19 diciembre 2012

Vida interior y vida exterior



Los libros son mágicos. Nos entretienen, nos emocionan, nos invitan a pensar, nos descubren una parte de nosotros mismos que no conocíamos, nos convierten en otras personas. Ese es su gran poder: mientras dura la lectura no pienso en mí y mis circunstancias, sino que me meto en la piel de una elegante dama, de un soldado, de una sirenita, de una niña o de un león. Dejo de ser yo para encarnarlos a ellos, para observar su entorno y angustiarme por sus preocupaciones. Cuando cierro el libro digo adiós al personaje, pero no a sus pensamientos.

Esos pensamientos se suman a otros, y así construyo un lado de mi mente que se alimenta de historias, reflexiones, arte y todo lo que puede aportar la palabra escrita. Este equipaje se une al de las otras facetas de mi vida y juntos constituyen lo que soy, lo que me gustaría ser y lo que transmito. Lo más fascinante es que ambas vertientes, la literaria y la real, no tienen por qué ir en consonancia. A menudo se asocia la literatura a gente culta, con una buena posición social y un trabajo que permite poner en práctica esos conocimientos; nada más lejos de la realidad: las letras nos pueden hacer sabios de alma, de vida interior, aunque en el exterior no lo parezcamos.


Conozco a un hombre muy inteligente, que domina la filosofía y la historia, y por supuesto ha leído a los grandes escritores. La primera vez que hablé con él me percaté de su capacidad para razonar y no pude evitar pensar que debía de tener una profesión acorde a su formación, tal vez profesor o un cargo importante en una empresa. Me equivocaba: es cartero. Siempre se ha interesado por nutrirse de cultura, ha seguido parte del temario de algunas carreras y ha leído mucho, muchísimo, pero nunca ha tenido un empleo en el que pudiera poner en práctica todo lo que sabe, al menos no de una forma evidente.


Últimamente no paro de leer críticas categóricas y dañinas sobre el libro de Jorge Javier Vázquez. Más que su obra, lo que se desaprueba es el hecho mismo de que haya publicado: «¿Qué narices va a escribir un presentador de programas de cotilleos? ¡Hasta yo sé escribir mejor que él!», dice la gente. Jorge Javier es licenciado en Filología Hispánica, tiene una gran cultura musical y cualquiera que mire la televisión sin prejuicios se dará cuenta de que es un buen profesional en su trabajo. Me parece respetable que sus programas no gusten o que él no caiga bien; pero ¿por qué ese empeño en desprestigiar de forma tajante y automática su interés por la literatura? Del mismo modo que alguien que reparte cartas puede debatir sobre Coetzee y Saramago, un personaje popular también puede tener una vida interior muy distinta de la que proyecta.


A veces pienso que los estudios y el hecho de tener un determinado puesto de trabajo se sobrevaloran. No porque no crea en la formación (soy una estudiante incansable y no concibo mi existencia sin seguir aprendiendo), sino por la terrible manía, inherente en el ser humano, de etiquetar. Se da por hecho que un médico, un ingeniero, un abogado o un profesor siempre es inteligente, a nadie le sorprende saber que lee a los grandes autores o que es capaz de discutir sobre política. Sin embargo, una persona que tiene un empleo que no requiere unos estudios avanzados debe demostrar por sí misma esa lucidez, esa capacidad de raciocinio. ¿Por qué? Se puede tener un gran intelecto, pero los caminos de la vida no siempre nos llevan a una actividad que nos permita llenar esa sed de conocimiento. Entonces el agua son los libros.


Cuando trabajaba de camarera mis conocidos me decían cosas como «No te pega nada» o «No te imaginaba sirviendo copas». Se puede decir que encajo en el  prototipo de persona interesada en cultura: perfeccionista, exigente, introvertida y rara; disto mucho de ser la camarera simpática. Mientras llenaba los vasos y barría el suelo pensaba en las novelas que me compraría con lo que había ganado esa semana.


