11 febrero 2016

La vuelta del torno - Henry James



Edición: Asteroide, 2015 (trad. Carlos Manzano, Jackie DeMartino y Alejandra Devoto)
Páginas: 184
ISBN: 9788415625780
Precio: 15,95 € (e-book: 9,49 €)

2016 es el año de Henry James (entre otras conmemoraciones). El próximo 28 de febrero se cumplen cien años de su muerte, y Libros del Asteroide lo celebra con una nueva traducción de una de sus obras más populares, el clásico de la literatura gótica The Turn of the Screw (1898), traducido habitualmente al castellano como Otra vuelta de tuerca, aunque en esta ocasión, con el propósito de mantener el matiz de violencia y tortura del título original, se ha optado por La vuelta del torno (una decisión no exenta de críticas). Henry James (Nueva York, 1843-Londres, 1916), que comenzó su carrera con novelas realistas, evolucionó a finales del siglo XIX hacia las historias de fantasmas como esta, relatos a caballo entre la realidad y lo sobrenatural, de enfoque subjetivista, que le permiten explorar con sutileza las tensiones de su época y resultan, en general, más accesibles que sus novelas extensas, si bien mantienen su característico estilo de oraciones largas y digresiones, con puntos suspensivos que aumentan la intriga al dejar frases sin terminar; una voz narrativa, en definitiva, esplendorosa.
El relato empieza con la tradicional reunión de amigos que se cuentan historias de fantasmas en torno al fuego. Uno de ellos decide compartir con los demás el misterioso manuscrito de una joven institutriz, hija de un pastor anglicano, que durante un tiempo se hizo cargo de dos hermanos, Miles y Flora, en un caserón de la campiña inglesa. Las condiciones de su contratación resultan extrañas desde el principio: el tío de los niños, que se encarga de ellos, le pide no ser molestado bajo ningún concepto. Tampoco conoce de qué murió la antigua institutriz. Además, poco después de su llegada, expulsan a Miles del colegio, pero nadie explica con claridad los motivos. Demasiado secretismo a su alrededor, demasiado recelo para una institutriz inexperta como ella. Lo que le había parecido una tarea sencilla, enseguida se revela como una pesadilla, sobre todo cuando comienza a vislumbrar unas apariciones que le hacen creer que los niños podrían estar en peligro. Ella procurará protegerlos, con la ayuda del ama de llaves, la señora Grose, su única amiga en la casa.
La gracia de esta nouvelle reside en su ambigüedad, que hace que se pueda leer a la vez como el cuento de fantasmas lineal que relata la institutriz o, gracias al magistral uso del punto de vista de James, como un ejemplo arquetípico del unreliable narrator, esto es, con desconfianza hacia lo que cuenta la chica, cuestionando la veracidad de su experiencia. La primera persona, a diferencia del narrador omnisciente, solo ofrece una perspectiva parcial de los acontecimientos, que en este caso corresponde a la de la joven institutriz, una mujer de quien se desconoce el nombre —la falta de datos acerca de la narradora, a propósito, contribuye a aumentar esa aura de misterio e incertidumbre—. Ella es quien decide qué contar (y qué ocultar), por lo que su narración está llena de recovecos, de omisiones que podrían darle un significado muy diferente.  La institutriz es la única que asegura tener esas visiones, y con su manuscrito trata de persuadir, de convencer al lector de que esto fue lo que de verdad ocurrió cuando se hizo cargo de los niños. No obstante, nunca se tiene la certeza de que así fuera, de modo que recae en el público la decisión de interpretar la novela en uno u otro sentido.
En lo relativo a la trama, reúne los elementos tópicos de la literatura gótica victoriana de casas encantadas, comenzando por la protagonista: una institutriz «inocente» que llega a un lugar desconocido para ella, donde detecta situaciones un tanto extrañas. Su patrón, un hombre solitario, que podría haber suscitado sentimientos en la joven institutriz —otro tema sobre el que la narradora no se pronuncia—. Los dos hermanos, unos niños que tienen un comportamiento ejemplar en su presencia, aunque la expulsión de la escuela de Miles resuena en todo momento. También está la figura un tanto ambigua del ama de llaves, a priori cómplice de la institutriz, pero con una actitud que no siempre transmite confianza. Y, sobre todo, los fantasmas, que evocan a antiguos miembros del servicio, repudiados por mantener una relación indecorosa de la que nadie se atreve a hablar de forma abierta. Las apariciones, por tanto, están ancladas al pasado, a la vida terrenal y sus tabúes. El verdadero terror, en cierto modo, no está en la visita de unos seres sobrenaturales, sino en la opresión en la que habitan los vivos.
No hay que olvidar que la institutriz fue criada en un ambiente religioso, de profundos valores morales, por lo que se puede intuir que su reacción al conocer el romance entre los antiguos empleados navega entre el rechazo instintivo y la curiosidad morbosa. En su narración se muestra como una joven educada y trabajadora, obstinada en su misión de enderezar a los pequeños y mantenerlos a salvo de compañías indeseables. Se podría pensar, por sus palabras, que es una institutriz intachable. Ahora bien —y aquí está el interés del narrador psicológico—, uno a veces informa más acerca de sí mismo por lo que se calla que por lo que dice. James superó el realismo del siglo XIX al proponer una historia que se adentra en la complejidad de la mente humana, una mente que se va degradando a medida que avanza el relato, una mente que no es plana, simple, sino que desgrana sus reflexiones y se prodiga en los detalles.
Henry James
Gracias a la ambigüedad de la extraordinaria narración de James, La vuelta del torno (u Otra vuelta de tuerca) se ha convertido en un importante referente del género y aún hoy sigue suscitando debates. Desde su publicación por entregas en 1898 ha inspirado a numerosos (y célebres) creadores. Sin ir más lejos, un año después vio la luz El corazón de las tinieblas (1899), de Joseph Conrad. ¿Qué tiene que ver un cuento de fantasmas con una crónica del África colonial? Ambos emplean como narrador a un joven que se adentra en un ambiente desconocido, un ambiente que lo enreda de forma progresiva hasta resultar asfixiante y que lleva implícita una crítica social a los valores de la época. Y ambos, por supuesto, son ambiguos, aunque no del mismo modo: Conrad vertebra el misterio en torno a un personaje secundario, Kurtz, y el lector nunca duda del marinero que cuenta la historia, aunque tenga la certeza de que miente, que intenta disfrazar la realidad para tratar de convencerse a sí mismo de que las cosas funcionan; James, por su parte, juega con la posible perturbación de la institutriz, que hace dudar al lector a pesar de que sus vivencias podrían ser reales para ella. Por citar un ejemplo más reciente, El cuento número trece (2006), de Diane Setterfield, también bebe de James en el personaje de la institutriz y su llegada a la mansión. Esta nueva traducción, que proporciona un texto cuidado y actualizado —dejando a un lado las discusiones sobre lo apropiado del cambio de título—, brinda una excelente oportunidad para (re)descubrir este clásico y volver a inquietarse con él.
Fotogramas de The Innocents (Suspense, en España), una adaptación del libro dirigida por Jack Clayton en 1961.

