30 enero 2014

La pasión - Jeanette Winterson



Edición: Lumen, 2007 (trad. Elena Rius)
Páginas: 224
ISBN: 9788426416278
Precio: 18 €

Jeanette Winterson (Manchester, 1959) es una de las voces más originales y ambiciosas de la literatura de nuestros tiempos. Debutó en 1985 con Fruta prohibida, una novela parcialmente autobiográfica en la que ya se adivinaban algunos rasgos experimentales que culminarían en obras como La pasión (1987) o La niña del faro (2004). Aunque resulta difícil enumerar unas características comunes en toda su producción —ella misma se propone innovar de forma constante, como en Escrito en el cuerpo (1992), libro que tiene poco que ver con los citados arriba—, se puede decir que siente predilección por la ambientación en épocas pasadas, la narración fragmentada, la combinación de la realidad con elementos maravillosos de evocación medieval, el tema de la identidad sexual, la presencia de la religión y el uso de recursos metaliterarios. La pasión, considerada una de sus mejores novelas, revela este «estilo Winterson» en todo su esplendor.

Jugando a cara o cruz

En la Francia napoleónica, el joven Henri trabaja como cocinero al servicio del emperador. Es un muchacho sencillo, de su pueblo, que nunca ha conocido el amor y se muestra tímido con las mujeres. De forma paralela, en Venecia vive Villanelle, la hija de un gondolero, una chica pelirroja que nació con los pies deformes. Se gana el pan entre las góndolas y el casino, donde se disfraza de chico para atender a hombres y mujeres que van en busca de la emoción del juego de azar. De eso, y de alguien que les dé calor por la noche. Las vidas de Henri y Villanelle, narradas en primera persona por ambos, se cruzan en un encuentro que los marcará para siempre.

Los dos protagonistas representan dos formas opuestas de ver el mundo y, en concreto, el amor. Como buen soldado, Henri siente devoción por Napoleón y su paso por el ejército gira en torno a los pequeños logros que harán que se sienta orgulloso de él; al menos, hasta que la muerte y la destrucción lo obligan a adoptar otra perspectiva de la guerra. Mientras tanto, Henri sueña con el primer amor, un sentimiento tan puro y racional como el resto de sus convicciones. Villanelle, por su parte, ha estado rodeada de un halo de misterio desde su nacimiento, cuando detectaron que sus pies presentaban la misma anomalía que los de los gondoleros, algo insólito en una niña. Este detalle actúa como una premonición de la doble identidad que determina sus días, puesto que la joven, por el ambiente en el que se mueve y por su propia sensualidad, se muestra mucho más abierta hacia el amor y el sexo que Henri.

El contraste se expande a los escenarios: mientras que París, y el territorio francés en general, es el ejemplo del orden, de la mentalidad tradicional que destruye el mundo con su ciencia y relega la sexualidad a los prostíbulos de la periferia, la isla de Venecia emerge como el lugar donde todo es posible, la tierra del azar y la libertad, de las premociones y lo mágico, pero también de la locura y de las aguas que guardan secretos turbulentos. Gran parte de la obra de Winterson tiene presente la confrontación entre la religión (entendida como una opresión, un fanatismo) y la independencia de ella, la liberación. En este caso, Francia representa la zona católica y Venecia su contrario, haciendo honor a la fama histórica de diversión y placer que ostenta la ciudad. A propósito, a pesar de que la ambientación puede causar cierta confusión, La pasión no es una novela histórica al uso, ya que se limita a utilizar la historia a su antojo para construir significados contemporáneos. De hecho, la autora la escribió durante el rígido gobierno de Margaret Thatcher y, de alguna manera, el retrato de esa Venecia refleja la posibilidad de que otro mundo, otra forma de ver la vida, es posible.

La pasión se desarrolla entre contrastes, entre rupturas y conexiones; un juego a cara o cruz que puede obtener resultados extraordinarios o peligrosos por la mezcla explosiva de los dos extremos. Las diferencias también se refieren a los personajes secundarios, desde los amigos de Henri hasta la anciana veneciana que aconseja a Villanelle, todos ellos imprescindibles. Este tipo de oposiciones abundan en la obra de la autora, pero aquí se encuentran más acentuadas si cabe que en novelas posteriores como La mujer de púrpura. La pasión está escrita con mucha precisión, un gran sentido del paralelismo y la simetría; es como si un lado actuara como espejo de lo que el otro no exterioriza.

Las mil formas de la pasión

La verdadera protagonista de esta novela es la pasión o, mejor dicho, las múltiples manifestaciones que puede adoptar. Por un lado, el amor y el sexo, que se dan en tres formas distintas: un amor espiritual, casi platónico (Henri); el sexo como aventura, sin sentimientos (Villanelle, los soldados que frecuentan el prostíbulo); y, por último, el amor y el sexo unidos, como una plenitud que llena a los personajes. Sin embargo, nada es sencillo: el papel de la sociedad como ente hipócrita (el contexto de principios del siglo XIX lo potencia todavía más) que censura algunas prácticas y empuja a seguir determinadas pautas de comportamiento (matrimonio convencional) complica las relaciones. Las trabas que la sociedad y la religión ponen al amor son otro tema común en Winterson desde su debut, Fruta prohibida, en la que relata cómo una adolescente tuvo que abandonar su comunidad religiosa tras ser rechazada por su lesbianismo.

