21 abril 2016

Manifiesto incierto I. Con Walter Benjamin, soñador abismado en el paisaje - Frédéric Pajak



Edición: Errata naturae, 2016 (trad. Regina López Muñoz)
Páginas: 192
ISBN: 9788416544066
Precio: 19,00 €

Resulta curioso que las palabras parezcan una necesidad, un consuelo, al mismo tiempo que encarnan una equivocación, un desliz, una fuente de incomprensión. Me dejan perplejo y consternado la desenvoltura oratoria, esas bocas llenas de sí mismas, esas voces que lucen, que proclaman alto y claro su pertenencia a la «realidad» —quiero decir a la autoridad—. Naturalmente, ante este vasto ruido demasiado bien ordenado se abren abismos, y no me creo ni una palabra. Creo en el balbuceo, en la palabra hecha añicos entre sus zarzas y su maleza. Creo en una verdad total y absoluta, y perfectamente inefable.

Es más difícil explicar cómo son los libros de Frédéric Pajak (Suresnes, Francia, 1955) que acercarse a una librería, hojearlos y descubrirlo por uno mismo. El autor escribe y dibuja, el texto dialoga con las ilustraciones —siempre en blanco y negro, oscuras, como de periódico antiguo, siempre reproducciones de lugares y personas, siempre con un aire entre melancólico y triste, evocando una época del pasado—, pero esa no es su mayor particularidad. Algunos lo han bautizado como «ensayo gráfico», aunque tampoco se trata de un ensayo convencional acompañado de imágenes. En La inmensa soledad (2011; Errata naturae, 2015), la publicación con la que se dio a conocer en España, Pajak entremezcla vivencias personales con episodios de la vida del filósofo alemán Friedrich Nietzsche y el escritor italiano Cesare Pavese, todos ellos vinculados a la ciudad de Turín, donde Nietzsche perdió la razón y Pavese se suicidó. Para llevar a cabo este singular collage (de épocas, orígenes, ideas y géneros), combina la narración, entre biográfica, íntima y reflexiva, con citas de la bibliografía de los protagonistas o de quienes han hablado sobre ellos. No aspira a trazar un retrato completo, sino a construir un discurso único gracias a esta mezcla de elementos concebida con verdadera maestría.
Cada ser humano es un pedazo de carne palpitante de nuestra humanidad. Carecemos de valor, porque nada valemos. Nuestra palabra es vana. Por eso hablamos de más.
Pajak utiliza la misma técnica en Manifiesto incierto (2012; Errata naturae, 2016), obra magna y ambiciosa que comenzó a planificar en su juventud y por ahora cuenta con cuatro volúmenes, de los que este año se ha traducido el primero. Si explicar cómo son sus libros es difícil, concretar de qué van no se queda atrás. En esta ocasión, el centro de la narración, además de sí mismo, es el filósofo Walter Benjamin. Sin embargo, al igual que ocurría en La inmensa soledad, no se puede tildar de obra sobre Benjamin. Lo que hace Pajak es más original que una biografía al uso. Su punto de partida es la vulnerabilidad del ser humano frente a los totalitarismos. Los que experimentó Pajak en su infancia, cuando vio a un compañero atizar a una niña judía, o en su juventud, cuando viajó a la Italia de los años de plomo. Ahí se empezó a gestar este manifiesto. Las ideologías, también, que marcaron la trayectoria de Benjamin, judío y marxista, que no pudo regresar a Alemania tras el ascenso de Hitler al poder. Pero, de nuevo, tampoco es una crónica sobre el nazismo. Más bien se trata de una aproximación al modo en que la opresión se cierne sobre la vida, la de los años treinta o la de hoy, porque el fascismo no termina con el fin de las dictaduras: es asimismo una elección individual que se expresa a través del comportamiento.
Podemos amar el trabajo, la rigidez de los gestos obligatorios. Podemos también amar el caos, la duda, la torpeza, el error. Podemos amar no elegir, o incluso elegir no elegir.

Frédéric Pajak
La predilección de Pajak por hombres «atormentados» de la intelectualidad europea no pasa desapercibida. Él mismo, según sus narraciones, también se considera como tal. Quizá de ahí surgen los dibujos sombríos y el tono pesimista de la escritura. Sus obras son profundas, introspectivas; el resultado de alguien acostumbrado a mirar hacia dentro, a no quedarse con la primera impresión. Por eso traza perfiles tan personales, por eso sabe relacionar lo que en apariencia no tiene ningún vínculo. Épocas, personas, lugares, idiomas. Este Manifiesto incierto se compone de fragmentos breves, que comprenden desde observaciones sobre lo cotidiano (como la estancia de Benjamin en Ibiza) a meditaciones existenciales, pasando por las referencias a otros artistas o pensadores que complementan la narración. El autor lo define como una «evocación de la historia borrada y de la guerra del tiempo» (p. 10). Además de «evocación», se podrían añadir palabras como «diálogo» o «encuentro»: construye un discurso con sentido pleno a partir de la historia y de sí mismo, de modo que dialoga, crea un punto de encuentro literario, establece un nexo entre ambos. Y ese nexo, en este Manifiesto incierto, se llama duda, desencanto, horror.
Citas en cursiva de las pp. 22, 87 y 102.

4 comentarios :

  1. Siempre descubriéndome libros, autores... Y siempre dejándome con ganas.
    Besotes!!!

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    Respuestas
    1. Pajak ya tuvo cierto éxito el año pasado con "La inmensa soledad" (fue portada de Babelia, si no recuerdo mal). Tanto este como el nuevo son muy interesantes.

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  2. Hola

    Ahora que reseñas el libro con detalle, me reafirmo en lo que dije en la post que comentabas que era un libro recomendable, sin duda es un libro que buscaré, La combinación de dibujo, literatura y política/filosofía se me hace irresistible. Gracias

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    Respuestas
    1. Sí, es bueno, muy bueno. Una combinación de dibujo, texto, reflexión y biografía muy bien concebida.

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