14 comentarios :

  1. Henry James para mí es un clásico muy recomendable. Lo leí dos veces, de tanto que me gustó.
    Un saludo.

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    1. Para mí también ha sido una relectura. Lo leí hace tanto tiempo que ha sido casi como descubrirlo por primera vez.

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  2. Lo leía hace tiempo, era bastante pequeña y creo que me perdí mucha cosas y no llegué a entenderlo bien, así que necesitaría una relectura para disfrutarlo del todo.
    ¡Besos!

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    1. Suele pasar. Siempre viene bien releer los clásicos cuando somos adultos :).

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  3. Respuestas
    1. Me alegro de que te haya interesado. Creo que este libro no puede faltar en la biblioteca de ningún lector.

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  4. Dos veces he leído ya esta novela. Y no me importaría hacerlo una tercera. Lo del título es lo que me ha dejado...
    Besotes!!!

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    1. Sí, a mí también me sorprendió el cambio de título (cuando vi el libro por primera vez pensé que era un inédito). De todas formas, la traducción de la novela está muy bien.

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  5. Otro clásico que tengo pendiente. A pesar de conocer el título, reconozco que no sabía de que trataba la historia y me ha intrigado mucho lo que has contado. Subirá unos cuantos puestos en la lista:)
    Por cierto, al hablar del "unreliable narrator" me ha venido a la mente "La verdad de la señorita Harriet". Que recuerde, es el único libro que he leído con esa característica y me gustó mucho.

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    1. De este tipo de narrador, tampoco te pierdas "Siempre hemos vivido en el castillo", de Shirley Jackson (creo que ya lo comentamos en su momento). Es otra pequeña joya de la literatura gótica.

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  6. Henry James es de esos autores en los que reconozco un talento natural para la narración, aunque apenas sea capaz ninguna de sus libros. Sólo le he soportado La vuelta de tuerca y Los papeles de Aspern. De algún modo, siempre consigue "tostonizarme", aun en las distancias cortas. Respecto a la vuelta de tuerca, creo que James quiso escribir una ghost story sin recurrir a ninguno de los lugares comunes que hacen de una buena ghost story lo que es... Aunqu la narración es técnicamente magistral se me hace imposible disfrutarla como un cuento de miedo...

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    1. Yo todavía tengo que leer al Henry James de las distancias largas. De momento, el de "Una vuelta de tuerca" me encanta, aunque entiendo lo que dices sobre no disfrutarlo como un relato de terror. A mí me parece más interesante la ambigüedad de la voz que el hecho de dar miedo en sí. Además, esta obra ha influido tanto en otros autores que ya nos conocemos bastante bien por dónde va. Él no quiso caer en lugares comunes, pero los creó para la posteridad.

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