En ocasiones esta diferencia entre vida interior y vida exterior se produce a la inversa: alguien a quien se le presuponen conocimientos carece de interés por los temas intelectuales de fuera de su ámbito. Tengo amigos diplomados y licenciados en diversas áreas, también de letras, que lo único que leen es Cincuenta sombras de Grey y Los pilares de la tierra. Elecciones muy respetables, sin duda, a veces yo también disfruto con la literatura de entretenimiento; pero con ellos no podré tener la misma charla que con el cartero.


Quizá esto es uno de los efectos más bonitos de los libros: nos proporcionan material para aprender y disfrutar al mismo tiempo, permiten que nos sintamos especialistas en un autor aunque no tengamos ningún título que lo avale, nos invitan a debatir sobre cuestiones trascendentales y, en definitiva, nos hacen sentir más inteligentes y válidos de lo que no siempre se nos reconoce en el exterior. Nos dan una vida interior tan rica y atractiva que, al menos durante unas horas, podemos ser algo más que la etiqueta que llevamos colgada.

12 comentarios :

  1. ¡Buenos días, Rusta!

    Reflexión muy interesante la que publicas hoy. No puedo estar más de acuerdo contigo porque he tenido experiencias parecidas. Lo del cartero me ha recordado a un antiguo compañero de facultad que en su día decidió estudiar la licenciatura en Historia a tiempo parcial. Otros ejemplos que se me vienen a la cabeza son el de mi abuela paterna que fue una mujer adelantada a su época, muy culta y licenciada en Química por la Universidad de Oviedo (promoción 1946 - 1951) pero que nunca llegó a ejercer su profesión y fue ama de casa y catequista de primera comunión; o mi abuelo que no tiene estudios superiores pero que es un gran lector y con el que da gusto hablar.

    Ignoraba el curriculum de Jorge Javier Vázquez y reconozco que no me gustan nada los programas de cotilleo.

    No he trabajado nunca como camarera pero sí como arqueóloga en prácticas no remuneradas. Aún hay gente que piensa en las personas que trabajan en excavaciones arqueológicas son gente inculta y que sólo está interesada en sacar piedras y ensuciarse con tierra mientras trabajaban. La sociedad no puede estar más equivocada en valorar como culta y cualificada a personas que trabajan en oficinas y cuyo uniforme de trabajo es un traje con corbata en el caso de los hombres y traje de chaqueta y tacones de diez centímetros en el de las mujeres. He conocido albañiles de arqueología sin estudios que saben muchísimo más del mundo de las excavaciones que yo por dos razones: la primera porque llevan toda su vida trabajando como peón en el mundo arqueológico y la segunda porque la Universidad española no te prepara para el mundo real.

    También se asocia a las personas cultas con pasar horas estudiando en la biblioteca tachándolas de empollonas y antisociales, nada más lejos de la realidad. Yo soy una rata de biblioteca y me han tachado de empollona y eso que no he visto una Matrícula de Honor en mi vida y evito ir a estudiar con gafas.

    Perdona por la parrafada pero es que no lo he podido evitar. Tenía pensada la entrada de esta tarde pero creo que la voy a cambiar y voy a actualizar con este larguísimo comentario que te he escrito aunque antes lo revisaré. ;-)

    Besos.

    ResponderEliminar
  2. Te doy la razón en parte, pero aun y así, creo que es comprensible que se critique a este señor... lo que no quieras que te hagan no lo hagas tu. Jorge Javier no es un simple presentador de un programa del corzón, su programa va más allá, en él se critica, se menosprecia y se persigue a la gente... En el plató se pincha y se manipula todo para que se salga todo el mundo de sus casillas, y se acaben gritando, llorando y hasta pegando... sinceramente, para mi eso es muy triste... el fin no justifica los medios, la audiencia no justifica que se lleguen a estos extremos de teatro y a estos arrastres para conseguir una exclusiva...
    No quito que no pueda ser un buen escritor, pero no puedes esperar que no se lo critique si cada dia él hace lo mismo delante de un millar de personas...