Precisamente la identidad sexual es otra de las claves de La pasión. Quizá lo más destacable de Winterson en relación con los personajes homosexuales o bisexuales es el hecho de tratar con absoluta naturalidad esta condición, sin rodeos, sin clichés; solo como una parte de ellos mismos tan instintiva como respirar. Con Villanelle rompe la estructura binaria de la mirada heterosexual para proponer una tercera posibilidad, pero lo hace con sutileza, intentando que aquello que se percibe como diferencia aquí se presente como normalidad. Por otra parte, a lo largo de la novela son muy importantes las elecciones personales de los personajes, fundamentales para entender decisiones como la del desenlace de uno de ellos.

Con este planteamiento, es de suponer que el tratamiento del amor y la pasión resulta mucho más complejo de lo que cabría esperar. En el prólogo de La mujer de púrpura, su novela más reciente, Winterson explica que la protagonista no existió tal y como la caracteriza ella, pero que seguramente hubo mujeres que tuvieron algo en común con ella. Lo mismo se puede aplicar a La pasión: en cierto modo, la autora narra las historias de algunas personas de aquella época que no pudieron ser contadas, aunque, a la vez, el mundo recreado actúa como un espejo de nuestra contemporaneidad e invita a reflexionar en los conflictos que propone.

Contadora de historias

La obra de Winterson no se entiende sin una aproximación a su particular estilo. Además de alternar las partes narradas por cada personaje, dentro de estas el texto se divide en fragmentos cortos que recogen escenas del pasado y el presente hasta conformar el conjunto de la historia. El tono, irónico, deja frases tan brillantes como la que abre la novela: «Napoleón tenía tal pasión por el pollo que hacía trabajar día y noche a sus cocineros». También son recurrentes las referencias a la narración en sí, el arte de contar historias («Os estoy contando historias. Creedme», dice Henri a menudo), que recuerdan a las que utilizó años más tarde en La niña del faro («Cuéntame una historia, Pew»). Estas características hacen que se la catalogue como una escritora posmoderna.

Jeanette Winterson
En su autobiografía, ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? (2012), Winterson confiesa que desde el principio tuvo el propósito de ser una escritora ambiciosa, de tratar temas de la vida desde una perspectiva arriesgada, experimental. Esto explica por qué La pasión, novela que publicó cuando aún no había cumplido los treinta años, muestra un nivel deslumbrante, sin ninguna pizca de ingenuidad literaria y con cada detalle, cada juego de palabras, elegido con la máxima exactitud. Lo mismo se puede decir de su forma de sugerir significados: el mensaje final que se extrae de La pasión invita a la ambigüedad, a seguir pensando, a releer; nada es sencillo en esta novela, aunque por eso mismo resulta tan interesante leerla e intentar profundizar en lo que nos quiere decir. Esto es lo que he tratado de hacer en esta reseña: analizar e interpretar, pero con la conciencia de que en los libros de Winterson no existen los absolutos, de modo que siempre será posible buscar nuevas explicaciones, nuevas miradas, nuevas lecturas. En eso consiste, al fin y al cabo, la buena literatura.

7 comentarios :

  1. Madre mía, qué reseña tan prolija... qué gustazo. Me encanta lo que tengo leído de Winterson hasta ahora y esta es una novela a la que le tengo muchas ganas, sobre todo después de haber leído tu análisis. "La niña del faro" me pareció una pequeña maravilla y espero disfrutar con esta también.

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  2. Buena reseña. No conozco a esta autora así que me la anoto desde ya :)

    Bs.

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  3. @Zazou. En mi opinión, "La pasión" es todavía mejor que "La niña del faro" (y eso que "La niña..." es una maravilla). No te la pierdas.

    @Ángela León. No te arrepentirás de leerla, es una escritora muy original y estoy segura de que te sorprenderá. Tanto "La pasión" como "La niña del faro" son dos opciones estupendas para descubrirla.

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  4. Me has convencido totalmente, sino me estreno con esta será con cualquier otra de la autora.Un saludo

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  5. @Maidafeni. Si no empiezas con "La pasión", te recomiendo "La niña del faro". También me han hablado muy bien de "Espejismos", que la tengo pendiente.

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  6. Recordaba haber leído esta reseña tuya hacía ya un tiempo. Ahora, acabo de terminar "La pasión" y me ha dejado noqueada. ¡Qué delicia de libro!

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  7. La pasión es el mejor libro que he leído (y llevo unos cuantos). Mi biblia.

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