27 abril 2015

La solitaria pasión de Judith Hearne - Brian Moore



Edición: Impedimenta, 2015 (trad. Amelia Pérez de Villar)
Páginas: 320
ISBN: 9788415979357
Precio: 22,50 €

Todas las temporadas se publica alguna novela extraordinaria que corre el peligro de pasar desapercibida en las mesas de novedades porque, en fin, las editoriales no pueden invertir en una gran campaña de marketing para todos sus lanzamientos. Esta vez, esa obra inadvertida viene firmada por Brian Moore (Belfast, Irlanda del Norte, 1921 – Malibú, California, 1999), un novelista criado en una familia católica irlandesa que después de la Segunda Guerra Mundial se estableció en Canadá, donde trabajó como reportero y obtuvo la nacionalidad canadiense; y más tarde se trasladó a Estados Unidos, donde impartió clases de escritura creativa en la universidad. Moore comenzó su carrera literaria publicando thrillers a principios de los años cincuenta, y La solitaria pasión de Judith Hearne (1955) fue su primer libro fuera del género, que tuvo una gran acogida a pesar de haber sido rechazado inicialmente por diez editores norteamericanos, por lo que recurrió a un editor inglés.
La novela se desarrolla en Belfast, ciudad natal del autor, durante la posguerra. El desencadenante de la acción es el encuentro entre Judith Hearne, una solterona de unos cuarenta años que ha pasado toda la vida encerrada en el pequeño (y rancio) ambiente de Belfast, y James Madden, un hombre maduro que acaba de regresar de Nueva York y desprecia todo lo que huela a Irlanda. Se conocen en la casa de huéspedes de la hermana de Madden: Judith se aloja allí porque no tiene familia ni dispone de muchos recursos, mientras que él aún no ha decidido qué hacer tras su regreso. Durante los desayunos, y acompañados por unos compañeros un tanto extravagantes, Judith y Madden entablan sus primeras charlas. Al contrario de lo que cabría esperar, surge cierta afinidad entre ambos, aunque la gracia de este interés se debe al hecho de que apenas conocen al otro y lo idealizan a su gusto: Judith piensa que él tenía un cargo de alta responsabilidad en Estados Unidos, y Madden la toma por una mujer cultivada y adinerada.
Sin embargo, ninguno es lo que el otro cree. Judith encarna a la solterona irlandesa por excelencia, que ha pasado toda su vida haciendo lo que los demás esperaban de ella —cuidar de su tía enferma, ir a misa, impartir clases de piano y de labores— y ahora que ya no le queda familia se ve sola, con amigos que la soportan solo por compasión y a los que engaña para hacerles creer que tiene una vida más interesante (la mentira como protección). Es la mujer que todavía sueña con enamorarse perdidamente («Judy Hearne, se dijo, tienes que detener esto ahora mismo. Esto de imaginar un romance con cada hombre con el que te cruzas», pág. 39); pero que por su carácter —tímida, ingenua, religiosa, temerosa del qué dirán— no consigue cambiar de hábitos. Moore, que no da puntada sin hilo, abre la novela con una escena en la que Judith coloca la foto de su tía y un cuadro del Sagrado Corazón en su nueva habitación, dos detalles que definen a la perfección los pilares del personaje. El tercer pilar, no obstante, se opone a los demás: la bebida, su «solitaria pasión». Judith ha encontrado en la botella una vía de escape que, de salir a la luz, pondría en peligro todo aquello en lo que ha creído hasta ahora.
Madden, por su parte, representa al hombre llegado de lejos, casi extranjero, que rompe el equilibrio de la casa de huéspedes —el lugar donde se ha vivido determina la personalidad—. En apariencia, es un triunfador: los irlandeses le parecen unos pueblerinos, se mofa de la ignorancia de la gente que ensalza los valores tradicionales, etc. Ahora bien, en realidad ha fracasado tanto o más que Judith —trabajaba como portero de hotel y solo consiguió dinero por un trato ilegal después de sufrir un accidente— y, al igual que ella, está cargado de prejuicios, puesto que comete el mismo error que critica en sus compatriotas: ensalzar un país (Estados Unidos) como si fuera el mejor. Madden también tiene en común con Judith su afición a la bebida, aunque para él, como hombre impío, no resulta tan vergonzosa, como demuestra en el capítulo 4: se aprovecha de la criada cuando está borracho, pero al día siguiente acude a misa y no tarda en olvidar el asunto.
Las historias de Judith Hearne y James Madden, pese a estos puntos en común, no avanzan de la forma que se intuye, y en la recta final Judith se erige como el único y verdadero centro de la obra. Colm Tóibín, en su ensayo Nuevas maneras de matar a tu madre (2012), propuso una interpretación sugerente de esta novela y, en concreto, del motivo por el que Moore eligió a una mujer como protagonista: en el contexto de los años cincuenta en Irlanda, impacta más una mujer alcohólica que un hombre alcohólico. La mujer está atrapada, juzgada por la sociedad; en cambio, nadie se escandaliza porque un hombre beba y él tiene más oportunidades de adoptar otro estilo de vida. La elección de una mujer aumenta el potencial trágico, invita a la compasión del lector, y al mismo tiempo el autor se muestra muy crítico con la doble moral de la época.
