destaco, lo que más me ha hecho sentir. Sin embargo, la intriga y el avance de la historia tampoco tienen desperdicio, ya que se da un nuevo giro a la trama y en algunos aspectos probablemente será la novela más sorprendente de Dieciséis lunas. Por mi parte, me quito el sombrero ante las autoras y os animo a todos a descubrir el mundo cautivador de Hermosas criaturas, si es que no lo habéis hecho ya.

Nota: las imágenes están sacadas de la web de la saga.



Mi valoración: 9,5/10

11 diciembre 2011

Mi lista de deseos Fnac

Un año más, Fnac nos da la oportunidad de ganar 2012 € para gastar en productos de su tienda. Hay un concurso para el público en general y otro para blogueros (solo para España), así que he decidido probar suerte con el segundo. Simplemente tengo que hacer una lista con los productos que me gustaría que me regalaran estas fiestas, con el enlace correspondiente a su web y con el presupuesto máximo de 2012 €. Como veis, es muy sencillo, así que animo a todos los que cumpláis los requisitos a intentarlo.

Esta es mi wishlist, dividida por secciones (se admiten regalos):

Informática:
Sony Vaio J21M1E/B Sobremesa Todo en uno 21,5" - 899 €
Apple iPad 2 con WiFi 16 GB color negro - 479 €
bq Cervantes 2 - 119 €

Foto y vídeo:
Sony W530 Rosa Cámara Compacta Digital - 119 €

Telefonía, MP3 y GPS:
Apple iPod Nano Multitouch 8 GB Pink - 129 €
Nokia 500 - 215 €

Imagen y sonido:
Sony DVPSR150B Reproductor DVD - 45 €

No es que no quiera libros, pero la suma ya asciende a 2005 € y lo voy a dejar aquí.

09 diciembre 2011

Vida de una geisha. La verdadera historia - Mineko Iwasaki

Editorial: Byblos
Páginas: 368
ISBN: 9788466618243
Precio: 5,95 €

Según lo que he podido indagar, todas las ediciones del libro se encuentran descatalogadas o agotadas. Se publicó en la primera mitad de la pasada década, en varios sellos de bolsillo de Ediciones B. Mi ejemplar pertenece a la editorial Byblos, pequeñito y de tapa dura. Si lo encontráis en una librería física será cuestión de suerte, aunque si os interesa siempre tenéis la opción de comprarlo de segunda mano. Fijaos bien en que sea de Mineko Iwasaki, porque hay otros libros que se titulan igual firmados por otras autoras.

La historia de Mineko

Mineko Iwasaki (Kioto, 1949) llegó a ser la mejor geisha (o geiko) del distrito Gion Kobu de Kioto. Empezó su formación a los cinco años, cuando se trasladó a vivir en una okiya, la casa en la que las geishas eran acogidas mientras duraba su preparación. Adoptó el apellido de la familia, Iwasaki, y fue nombrada su heredera. En cuanto empezó a ejercer como geisha, destacó dentro del oficio y logró una gran fama en Japón, aunque para sorpresa de muchos se retiró a los veintinueve años para formar su propia familia y llevar una existencia completamente distinta. En Vida de una geisha narra su propia experiencia como geisha, los sacrificios que conlleva esta profesión y el esfuerzo y el sacrificio que supone su estudio. Una buena manera de conocer de primera mano las particularidades de los kimonos, la ceremonia del té y otras cuestiones que en el mundo occidental nos son desconocidas.

La polémica

Hasta aquí podríamos decir «bah, otra historia de testimonios de mujer sobre una geisha» y, por mucho que esa afirmación sea cierta, este libro tiene algo más: Mineko Iwasaki fue una de las geishas entrevistadas por Arthur Golden para escribir su gran éxito, pero este no respetó la confidencialidad que le pidió Mineko y además no plasmó la verdadera realidad de estas mujeres. Por si fuera poco, parece que el personaje principal estaba claramente inspirado en ella, lo que en un principio no se había acordado. Hay que decir que lo de ella no fue un simple rebote: llegó a recibir amenazas de muerte porque la comunidad de geishas exige silencio.

