09 octubre 2016

Sobre los huesos de los muertos - Olga Tokarczuk



Edición: Siruela, 2016 (trad. Abel Murcia)
Páginas: 240
ISBN: 9788416638802
Precio: 18,95 € (e-book: 9,99 €)

Crecí en una época maravillosa que por desgracia ya es historia. Una época en la que había una gran disposición a los cambios y existía la capacidad de concebir visiones revolucionarias. Hoy ya nadie tiene el valor de imaginar nada nuevo. Se habla sin cesar de cómo son las cosas y se retoman ideas antiguas. La realidad ha envejecido, se ha anquilosado porque está sometida a las mismas leyes que todo organismo viviente: también envejece. Sus más minúsculos componentes, los significados, sufren el mismo tipo de apoptosis que las células del cuerpo. La apoptosis es la muere natural provocada por el cansancio y el agotamiento de la materia. En griego, la palabra significa «caída de pétalos». Al mundo se le han caído los pétalos.
Pero pronto debe llegar algo nuevo. Siempre ha sido así, ¿no es divertida la paradoja?

La prestigiosa escritora polaca Olga Tokarczuk (1966) —de quien solo se ha traducido al castellano Un lugar llamado antaño (1996; Lumen, 2001), su obra más reconocida, y la presente novela— firma en Sobre los huesos de los muertos (2009; Siruela, 2016) una original historia de tintes policíacos con un trasfondo ecologista, un tema muy oportuno en la actualidad. Su narradora es Janina Duszejko, una ingeniera retirada que imparte clases en una escuela rural del suroeste de Polonia. «He llegado a una edad y a un estado en que cada noche antes de acostarme debería lavarme los pies y arreglarme a conciencia por si tuviera que venir a buscarme la ambulancia» (p. 11), cuenta Janina, una ermitaña apasionada de la astrología y volcada con la defensa de los animales. A pesar de sus problemas de salud, que se dejan entrever con sutileza, conserva la fuerza necesaria para meter la nariz en la investigación de unos extraños crímenes que se están produciendo en la región. Todos tienen, a su juicio, un denominador común: los hombres asesinados fueron crueles con los animales.
Esta pequeña intriga se pone al servicio de la poderosa voz de la protagonista. Sobre los huesos... no pretende ser una novela policíaca —la trama de misterio como tal resulta bastante parca; más bien parodia el género—, sino una obra con vocación literaria en la que dar rienda suelta a un personaje extravagante de ideas peculiares. Janina, de entrada, no encaja en el perfil que suele despertar simpatía en el lector, pero con el ingenio y el buen pulso de la autora lo seduce de inmediato. Es una señora de pocos amigos, que vive medio aislada, compra ropa de segunda mano, utiliza métodos de enseñanza muy suyos y dedica su tiempo libre a hacer cartas astrales y a traducir poemas de William Blake. Y, por supuesto, adora los animales, sus perras han sido su mejor compañía en los últimos años. Como las personas acostumbradas a la soledad, tiene un carácter intransigente y no para hasta salirse con la suya, aunque esto implique entrometerse en las indagaciones de la policía. Maniática, retorcida, tozuda. Algunos la tachan de loca y, en efecto, Janina rezuma ambigüedad. Es una narradora no fiable, a caballo entre la seguridad que desprende su voz, que invita a confiar en ella, y el desconcierto que provocan las alusiones a su salud o a sus inquietantes sueños.

Si no la conociera bien [a la escritora], seguro que habría leído sus libros. Pero como la conocía bien, rehuía su lectura. ¿Qué haría si encontraba que me describía con palabras que me hubiera resultado imposible comprender? O que se refería a mis lugares preferidos, que para ella representan algo totalmente diferente de lo que son para mí. Las personas como ella, que manejan la pluma, pueden ser peligrosas. Inmediatamente pensamos que son hipócritas, que nunca se comportan con naturalidad, sino que nos observan de forma permanente y que todo aquello que ven lo transforman en frases; de esa manera le arrancan a la realidad su aspecto más importante: lo inexplicable.

La protagonista interpreta el mundo, a los demás y a sí misma a través de los movimientos de los astros —de hecho, tal vez se excede con las divagaciones sobre el asunto—. Esta presencia del esoterismo tiene su razón de ser: además de potenciar la singularidad de Janina (es irónico que una mujer cultivada, ingeniera para más inri, crea con fervor en la astrología), el tema insinúa una atracción por lo desconocido, por lo que escapa al control humano. Ella rechaza el dominio que el ser humano ejerce sobre la naturaleza; la búsqueda de sentido en los astros refuerza su creencia de que las personas ignoran el funcionamiento del universo, de la vida, y por lo tanto carecen de autoridad para imponer sus leyes en el mundo. Y no solo eso: desde el principio, Janina se presenta como una anciana achacosa. Aunque intente restar importancia a su estado, hasta el punto de afirmar que la enfermedad puede ser fuente de lucidez A veces, me digo a mí misma, no hay nada más sano que un enfermo», p. 82), no hay que olvidar que piensa en la muerte y, quizá por eso, necesita encontrar otras formas de comprender la realidad. Ese miedo encubierto se retroalimenta con sus fuertes convicciones sobre el comportamiento de los humanos, y el resultado es explosivo.
No he leído Un lugar llamado antaño, pero, en Sobre los huesos…, Olga Tokarczuk hace gala de un estilo vigoroso y socarrón, con un humor cargado de mala leche y una ligera ternura que solo se entrevé en los momentos precisos; una voz perfecta para un personaje excéntrico. Un ejemplo de su singularidad reside en los nombres que pone a sus conocidos, apodos inventados según el rasgo que le resulta más llamativo, que siempre les da un aire cómico (Pie Grande, Pandedios, Buena Nueva, el padre Susurro). Janina es muy suya, ya lo dije. Hablando de los secundarios, la novela también se lee como una historia en la que una serie de personajes, todos raros y solitarios, poco proclives a hablar de su pasado, se encuentran y traban amistad. Entre ellos se cuentan otro ermitaño como Janina, un ex alumno metido a traductor, una dependienta de origen muy humilde y una escritora que se establece en la montaña por temporadas (no falta alguna reflexión sobre su profesión). La acción se sitúa en una región rural, prácticamente despoblada, por lo que el contacto humano escasea y cada uno vive a su manera, con sus neuras y secretos Más que las enfermedades mortales, son los grandes años de desdichas los que degradan a las personas», p. 20). El retrato de esta minúscula red de relaciones al margen de la sociedad urbana es otra clave de la obra.

