09 enero 2011

Fragmentos de libros XVI.

Los hijos de Ahiris - Jenny-Mai Nuyen

—Cuando no se tiene ningún apoyo de ningún tipo el odio es el refugio más cálido.

—¿Sabes por qué he venido? Por los dragones. He visto que los elfos se marchan de Awrahell y he oído su canción. Me ha traído tantos recuerdos… —Sonrió sin poder evitarlo—. Ahora que los dragones han desaparecido, ¿puedes decirme si de verdad eran tan distintos del resto de criaturas terrestres? Quizá su única particularidad consistía en que no podían vivir en cautividad. Y quizá todos, humanos y dragones, tengamos la misma esencia en nuestro interior. Mira, yo muchas veces he pensado que el mundo debe de ser malo, porque lo peor de él me ha marcado mucho más que lo mejor. Pero acabo de oír la canción de los elfos y he sentido como si algo largo tiempo olvidado se removiera en mi interior. Creo que he recordado las noches que pasaba junto a mi padre… Ahora ya no pienso que el mundo sea malo, así como tampoco puedo pensar que los elfos sean malos, porque ¿cómo, si no, cantarían canciones tan bonitas? Sí, ya lo sé —añadió a toda prisa—, no es más que una canción, cuya existencia depende de quien la canta. Lo mismo debe de pasar con toda la felicidad y la belleza del mundo, que sólo duran unos instantes, pero, con todo, son lo que da sentido a nuestra vida. ¿Verdad?

—Yo nunca quise hacerte daño, Ardhes. Jamás. Pero… si todo lo que ha sucedido ha servido para vivir este momento, entonces no me arrepiento.

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