¿Resultado? Problemas legales para Golden y un libro en el bolsillo para la ex geisha. En él reivindica el trabajo de las geiko y nos cuenta su experiencia real, sin los añadidos hollywoodienses del norteamericano. Se publicó en el año 2002 y fue traducido a diversos idiomas, aunque no logró el éxito de Memorias de una geisha y mucha gente todavía desconoce esta polémica. Una lástima que la fama se la llevara una historia que no es fiel a la realidad y la verdadera caiga en el olvido.

El libro en sí

Leí Vida de una geisha más o menos cuando se publicó en España y recuerdo que me gustó mucho. Tengo debilidad por las historias reales de mujeres, este tipo de lecturas me aportan muchísimas cosas porque considero que se puede aprender mucho de las experiencias ajenas. En su momento, como mucha gente, me interesé por las geishas a raíz del bestseller Memorias de una geisha, y así fue como llegué a esta novela y otras similares. Aprovecho para decir que, aunque carezca de las escenas espectaculares (e inverosímiles) del libro de Arthur Golden, me gustó mucho más que este (soy un bicho raro: Memorias de una geisha, incluso sin saber sus inexactitudes, no me pareció para tanto).

Todo el tema de la geisha me parece interesantísimo: su vida en la okiya, la relación con otras geishas, los años de aprendizaje, descripciones de la ceremonia del té y la indumentaria adecuada para cada ocasión, etc. Siempre me ha llamado la atención la situación que vivían las geishas: en cierto modo este trabajo es machista, pero al mismo tiempo ellas eran veneradas y respetadas, se codeaban con gente importante. Un mundillo curioso, sin duda. Libros como este nos permiten aproximarnos un poco a él, aunque creo que con nuestra mentalidad occidental nunca llegaremos a apreciar del todo este exotismo de Japón.

Por otro lado, como os decía antes Mineko Iwasaki decidió escribir su propia historia para desmentir algunas cosas del libro de Arthur Golden. Recuerdo por ejemplo que Golden hablaba de una ceremonia en la que la virginidad de la geisha se vendía al mejor postor, como si fueran prostitutas, mientras que Mineko es tajante en este sentido: lo niega en rotundo y no habla de nada similar en su biografía. Es más, fuera del trabajo hasta podía llevar una vida medio normal, con su pareja no vinculada a ese entorno. Puede que algunos se sientan decepcionados al descubrir que las cosas no son tan de película como las pintaba el norteamericano, pero me parece importante saber la verdad (o, al menos, una versión más aproximada a ella).

Con respecto al estilo, pese a no ser de una profesional, tengo que reconocer que está muy bien, ameno y cuidado. Me atrapó desde el principio y no sentí que el interés decayera en ningún instante. Una autora americana (Rande Brown) ayudó a Mineko a la hora de describir los ritos y otros aspectos culturales de Japón, así que es posible que eso haya ayudado bastante de cara al resultado final. En general, no sentí que le faltara de nada, es una historia muy completa. Aunque no sea el novelón del siglo, me gustó mucho y por eso le doy una calificación alta.

Antes os decía que no confundáis este Vida de una geisha con otros libros que se titulan igual. Sin ir más lejos, hay uno de Kiharu Nakamura que en su momento también sonó bastante (en los típicos coleccionables y demás), pero ella fue una geisha anterior a Mineko y, en mi opinión, la redacción de su autobiografía deja bastante que desear. En teoría el de Mineko Iwasaki se diferencia de él con el subtítulo La verdadera historia; no obstante, en mi ejemplar esa frase no aparece en la portada y eso puede llevar a confusión.

Cambiando de tercio, no sé si ocurrirá en todas las ediciones del libro, pero la mía incluye un pequeño álbum con fotografías de las etapas principales de Mineko como geisha. Me pareció un buen detalle, no solo para ponerle cara, sino para mirar con calma esos kimonos y apreciar los detalles de los peinados que se describen en el texto. En otros libros he ignorado las imágenes porque no me aportaban nada, pero en este caso las considero un acierto. Me gusta que las editoriales cuiden sus ediciones, incluso cuando son de bolsillo, como esta. Además, es de tapa dura y tiene la letra grande (qué pena que estos rasgos sean algo especial y no lo habitual).

En definitiva, no se convertirá en un clásico de nuestros tiempos y probablemente dentro de unos años no nos acordaremos de él, pero lo disfruté muchísimo y me parece una lectura altamente recomendable para quienes deseen leer algo sobre las geiko. Quien quiera adentrarse en ese tipo de literatura se encontrará con muchas opciones, por eso me apetece destacar este por encima del resto: todos narran historias interesantes, pero no todos están bien escritos, de modo que Vida de una geisha de Mineko Iwasaki tiene doble mérito. Lo considero imprescindible para quienes leyeron Memorias de una geisha y les gustó: después de saborear las vicisitudes de Sayuri, nada mejor que conocer a la geisha en la que está inspirada.

02 diciembre 2011

Leemos más a autores extranjeros que a españoles

Ya ha finalizado la encuesta del mes de noviembre. En total votaron 278 personas y estos son los resultados:

¿A quiénes leéis con mayor frecuencia?
Autores españoles..................39 votos (14%)
Autores extranjeros.............239 votos (86%)

Así pues, estamos ante una amplia mayoría y no es de extrañar: mientras que la primera opción solo hace referencia a la literatura de un país, la otra abarca muchos y es, por lo tanto, bastante más extensa. Reconozco que yo también voté por la segunda opción, aunque eso no significa que no lea a escritores españoles (este año mi proporción debe de ser de 60%-40%), como supongo que nos ocurre a la mayoría, puesto que opino que aquí tenemos a grandes escritores. De todos modos, la nacionalidad del escritor me resulta indiferente a la hora de tomar una decisión de lectura, me importan más el argumento y las reseñas de los lectores.

Por otro lado, al igual que hice el año pasado, en la encuesta de diciembre os pregunto cuántos libros habéis leído este año (todavía quedan unas semanas para que termine, pero creo que más o menos podemos hacer ya el cálculo).

28 noviembre 2011

En el camino de Jellicoe - Melina Marchetta

Edición: Molino, 2012
Páginas
: 304
ISBN
: 9788427202306
Precio
: 16 €

No sé hasta qué punto nuestras reseñas pueden llegar a aumentar las ventas de un determinado libro, pero no me cabe ninguna duda de que entre blogueros nos influimos y hay muchas novelas a las que no llegaríamos si no fuera por la recomendación de otro lector. Este es el caso de En el camino de Jellicoe, una estupenda propuesta que descubrí gracias a Cadentia. De su autora aún no sabemos nada en España, aunque su saga fantástica Crónicas de Lumatere se traducirá pronto. Precisamente no hace mucho que leí la primera parte de esta serie, Finnikin de la Roca, que en conjunto no me entusiasmó tanto como esperaba y me dejó con ganas de probar con la vertiente realista de Melina Marchetta. Ahora puedo decir que me alegro mucho de haberle dado esa segunda oportunidad: En el camino de Jellicoe me parece una joya.

En el camino de Jellicoe, el más bonito del mundo…

Taylor Markham tiene diecisiete años y está internada en un centro de la carretera Jellicoe. Allí viven tanto niños y jóvenes que no tienen a nadie que se haga cargo de ellos como chavales conflictivos y unos pocos que no sufren problemas familiares pero aun así pasan el curso escolar allí. El caso de Taylor se engloba entre los más primeros: a los once años fue abandonada por su madre en esa misma carretera, donde enseguida la recogió Hannah, una de las personas que cuidan de los chicos y la única adulta en la que Taylor confía. Además, con catorce años intentó escaparse, aunque su aventura duró poco.

Ahora Taylor es la responsable de los niños del internado en las guerras territoriales que se celebran todos los años. En ella compiten tres bandos: los jóvenes de Jellicoe, los pueblerinos (townies en la novela), que estudian en el instituto de la ciudad, y los cadetes, que vienen de fuera. Esta competición consiste en conseguir algunos lugares de la zona (un local, un árbol…, lo que cada grupo desee), los líderes negocian entre ellos y a menudo se toman rehenes. Como cabecilla de los suyos, a Taylor le toca hablar con los jefes de las otras facciones, a saber, Chaz Santangelo, el hijo del policía que la devolvió a Jellicoe tras su huida, y Jonah Griggs, un chico al que conoce de tiempo atrás.

Más que las guerras territoriales, el hilo argumental se centra en los recovecos del interior de Taylor, en aquello que la ha marcado profundamente, un asunto pendiente de resolver: la búsqueda de su madre. Pero no es ella la única con una historia dura a sus espaldas: Jonah Griggs tiene su propia carga, lo mismo que algunos secundarios del internado Jellicoe. A través de los contactos que se hacen con la excusa del juego, la vida de los personajes sale a la luz y aparecen nuevos caminos que pueden ayudar a curar viejas heridas. Y no solo eso, sino que la relación entre Taylor y Jonah, personalidades difíciles donde las haya, se hace cada vez más estrecha.

Además, en algunos capítulos se introducen fragmentos en cursiva que hacen referencia a una historia del pasado, concretamente de unas dos décadas atrás. Está protagonizada por un grupo de cinco adolescentes que se encuentran en la carretera Jellicoe: Narnie y Webb, dos hermanos cuyos padres murieron en esa misma carretera; Tate, que también perdió a su familia en ese accidente; Fitz, un pueblerino que desempeñó un papel clave en esa escena; y Jude, un cadete que se siente atraído por la unión de los chicos de Jellicoe, aunque a la vez piensa que jamás estará plenamente integrado con ellos. En estos retazos se descubren las piezas necesarias para acabar de redondear lo que ocurre en el presente.

Una historia muy especial

Hay libros que me producen indignación, libros que me aburren, libros que me dejan indiferente, libros que me enseñan algo, libros que me hacen sonreír, libros que me marcan… Y luego está En el camino de Jellicoe. ¿Qué tiene de especial esta novela? Tantas cosas que mi reseña se va a quedar corta en halagos, como me suele ocurrir siempre que me encuentro con una historia que me aporta tanto y de una manera tan buena. En el camino de Jellicoe forma parte de ese selecto grupo de lecturas que se han llevado mi puntuación máxima; espero saber transmitiros mis impresiones y que vosotros también os animéis a devorarlo.

Empecemos por el principio. Todo en esta novela me parece maravilloso, pero, las cosas como son, las primeras páginas resultan un poco confusas porque mezclan la historia en presente con fragmentos del pasado y sueños, y yo no sabía exactamente cómo encajarlo todo. Aun así, su narración me enganchó de inmediato y a partir de la página cien estuve cien por cien situada. El relato avanza de forma coherente y sin descuidar los aspectos secundarios, la autora nos da pistas sobre cómo pueden entrelazarse las diferentes tramas, aunque incluso con eso consigue sorprender hasta el final.

Uno de los puntos fuertes de En el camino de Jellicoe es su originalidad: pertenece al género realista, pero lo que nos cuenta dista mucho de ser una historia monótona del día a día, por mucho que algunos temas se hayan tratado en otras novelas (por ejemplo, el hecho de que una madre abandone a su hija). En el presente, la guerra de territorios, con los tres bandos y toda la jerarquía de los chavales de Jellicoe, da mucha vidilla al libro y no me parece una idea que se le ocurra a cualquiera. De todos modos, hay que aclarar que el protagonismo recae sobre Taylor, su relación con Jonah Griggs y la búsqueda de su madre; el juego no deja de ser la excusa que une a los chicos y ayuda a crear ese tira y afloja al comienzo de las relaciones. Es importante que este aspecto quede claro, porque quien lo lea en busca de escenas de lucha salvaje y grandes dosis de acción se va a llevar una decepción.

Volviendo a la singularidad de esta novela, el hecho de incluir una trama en pasado que se relaciona con la actual también le hace ganar puntos. Vale, no es un recurso nuevo, pero Melina Marchetta sabe sacarle partido al hacer una especie de paralelismo entre los jóvenes de ahora y los de hace algunas décadas: cómo todos adoran Jellicoe, las guerras territoriales, los sentimientos que nacen entre ellos… La sociedad cambia; sin embargo, hay cosas que siempre están ahí. Esta parte tiene mucha importancia porque gracias a ella sabemos cómo se desarrolló la vida de Hannah y de la madre de Taylor, la autora nos da pistas despacito, hasta que al final todo encaja como un puzle.

Por otro lado, desde el primer momento se hace patente que la carretera Jellicoe es un lugar muy querido por los chicos. Esta ambientación se puede unir a esa lista de ingredientes que hacen de esta novela una obra tan especial: las casas de los chavales que han tenido una infancia difícil (aunque también los hay que simplemente viven ahí durante el año y en verano vuelven con sus familias) me parecen un buen lugar para situar una novela. Se puede indagar mucho en estas personalidades, y ese amor que tienen hacia Jellicoe me parece una invención preciosa, de esas que calan hondo en el lector. Al cerrar el libro comprendí todo el significado de este título.

Y todavía hay más elementos que destacar: se narran algunas escenas de tipo onírico (sueños de la protagonista) que podrían encuadrarse en el realismo mágico y que dan un toque especial a la historia. No os equivoquéis, no pertenece a la fantasía, pero sí que es un entorno real con un aura sugestiva en determinados momentos. Como podéis ver, se trata de una obra muy cuidada, redonda, la autora no ha dejado ni un solo detalle sin pulir, además, sus muchas particularidades hacen que pueda decir que nunca había leído nada parecido.

Personajes que llegan

Hablemos ahora de los personajes. Para mí, la clave de un buen protagonista reside en construir una caracterización compleja, con virtudes y defectos, y que esa combinación consiga dar forma a una persona cercana que llegue al lector. Con Taylor Markham, la autora lo ha bordado: una chica de carácter difícil, arisca, con una infancia dura… Y, sin embargo, me cautivó. Ya que estamos en territorio juvenil, aprovecho para añadir que me encantó que no se apostara por la típica heroína a la que le sale todo perfecto ni por la pavisosa de turno (me temo que Melina Marchetta detesta tanto a estas últimas como yo, a juzgar por la personalidad de Taylor y de Evanjalin).

Los secundarios no le van a la zaga: Jonah Griggs tampoco es el prototipo de chico encantador que estamos acostumbrados a encontrar en este género. De entrada parece el típico malote (de acuerdo, lo es), pero la autora no se limita a las apariencias, profundiza en él y refleja en sus acciones las experiencias que ha vivido. La pareja que hace con Taylor es de las que inspiran ternura: se quieren hasta el infinito y al mismo tiempo son conscientes de las dificultades que deben superar, lo que transmite cierta fragilidad. Ante todo, se puede definir como un amor muy real, propio de dos adolescentes y sin el carácter edulcorado de tantas novelas juveniles.

El resto de la tropa cumple perfectamente con lo que se espera de ellos: Santangelo, Jessa, Ben y Raffaela en el presente; Narnie, Webb, Tate, Fitz y Jude en el pasado. Todos tienen personalidades trabajadas y resultan cercanos, al final se les coge cariño. Los de hace unas décadas, además, cuentan con el atractivo de ese halo de misterio al no saber exactamente quiénes son ni qué hicieron hasta que la historia está bastante avanzada. Por supuesto, los adultos que intervienen también son francamente buenos (y, cuando corresponde, consecuentes con lo que pasaron en su infancia).

Estilo

En Finnikin de la Roca pude comprobar que Melina Marchetta es una gran escritora, de esas que incluso en las historias un poco decepcionantes (para mi gusto) brillan con su pluma. En efecto, En el camino de Jellicoe está muy bien escrito, se nota que la autora ha puesto esmero en la redacción de cada línea, cada palabra; el estilo es muy personal. En algunas ocasiones su prosa se vuelve poética, en contraste con los diálogos de los chicos, que tienen un estilo mucho más directo. Su vocabulario es más rico que el de otras novelas juveniles, aunque con un nivel avanzado de inglés no deberíais tener problemas para seguir el hilo. Por lo demás, considero que el ritmo de narración es bueno, no me aburrió en ningún momento y me enganchó de inmediato.

Conclusión

Melina Marchetta
Por mi parte, En el camino de Jellicoe me parece una novela cien por cien recomendable. Pese a catalogarse como juvenil, su historia es lo suficientemente compleja e interesante para satisfacer las expectativas de los adultos; estoy segura de que si estuviera en la sección de literatura general mucha gente disfrutaría de su lectura (en ocasiones como esta no sabéis cuánto aborrezco las etiquetas). En el camino de Jellicoe me parece una novela bonita y triste al mismo tiempo, quizá el calificativo que mejor la define sea el de agridulce: me ha hecho sonreír, me ha emocionado, me ha puesto en la piel sus personajes…. En definitiva, me ha seducido por completo y quiero recalcar que no solo tiene valor por la trama en sí misma, sino por todo lo que transmite.



Mi valoración: 10/10

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