La adicción a la bebida no es un aspecto anecdótico, como tampoco lo son las fuertes creencias de la protagonista. En La solitaria pasión de Judith Hearne, Moore retrata la hipocresía de la Irlanda católica de mediados del siglo XX —también mostrada por Edna O’Brien en Las chicas de campo (1960)— y, paradójicamente, la mayor crítica no se plantea a través del recién llegado que reniega de sus raíces, sino de la propia Judith, la que en un principio defiende con fervor la religión. Se supone que la fe cristiana debe dar respuestas, proporcionar algún consuelo al que aferrarse; sin embargo, Judith va de mal en peor y siente que sus sueños se alejan. Por ende, ser una creyente ejemplar no le ha servido para encontrar la tan ansiada felicidad y, en ocasiones, pone en duda la existencia de ese Dios al que tanto ha rogado, un Dios representado por un sacerdote opresor y poco empático. Esas ocasiones suelen coincidir con sus noches de solitaria pasión, en las que gira el Sagrado Corazón y la fotografía de su tía para beber a solas, sin la vigilancia de los que siempre le han dicho lo que debía hacer.
La bebida supone un conflicto para todo en lo que ha creído hasta entonces, es un símbolo de desesperación, de pérdida, pero también de sinceridad consigo misma y con los demás, porque, precisamente por ser un pecado, es el único vehículo que puede llevarla en otra dirección. La solitaria pasión de Judith Hearne, además de ser una historia sobre la soledad y la desesperación, es una historia sobre la pérdida de la fe, que establece una relación entre la credulidad que conlleva la religión —una credulidad que atonta, que fomenta la pasividad— y la insatisfacción personal al comprobar que se ha abandonado a sí misma. No es casual que la protagonista se llame Judith, como el personaje bíblico que mató al general del ejército enemigo. En principio, Judith Hearne, tan mansa y educada, no parece tener nada que ver con la Judith heroica y fuerte, pero poco a poco identifica sus propios demonios e intenta hacerles frente, no sin dificultades.
Con estos elementos, Moore construye una auténtica pieza de orfebrería, compleja, con una estructura calculada al milímetro, una escritura que encuentra su mot juste y un tono tragicómico que recuerda a Jane Austen y Penelope Fitzgerald. Aunque la mayor parte del texto está narrado en una tercera persona centrada en Judith, se intercalan algunos párrafos en estilo indirecto libre, de modo que combina con gran naturalidad el punto de vista del espectador imparcial (que llama a los personajes tal y como se hacía en la época, es decir, sin su nombre de pila: la señora de Henry Price, la señorita Hearne, etc.) con sus propias voces. En algunos capítulos, además, desplaza el punto de vista y se centra en Madden o recrea monólogos y escenas de otros personajes en los momentos en los que resulta necesario conocer otra perspectiva para que la trama avance, como en el cap. 19.
Moore demuestra ser un escritor sutil, preciso, meticuloso, creativo y versátil, capaz de reproducir tanto situaciones patéticas e hilarantes —como aquellas en las que la dueña de la casa cuida de su hijo— como monólogos profundos y honestos como el de Judith en el cap. 17, pasando por sermones del cura o ensoñaciones de contenido simbólico, como la salida al cine del cap. 7. Los personajes, también muy austenianos, tienen un punto caricaturesco, integrado con inteligencia en un ambiente costumbrista que, bajo ese tono tragicómico, es, de hecho, muy triste. Entre los secundarios, destacan el hijo de la propietaria de la casa, un treintañero sin oficio ni beneficio que durante el día se deja cuidar como si fuera un niño y por la noche se mete en la cama de la criada sin que su madre sospeche nada; y los O’Neill, una familia que recibe la visita de Judith todos los domingos a pesar de que el señor y los hijos no disimulan que la aborrecen, mientras que la señora la atiende por lástima.
Brian Moore
Hay que decirlo alto y claro: La solitaria pasión de Judith Hearne es una obra maestra. Con los mecanismos de una comedia de costumbres, ahonda en el lado más débil del ser humano y dedica críticas afiladas a los valores tradicionales de la sociedad irlandesa y muy en particular a la religión católica. Caracteriza los personajes con brillantez, desde la protagonista hasta el secundario más nimio, todos enfocados con una mirada ingeniosa pero también empática, que enfatiza la doble moral en la que todos están inmersos. Demuestra plasticidad literaria en su construcción, que en ningún momento deja de sorprender por sus múltiples recursos. Y, por último, da protagonismo a la solterona, la solitaria, la amargada, y logra que el lector vea en ella todo lo que los de su alrededor no ven: la verdadera Judith Hearne.
La novela se adaptó al cine en 1987 en una película homónima dirigida por Jack Clayton y protagonizada por Maggie Smith y Bob Hoskins. Los fotogramas que ilustran la reseña pertenecen a este filme.