    La verdad, yo no se que pensar, siempre he pensado que el autor y los libros estan conectados, que los autores escriben lo que sienten, lo que son... quizá me equivoco, pero estoy segura que una parte del libro es del autor, de su personalidad y de su persona... y para mi, como persona Jorge Javier no me vale nada, lo que me conduce a pensar que su obra no me gustará ni me aportará nada positivo que me pueda aportar otra obra...

    Como ya dije, no lo criticaré como escritor porque no lo conozco, pero si que puedo decir y argumentar el porque no quiero leerlo, y todo se reduce por el tipo de persona que muestra que es, aunque esta sólo sea una máscara, para mi, ya está enseñando una parte de él, una parte que está dispuesta a hacer lo que sea para tener audiencia...

    Eso sí, estoy de acuerdo con lo que el tipo de profesiones no tiene nada que ver con el intelecto que tenga la persona.

    ResponderEliminar
  3. Entiendo tu punto de vista pero he de reconocer que, aunque no he criticado el libro de Jorge Javier Vázquez, sí que critiqué el de Ana Obregón. El hecho de contar sus vidas, sus "marujeos" me causa la impresión de que no son buenos libros.
    Pero claro, cada uno elige lo que quiere leer y lo bonito de la lectura es disfrutar con ella y que un libro sea reconocido como bueno no quiere decir que a todo el mundo le guste y disfrute con él, está claro.
    En definitiva, me parece interesante tu opinión y estoy de acuerdo contigo, pero el etiquetado está tan arraigado en nuestra sociedad que a veces es inevitable juzgar.

    ResponderEliminar
  4. No puedo criticar un libro que no he leído, pero si puedo decir que es posible que el personaje se haya comido al autor. Intentar vender ahora una imagen de seriedad, es difícil tras sus "actuaciones" televisivas.

    ResponderEliminar
  5. Cuando me enteré que JJV iba a sacar un libro, pensé ¡otro más que se apunta al carro!. Cuando Planeta me mandó el Dossier de Prensa, no voy a negar que me llamó particularmente la atención, porque no se trataba ya del típico famosete que venía a contarnos sus amores y desvaríos a golpe de talón, o un recetario de cocina como tantos otros, que no ponen ni el huevo.

    También sabía que este señor se había licenciado en Filología, algo que tampoco es como para atribuirle un intelecto per se.

    El caso es que este señor lo tiene, independientemente de para qué lo utilice. A mi, en particular, me ha parecido bien que se haya lanzado hacia el mundo editorial: tenía una historia que contar y armas más que suficientes para hacerlo.

    El problema radica, desde mi punto de vista, es que tendemos a ser generosos de serie. Por ejemplo, cuentas la historia de ese cartero como si fuese una excepción... cuando es más habitual de lo que pensamos. El caso es que ese cartero, quizás tenga un gran intelecto, pero si un buen día quisiese sacarlo a la luz, escribiendo su historia, tendría que autopublicarse, mientras otros, por el simple hecho de estar haciendo basura en televisión tienen a su disposición todo el marketing del mundo.

    Ese es el problema y el error: que cualquier tarambana (más allá de sus habilidades y su formación), tiene todas las oportunidades del mundo, mientras que alguien que tiene una sólida formación (con título universitario o sin él), tiene la calle para correr y todo el derecho del mundo para criticar la suerte de algunos que, teniendo posibilidades de todo tipo, sólo las aplicar en su propio beneficio.

    Aún así, te diré que el libro aún no lo he leído y no lo voy a criticar negativamente por ello. Pero con él ocurrirá como con el Premio Ondas, que a nada que alguien con la suficiente enjundia le critique (tampoco creo que sea un Nobel), se lanzará a cuchillo como la víbora que es a nivel personal.

    Un beso.

    ResponderEliminar
  6. Me parece una reflexión interesante, pero la sociedad te hace pensar que un Doctor será más culto que un cartero. Pero creo que tienes razón con eso de que debemos dejar de etiquetar a las personas. Ciertamente a mi no me gusta etiquetar a nadie y tu entrada me hizo ver las cosas de una forma diferente.

