17 febrero 2014

La visita - Mariana Graciano



Edición: Demipage, 2013 (prólogo de Antonio Muñoz Molina)
Páginas: 120
ISBN: 9788494108945
Precio: 16 €
Los dieciséis relatos de La visita conforman la carta de presentación de la escritora argentina Mariana Graciano (Rosario, 1982), licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires y alumna del Máster en Escritura Creativa impartido por Antonio Muñoz Molina en la Universidad de Nueva York. Ha sido nombrada Nuevo Talento Fnac por este debut y, a propósito de este reconocimiento, la autora explicaba en una entrevista que su objetivo con estos cuentos era «explorar formas de desaparición» en el marco de lo cotidiano. En efecto, todos los textos giran alrededor de las relaciones del hogar: niños, ancianos, padres, madres, vecinos; son como fotografías que reproducen instantes sugestivos para el lector. Quizá este sea su rasgo más distintivo: la autora no cuenta historias de forma detallada y convencional, sino que juega con lo impreciso, con el emborronamiento que el paso del tiempo confiere a los recuerdos.
Tal vez esta última apreciación se deba al hecho de que muchos relatos están protagonizados por niños y recrean la mirada infantil, con su habilidad innata para fijarse en aquello que la perspectiva adulta pasa por alto, como apunta Muñoz Molina en esa invitación a modo de prólogo: la amistad entre dos niñas que permite examinar la perversidad infantil («Ella»), un niño que juega a ser el héroe de la casa cuando no está papá («A tu sombra»), los primos reunidos para observar algo que parece una estrella («La visita»). No obstante, a veces la presencia de niños sirve para plantear temas que trascienden lo puramente infantil, como en «Los palacios ya no», sobre cómo un descampado para jugar se convierte en una funeraria, a modo de símbolo de lo que desaparece, pero también de los cambios de significado impuestos por el ser humano. Por otra parte, «El primero», que retoma esa reunión familiar de los primos, plantea el tema de la muerte y la comunicación de la noticia a los niños.
Algunos relatos se mueven en la frontera de la locura, de lo que escapa a la razón, como el que abre la recopilación, «Ese hombre», sobre un personaje que espía a su vecino y entre ambos se crea una extraña complicidad por ser los únicos que conocen la existencia de esos momentos. Hay cuentos que entran en el terreno de la enfermedad desde un enfoque menos revelador que el resto de textos: la fragilidad de una anciana senil que recurre a una curandera («Encarnación»), un niño con huesos de cristal («Resquebrajado»), un trastorno raro («Desaparece cerro»). Personalmente, me parece más interesante que un autor me descubra con nuevos ojos una escena cotidiana en apariencia intrascendente —como los citados cuentos sobre la niñez y la familia— a que aproveche las (conocidas) consecuencias de una enfermedad para centrar el relato en ellas.
Fuera de estos ámbitos, destaco dos textos: «Reaparecida», sobre una abuela que recuerda lo que quedó atrás en forma de una casa vacía, y «El grito», sobre una madre y una hija que al regresar del colegio escuchan los gritos de una mujer. Este último, más que de malos tratos, habla de lo externo a ellos, de la indecisión a la hora de reaccionar y de lo rápido que cambia la responsabilidad de uno mismo en torno a un hecho terrible: el apacible regreso se trunca de inmediato, pero de inmediato se puede volver a esa calma si se opta por ignorar los gritos y seguir caminando. «Vanesa» también es un relato notable: el amor, las dudas, la identidad, el aprovechar el momento antes de que las circunstancias varíen. Finalmente, «Hoy» recrea la animación del tren, el vagón como un espacio en el que día tras día desfilan personas con sus propias historias, unas historias que al cerrar las puertas se marchan con ellos.
Mariana Graciano
Los cuentos se caracterizan por una escritura limpia y clara, que plasma el lenguaje coloquial de los diálogos; un estilo acorde con el carácter íntimo de las historias. La información sobre los personajes es escasa y los relatos carecen de final cerrado, de ahí que se produzca ese efecto de incertidumbre, de ser un lector-espectador que debe interpretar a partir de una fotografía y no de la película completa. En general, se nota mucho el tono argentino, no solo por el habla sino por los ambientes, la sensación de que los relatos, pese a tratar asuntos hasta cierto punto universales, transcurren en Argentina y tienen personajes argentinos. Sé que se me escapan lecturas por mi falta de conocimientos de la tradición literaria de este país —estoy más habituada a las narrativas mediterráneas y anglosajonas—, pero esto no ha impedido que disfrute de la propuesta de Mariana Graciano, de esta visita a esos recodos de lo cotidiano que se desvelan como fuentes de significado gracias a la mirada atenta de una buena escritora. Un debut interesante.

6 comentarios :

  1. Por el momento no termina de llamarme del todo.

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  2. @LauNeluc. No es un libro imprescindible, la verdad. Solo lo recomiendo para quien tenga interés por descubrir nuevas voces.

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  3. Mmmm... pues esta vez no me convence demasiado. Reconozco que el principio de tu reseña me tenía bastante convencida, pero algunas cosillas no acaban de atraerme del todo, especialmente el habla argentino. No tengo nada en contra, pero sí que me cuesta encarar una lectura así.
    Por cierto, ¿te acuerdas del prólogo de "El mes más cruel"? ¿Me recomendarías leerlo antes o después de los relatos? Es que no me apetece llevarme ninguna sorpresa desagradable y que me cuenten más de lo deseable, como ya me ha ocurrido en alguna ocasión:)
    1beso!

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  4. @Elena:). Creo recordar que el prólogo de Marta Sanz no era demasiado explícito. Menciona los relatos, pero hace comentarios de tipo general. De todas formas, tampoco pasa nada porque lo leas después; los relatos también se disfrutan sin introducción :).

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  5. Me gustan los relatos pero, aunque estos tienen un puntito interesantes en cuanto a lo novedoso de la autora, tengo tantos por leer que no creo que lo lea próximamente.

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