Nuestra falta de imaginación se demuestra en los nombres y los apellidos que usamos públicamente. Nadie los recuerda nunca, están tan alejados de la persona que deben representar y son tan banales que no aluden para nada a esa persona. […] Por eso trato de no usar nunca nombres ni apellidos reales, sino esos términos que nos vienen a la cabeza de modo espontáneo cuando vemos a alguien por primera vez. Estoy convencida de que es la mejor forma de usar la lengua y no eso de lanzarse palabras desprovistas de significado. […] Yo creo que cada uno de nosotros ve al otro a su manera, así que tiene derecho a darle el nombre que considere apropiado y que corresponda mejor a esa persona. Y así tendríamos varios nombres. Tantos como el número de personas con las que entablamos una relación.
Olga Tokarczuk

Janina es una narradora tan soberbia que tengo la impresión de haber escrito una reseña sobre ella más que sobre el libro. Su astucia, su conducta deliciosamente ambigua… Se adueña de todo, lector incluido, con una introspección magistral. Divierte de un modo inteligente gracias a la mordacidad de su voz, una voz cautivadora y briosa que mantiene la tensión de principio a fin aunque el desenlace se adivine antes. Olga Tokarczuk denuncia de forma amena y sin tono panfletario los abusos del ser humano en la naturaleza, pero a la vez se ríe de los animalistas radicales que se toman demasiado en serio el activismo («De un país dan fe sus animales. Nuestra actitud hacia ellos. Si la gente se comporta brutalmente con los animales, no hay democracia que pueda ayudarlos», p. 96). Quizá el desarrollo de la trama es un poco irregular, en parte por las excesivas explicaciones sobre astrología, en parte por la resolución un tanto simple del conflicto. También se podría haber trabajado mejor el papel de los secundarios, que, pese a estar bien caracterizados, tienen una implicación poco decisiva en el relato. En cualquier caso, Sobre los huesos de los muertos es una buena propuesta, escrita con picardía, reflexiva y con un pertinente trasfondo de conciencia social. Ojalá en España podamos leer muchos más títulos de Olga Tokarczuk.
Gracias a Agnieszka por recomendarme a la autora.
Citas en cursiva de las páginas 59, 54 y 27, respectivamente.

8 comentarios :

  1. No conocía a la autora y aunque había visto la novela entre las novedades de Siruela no me había llamado la atención. Una buena reseña siempre ayuda a cambiar de opinión:)

    La verdad es que la protagonista que describes no se parece en nada a lo que se espera en una novela de misterio, lo que es un alivio. Además, creo no haber leído nada de literatura polaca, a pesar de tener a un par de autores pendientes (Stanislaw Lem, Wislawa Szymborska y Jerzy Kosiński).

    Siempre es un placer descubrir nuevos autores y si son de países con los que no se está especialmente familiarizado, mejor todavía:) Me llevo tu recomendación.

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    1. Yo tampoco me habría fijado en ella de no ser por la recomendación de Agnieszka. No es el tipo de libro que suelo leer, pero encontré una voz narrativa potente y eso siempre se disfruta. En fin, a veces los blogs son muy útiles para descubrir a autores, sobre todo a los que no cuentan con grandes campañas de difusión.

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  2. Me alegro de que te haya gustado la novela. En realidad no es lo más típico de la autora cuya narrativa suele ser muy reflexiva, casi filosófica, aunque no hermética. Por eso su éxito, creo.

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    1. Debe de ser muy interesante. He localizado algún ejemplar de segunda mano de "Un lugar llamado antaño"; creo que me animaré a leerla.

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    2. Me parece increíble que no se hayan traducido más obras de ella al español.

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    3. Desde luego, Tony. Aunque los editores no sepan polaco, la podrían leer en su traducción al francés, por ejemplo (en este idioma sí que hay más libros suyos disponibles).

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  3. Vaya, yo lo comencé este sábado pasado y a los pocos capítulos decidí abandonarlo. Demasiado ambiguo y la protagonista terminó agotándome.

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    1. A mí, en cambio, me pareció muy amena y solo me cansó un poco en los últimos capítulos, cuando las descripciones astrológicas se me hicieron cargantes. En fin, tiene que haber opiniones de todo tipo :).

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