14 comentarios :

  1. Pues me apunto este libro sin dudar. ¡Qué buenísima reseña! A pesar de que me parece que sufriré bastante por Judith Hearne, tu recomendación me hace pensar que el libro me encantará. ¡Gracias y un beso!

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    1. Es una novela magnífica, de lo mejor que he leído este año. Narra una historia triste, pero a la vez muy liberadora.

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    2. Me lo apunto, cual es el nombre de la película?

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    3. El mismo, "La solitaria pasión de Judith Hearne" :).

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  2. Me ha encantado la reseña, has conseguido que necesite leer el libro XDD. Sin duda, tras haber probado a Edna O'Brien que se mueve en la misma época y lugar, tengo ganas de probar algo más del entorno, así que muchas gracias por la recomendación.

    Besooss!!!

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    1. Su estilo es muy diferente al de Edna O'Brien, pero comparten el retrato crítico de los valores de la Irlanda católica. Espero que lo disfrutes.

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  3. Vaya reseña más detallada. Has hecho un análisis estupendo!Me llevo la recomendación anotada, una más para el montón de Impedimenta:)
    1beso!

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    1. Es que es una novela tan bien hecha que se merece un análisis en condiciones. Además, tengo mucha "afinidad" por este tipo de obras y me he sentido muy cómoda tanto leyéndola como comentándola. Sabía que viniendo de Impedimenta estaría bien, pero no imaginaba hasta qué punto. Te la recomiendo sin duda, para mí ha sido un gran hallazgo.

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  4. La peli la ví hace años pero no sabía que estaba basada en un libro. Y a pesar de conocer ya la historia, tu magnífica reseña me invita a leerlo.
    Besotes!!!

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    1. No he visto la película, pero estoy convencida de que encontrarás muchos más matices en la novela. La forma de narrar de Moore no se puede traspasar a la pantalla.

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  5. MARTHA BARDARO ¿Qué es la Antropología
    Filosófica? Ed. Librería la Paz Resistencia Chaco 2006 pp 130 -136 hace un sencillo pero genial comentario sobre la idea principal de la novela.

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  6. He llegado a tu blog buscando información sobre este libro. Muchas gracias :)

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    1. Bienvenida, Aurora. Espero que la reseña te haya resultado útil.

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