15 marzo 2015

Diario de un viejo loco - Junichirō Tanizaki



Edición: Siruela, 2014 (trad. del inglés de María Luisa Balseiro)
Páginas: 152
ISBN: 9788416208098
Precio: 17,95 €

En sus últimas novelas, Junichirō Tanizaki (Tokio, 1886-Yugawara, 1965) —uno de los escritores japoneses más importantes del siglo XX, junto a Yasunari Kawabata, Kōbō Abe, Ōgai Mori y Natsume Sōseki, entre otros— abordó el deseo sexual desde un enfoque controvertido, que relaciona el erotismo con la perversión y, además, con personajes ancianos y enfermos como protagonistas. Utsugi, un hombre de setenta y siete años, se obsesiona con Satsuko, su nuera, una atractiva mujer de pasado turbio que, astuta, se aprovecha de la atracción que despierta en él para conseguir regalos de lujo. De forma progresiva, entablan un juego particular, en el que ella procura mantener viva la pasión de Utsugi con pequeñas concesiones, y él, a cambio, se convierte en cómplice de los oscuros secretos de Satsuko y le facilita las cosas en casa, donde no es demasiado querida por su suegra y sus cuñadas. Utsugi se encarga de narrar los avances en su diario personal, en el que también habla de sus problemas de salud.
Diario de un viejo loco (1961) presenta muchos paralelismos con otra célebre novela del autor, La llave (1956) —de hecho, en la edición inglesa de Vintage de 2004 se agrupan en un solo volumen—, como la estructura en forma de diario, aunque en La llave se alternan los puntos de vista del hombre y la mujer, mientras que aquí solo se conoce el de él y se pierde parte de la ambigüedad que tanto se potencia en La llave. En segundo lugar, en ambas se produce un contraste entre el hombre, cada vez más decrépito, y la mujer, seductora y dominante, que emerge como la que marca el ritmo de la relación. Esta concepción del erotismo no se basa únicamente en el contacto físico, sino que bebe del fetiche y la fantasía, de la idea de estar cometiendo un acto «impuro». Eso excita a Utsugi, que reconoce con una sinceridad abrumadora que ya no puede mantener relaciones sexuales. El acercamiento a Satsuko tiene lugar en la ducha, donde inician una rutina, como ocurría en la escena en el baño de La llave.
Ni a Utsugi ni al protagonista de La llave les importa que el juego les haga daño, porque se saben en la recta final de su vida y esta pasión es lo único que los incentiva a disfrutar del día a día. Satsuko lo fascina precisamente porque no es una chica bondadosa; al contrario: le encanta su picardía y acepta con gusto su manipulación («Es extraño, pero incluso cuando me duele tengo apetito sexual. Quizá especialmente cuando me duele. ¿O debería decir que me atraen más, me fascinan más las mujeres que me causan dolor?», pág. 25). El narrador insinúa cierta conexión entre este ardor y sus progresivos problemas de salud, que se describen con tanto detalle que sorprende por su transparencia en el retrato de la vejez —Tanizaki también rondaba esta edad cuando lo escribió—. Lo mismo ocurre con la sensibilidad del anciano: Utsugi reconoce que lo han educado para ocultar sus sentimientos, pero en cierto momento, junto a su nieto, no puede reprimir la emoción y lo cuenta en el diario.
Esta obsesión por la pulsión erótica va ligada a una progresiva indiferencia hacia la familia, en concreto su esposa e hijas, que representan el lado tradicional, políticamente correcto, de la mentalidad de la época. Utsugi toma decisiones que asombran a todos: prefiere hacer regalos a Satsuko antes que prestar ayuda económica a una hija, y no le importa engañar a su propio hijo, el marido de Satsuko, para cubrir las espaldas a esta. La elección de Satsuko como objeto de deseo no es baladí, puesto que representa a su vez la transformación de la mujer japonesa con el paso de los años, la liberación de costumbres que aún no se había producido durante la juventud de Utsugi y que ahora él celebra con fervor. La perversión, por lo tanto, no se limita al componente sexual, sino que tiene un sentido más profundo, de transgresión del orden establecido y, en cierto modo, de advenimiento de nuevos tiempos, menos castos y reprimidos. Para sus familiares, sin embargo, todo esto no es más que la fantasía de un pobre viejo lunático.
Junichirō Tanizaki
En suma, este breve Diario de un viejo loco recrea de manera espléndida una dimensión controvertida del erotismo, asociada a la búsqueda de nuevas maneras de satisfacer el deseo cuando el protagonista ya no puede mantener relaciones. Se trata, en buena medida, de una perspectiva oscura, en la que prima la depravación y el abandono de las actividades tranquilas que deberían ocupar al anciano. La narración en forma de diario, al igual que en La llave, hace más partícipe del juego al lector, que debe ir más allá de la versión del protagonista para imaginar cómo su entorno recibe este comportamiento y decidir si, en efecto, Utsugi le parece un viejo loco o hay algo de lucidez en su encaprichamiento. Tanizaki no da respuestas, pero plantea los interrogantes, tal como se espera de un gran escritor.
Imágenes de la adaptación al cine de 1987, Diary of a Mad Old Man, dirigida por Lili Rademakers y protagonizada por Ralph Michael y Beatie Edney. Hay varias adaptaciones más.

10 comentarios :

  1. Me gustan mucho las novelas que estudian el alma humana, aunque no esta faceta, la verdad, me parece muy sórdida. Sí me ha gustado tu análisis del libro, sus puntos fuertes, su comparación con La llave... Siempre aprendo algo leyéndote, ;D. Abrazos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ja, ja, es que el alma humana también tiene su lado perverso :).

      Eliminar
  2. No he leído nada de este autor pero me ha gustado mucho lo que nos has contado de estas dos novelas. Tomo nota de los títulos. Seguramente lo busque en la biblioteca.

    Besos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Las dos novelas me han sorprendido gratamente (más "La llave" que "Diario...", porque al ser tan parecidas es inevitable que la segunda en el orden de lectura recuerde a la primera). Tanizaki sabe trabajar la ambigüedad, y al leerlo entras en un juego en el que no te puedes fiar de todo lo que cuenta el narrador y hay que leer entre líneas. Muy sugestivo, sin duda.

      Eliminar
  3. Pues tengo que reconocer que no conocía al autor, pero me has dejado con ganas de buscar tanto La llave como esta novela. Me has dejado con ganas de saber más de este perversa y curiosa relación...
    Besotes!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Son muy interesantes. Te lo pasarías bien leyéndolas.

      Eliminar
  4. Me gusto la reseña de los dos pero me podrias orientar cual deberia leer primero?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Puedes leer cualquiera de las dos; son totalmente independientes. En cuanto a cuál me parece mejor, quizá me quedo con "La llave" por la ambigüedad de los dos narradores, pero las dos son recomendables ;).

      Eliminar
  5. Todavía no he leído "La llave" y la verdad es que no sé porque, ya que disfruto mucho con los narradores orientales. Me parece que sus historias son muy singulares, con una delicadeza especial. Su manera de expresar las cosas, tan influenciada por su milenaria cultura, me resulta especialmente atractiva.
    Lo dicho, que empezaré por "La llave", que me llama algo más por lo de los dos narradores y seguiré por aquí.
    1beso:)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo no soy muy aficionada a la literatura oriental, pero estas dos novelas de Tanizaki me parecen accesibles hasta para los neófitos como yo. Creo que las disfrutarás.

      Eliminar

Los comentarios siempre son bienvenidos. Por favor, no incluyas enlaces a otras páginas o blogs.

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails