19 septiembre 2016

Mujeres excelentes - Barbara Pym

Edición: Gatopardo, 2016 (trad. Jaime Zulaika)
Páginas: 320
ISBN: 9788494510007
Precio: 20,95 € (e-book: 9,99 €)

Entre las recuperaciones más importantes que ha llevado a cabo Gatopardo hasta el momento, figura Barbara Pym (1913-1980), una escritora inglesa fundamental de la segunda mitad del siglo XX, a quien Anne Tyler ha «emparentado» nada menos que con Jane Austen, Elizabeth Bowen y Elizabeth Taylor (soul sisters); y que cuenta con admiradores ilustres, como Philip Larkin. Barbara Pym, que estudió Literatura inglesa y trabajó en el Instituto Internacional Africano de Londres —de esta experiencia surge la inclusión de antropólogos en sus libros—, consiguió un considerable éxito en los años cincuenta, época en la que publicó algunas de sus novelas más reconocidas, como Mujeres excelentes (1952), Jane y Prudence (1953) y Los hombres de Wilmet (1958). Después de este periodo dorado, no obstante, cayó en el olvido y, desanimada, dejó de escribir. Todavía le esperaba una sorpresa: en 1977, Philip Larkin y el crítico lord David Cecil reivindicaron su obra, lo que renovó el interés por ella y pudo publicar de nuevo. De esta última etapa, sobresale Murió la dulce paloma (1977). Barbara Pym fue editada en España por Anagrama y Lumen, pero los cuatro títulos traducidos se encuentran descatalogados, por lo que este rescate de Mujeres excelentes es una feliz noticia.
Barbara Pym cultivó la comedia de costumbres, género inglés por excelencia, si bien en su trasfondo se aprecia una amargura camuflada bajo el arrollador sentido del humor. En Mujeres excelentes nos habla Mildred, una treintañera que, en la ciudad de Londres de posguerra, ha asumido su rol de mujer soltera. Tras la muerte de su padre, un vicario y el único familiar que le quedaba, Mildred reparte su tiempo entre los amigos de toda la vida (el vicario Julian Malory y su hermana Winifred, también solteros), las tareas de la parroquia y las obras de beneficencia. Vive sola y, al menos a ojos de los demás, se siente satisfecha con su pequeño mundo y no espera que nada cambie. El cambio, sin embargo, llega sin avisar con la entrada en escena de sus nuevos vecinos: los Napier, un matrimonio poco convencional. Ella, Helena, es antropóloga: una mujer culta e inquieta, sarcástica y poco «femenina» en el sentido tradicional del término. Él, Rocky, es un tipo encantador que sabe hacer sentir cómoda a cualquier persona del sexo opuesto, salvo a su esposa, con quien tiene una relación de todo menos romántica. Además de los Napier, la llegada de Allegra, una viuda atractiva que dista mucho de estar compungida, trastocará asimismo las vidas de Mildred y sus amigos.
Con el clásico motivo de lo foráneo como desencadenante de la acción, Barbara Pym construye una novela fresca e irónica sobre la ruptura de una zona de confort, una novela sobre los límites en los que una soltera parroquiana enmarca su rutina, y sobre la mezcla de miedo y atracción que provoca lo desconocido. Mildred es discreta y jovial, acostumbrada a la tranquilidad; el tipo de mujer de quien los demás esperan que prepare una taza de té para calmar los ánimos cuando es preciso a nadie le gusta realmente que le digan que es un encanto. Hay en el hecho de serlo una impronta de debilidad y de tontería», p. 160). Los recién llegados encarnan, en cambio, un rol diferente que produce un impacto en ella: por un lado, la inteligente Helena Napier y la coqueta Allegra representan formas de feminidad desconocidas para ella, por su experiencia amorosa y, en el caso de la primera, por su naturaleza intelectual que llama la atención de la protagonista; y, por el otro, los hombres —Rocky Napier y algún otro que se cruza en su camino— le hacen plantearse la posibilidad del amor. Ella sabe que no encaja con determinados personajes, pero su don de gentes le permite trabar amistad con facilidad y moverse sin vergüenza en ambientes que le resultan ajenos.
En apariencia, Mildred es lo que ella denomina una «mujer excelente». No, no se echa flores, más bien al contrario: la mujer excelente es diestra en las tareas domésticas, colabora con iniciativas solidarias y se muestra generosa con los demás. «Una persona sensata, sin intereses personales» (p. 187), así la describe un personaje. La amiga con la que se puede contar, la parroquiana fiel, la chica que se desenvuelve en cualquier situación. Y, con todo, su voz destila una infelicidad recóndita, una insatisfacción que ha aprendido a dominar con los quehaceres cotidianos. Esta mujer se define también por lo que le falta: «No eran las mujeres excelentes las que se casaban sino las personas como Allegra Gray, que no sabía coser, y Helena Napier, que lo dejaba todo sin fregar» (p. 208). La revelación del malestar se produce cuando se empieza a plantear el amor, ella, tan inexperta, tan torpe en este terreno («El amor era una cosa bastante terrible […]. No era quizá mi sueño dorado», p. 127). No obstante, la posibilidad del romance solo es el pretexto para ahondar en una espina más profunda: la toma de conciencia de que su vida ha girado siempre en torno a los demás. Apenas se ha permitido pensar en sí misma, en lo que de verdad desea. La historia de Mildred no es la aventura fogosa de una solterona que termina felizmente casada, sino una búsqueda más sutil. Gracias a la expansión de su red de contactos, Mildred puede reconstruir su identidad y, quizá, dejarse llevar por sus impulsos, dejar de ser tan «excelente».

Barbara Pym
Esta trama tan sencilla se engrandece por la prosa de Barbara Pym, una verdadera artesana de las palabras: la fina ironía, las observaciones ácidas y la capacidad de Mildred para reírse de sí misma hacen de Mujeres excelentes una novela simpática y fabulosa, un ejemplo de narrativa de gran alcance pero no por ello de menor hondura literaria. No se trata de una comicidad banal, sino que el humor se emplea a la manera de Jane Austen, como una herramienta para hacer un retrato social y desvelar con ingenio las inseguridades de los personajes ante circunstancias que los descolocan. El manejo del diálogo es brillante, así como la primera persona de Mildred, tremendamente fluida y vivaz. Hay muchos, muchos motivos por los que leer esta novela, pero tal vez el mejor de todos es también el más simple y directo: os lo pasaréis muy, muy bien.

7 comentarios :

  1. Le tengo muchas ganas, espero hacerme con este libro pronto.

    Besos.

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    1. Lo vas a disfrutar mucho, estoy segura. ¡Ya me contarás!

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  2. ¡Hola!

    Hace poco leí una reseña tuya sobre otro libro publicado por esta editorial y me dijiste que este libro te había gustado aún más. Después de leer la reseña, veo que es un libro interesante, pero me sigue llamando más la atención "Una vista del puerto", así que creo que empezaré por ahí aunque no descarto seguir por este. ¡Gracias por la reseña!

    Un saludo imaginativo...

    Patt

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    1. Los dos están muy bien. Espero que disfrutes del de Elizabeth Taylor, ya me dirás :).

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  3. No paras de descubrirme joyitas y tentarme con tus reseñas!
    Besotes!!!

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    1. Este libro en particular creo que podría gustarte mucho. Barbara Pym escribe tan bien, es tan irónica... que te lo pasas genial leyéndola.

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  4. Me ha encantado Mildred, tan inteligente como para darse cuenta de que su vida puede ser algo mas si es capaz de explorar los limites de su rutina y al mismo tiempo con la suficiente confianza en si misma para no idealizar las vidas de las mujeres "distintas" con las que se relaciona.
    Y esa delicada ironia de la autora con la que denuncia esa continua posicion subordinada de las mujeres, que sin un marido en su vida no son nada

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