    ResponderEliminar
  7. @Elena Velarde. Los abuelos suelen ser muy buenos ejemplos de lo que comento, recuerdo haber hablado del tema con alguna persona y también me puso a los suyos como ejemplo. Por otro lado, me sorprende que haya gente que tenga esa visión de los arqueólogos, aunque me temo que en realidad hay prejuicios sobre todas las profesiones. Totalmente de acuerdo con la crítica que haces a la enseñanza de la universidad; como se suele decir, se aprende más trabajando una semana que con cuatro años de licenciatura (aunque los conocimientos que se adquieren también son un gran enriquecimiento personal).

    @Neguema. Pero Jorge Javier no es el que ha decidido que el programa sea así. Yo puedo entender que se tengan prejuicios con algunos de los colaboradores -los que reconocen abiertamente que nunca abren un libro-, pero precisamente a él lo veo un buen profesional, tiene mucho carisma y su buen humor llega a la gente. Bueno, al menos a una parte de la gente :). Estoy de acuerdo contigo en que los libros tienen algo de su autor, pero es que de Jorge Javier en particular solo conocemos una cara. He leído opiniones de gente que ha leído el libro y dicen que se han sorprendido para bien, que les ha servido para empezar a verlo de otra manera.

    @Laura. Es muy lícito que este tipo de libros no nos parezcan buenos, pero en esto yo creo que hay que pensar que no son libros para los que leemos mucho, sino para gente que no suele leer y los compra solamente para saber qué cuentan de su vida. Creo que en el mercado hay espacio para todos :).

    @Pedro. Eso es verdad, con algunos autores es muy difícil separar al personaje de su faceta de escritor. Hace unos días leí una entrevista a Risto Mejide en la que explica que siempre ha querido ser escritor, pero que no pudo conseguirlo hasta alcanzar la fama. En casos así me parece una pena que la gente no se llegue a tomar en serio al autor, pero entiendo que es el precio que hay que pagar por la fama: lo tienen más fácil para publicar... y más difícil para que se los tomen en serio.

    @Kayena. Es verdad que el mundo está mal repartido y algunos lo tienen todo más fácil (en este caso, publicar), pero de todos modos también te digo que, si un escritor tiene talento, conseguirá que lo publiquen tarde o temprano. Tal vez no en una gran editorial, pero hay muchísimas editoriales pequeñas que apuestan por voces nuevas que después pueden dar el salto a una gran editorial. El problema que veo a veces en la gente que escribe es que esperan publicar su primera novela con Planeta, y entonces es normal que se frustren, pero el panorama literario es mucho más amplio.

    @MarianaPVallejo. Gracias :). Es verdad que es muy difícil dejar de etiquetar, pero al menos tenemos que tener la capacidad de eliminar las etiquetas cuando nos damos cuenta de que no están bien aplicadas.

    ResponderEliminar
  8. Ojalá fuéramos siempre Sin Etiquetas :).

    ResponderEliminar
  9. Excelente reflexión =) Siempre me han gustado mucho tus reflexiones, porque me haces descubrir cosas que pasaba por alto o porque, sencillamente, conectas con las mías.

    No puedo estar más de acuerdo contigo. Es terrible cuando el prejuicio y la etiqueta gobiernan nuestra visión de la vida.

    También me ha pasado que he conocido gente que estudia cosas muy elitista y son tan profundas como una piscina para niños. Y gente que a simple vista no pertenece a elevados círculos sociales, pero que tienen inmensidades de conocimientos y reflexiones propias sobre la vida.

    ¡Saludos!

    ResponderEliminar
  10. @El lector indiscreto. Me alegra que te haya gustado la reflexión :). Es una pena que a veces nos dejemos guiar tanto por los prejuicios. Al menos cuando conocemos más a la gente podemos superarlos y de paso aprender un poco para la próxima vez.

    ResponderEliminar

Los comentarios siempre son bienvenidos. Por favor, no incluyas enlaces a otras páginas o blogs.

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails