07 febrero 2018

Conjunto vacío - Verónica Gerber Bicecci

Edición: Pepitas de calabaza, 2017
Páginas: 200
ISBN: 9788415862871
Precio: 16,50 €
Tengo talento para empezar. Me gusta esa parte. Pero la salida de emergencia está siempre a la mano así que también me resulta relativamente fácil saltar al vacío cuando algo no me convence. Emprendo la huida hacia la nada a la menor provocación. Por eso esta vez no quiero preámbulos, intentaré evadir el comienzo, ya tengo demasiados. Estoy cansada de los preludios y el único momento al que podría volver con cierta seguridad es a aquel desenlace, a aquel rompimiento que lo cambió todo en primer lugar, que me convirtió en una desertora, en una compiladora de historias irremediablemente truncas.
La mexicana Verónica Gerber Bicecci (1981) se define como una «artista visual que escribe». Su primera novela, Conjunto vacío, que se publicó en México en 2015 con una excelente acogida por parte de la crítica, es un experimento que rompe las estructuras de la narrativa tradicional. Combina la escritura (párrafos breves, a veces de una sola frase) con gráficos (diagramas de Venn, unos esquemas con forma circular que se emplean en la teoría de conjuntos y remiten asimismo a la naturaleza cíclica de la vida, en contraposición al orden cronológico de planteamiento, nudo y desenlace), entre otros recursos (anagramas, dibujos, hojas de observación, cartas). Explicado así, tal vez parezca un tanto enredado, complicado en exceso. Me imagino a algunos lectores pensando: «Yo lo que quiero es una historia emocionante». Y Conjunto vacío lo es, solo que no narra una «historia» con las herramientas habituales. Parte de la idea de que «Hay cosas, estoy segura, que no se pueden contar con palabras» (p. 117), y este diálogo entre letras y líneas, entre espacios blancos y negros, funciona. No pierde veracidad literaria, sino que la refuerza. Recientemente ha recibido el Premio Cálamo Otra Mirada, ex aequo con Kanada (2017), del español Juan Gómez Bárcena; el nombre del galardón no puede ser más idóneo en este caso.
«Mi expediente amoroso es una colección de principios» (p. 9). Nos habla Verónica, artista visual y alter ego de la autora. El libro ahonda en esos principios sentimentales, esas historias truncadas que se quedaron en un comienzo. Por un lado, la ruptura con su última pareja. Por el otro, el trauma familiar: la ausencia de la madre, exiliada argentina, que regresó a su tierra tiempo atrás y los dejó, a ella y a su hermano, solos con el padre. ¿Cómo se relaciona esto con los diagramas que acompañan al texto? Cada individuo se representa como un conjunto. Cuando dos personas están unidas, sea cual sea el vínculo que las une, hay nexos, puntos de unión, los dos círculos se tocan. Pero cuando alguien decide alejarse, deja un vacío en el otro, le «arranca» un trozo de sí mismo. La teoría de conjuntos sirve como metáfora ilustrativa de las pérdidas que nos conforman: los vacíos imborrables, como la madre, y los sustituibles en potencia, como el del novio («Cuando un suceso es inexplicable se hace un hueco en alguna parte. Así que estamos llenos de agujeros, como un queso gruyere. Agujeros dentro de agujeros», p. 44). Plantea una reflexión en torno a la identidad y las relaciones con los demás, lo que somos por nosotros mismos y lo que somos en compañía de, los conjuntos que se transforman. El tema trasciende a la narradora Verónica, porque nos atañe a todos. Ese es su gran acierto: usar un lenguaje creativo para expresar conceptos tan íntimos como universales.
Esta plasticidad va ligada a su conciencia de creadora marginal. A la protagonista le encargan ordenar los papeles de una escritora ya fallecida, exiliada como su madre, una autora de segunda fila que publicó poco y no consiguió mucho prestigio. De algún modo, Verónica se identifica con ella: ambas son mujeres del mundo de las artes que encauzan su carrera al margen del circuito dominante, ignoradas por el público y conscientes de que nunca llegarán a lo más alto. El paralelismo entre la escritora olvidada y la joven artista visual está muy bien encontrado, y enlaza con su apuesta formal alternativa. Al renunciar al relato lineal (en el que todo se entiende, todo está ordenado), la autora expresa la imposibilidad de entenderlo todo, de dotar cada acto de sentido; una mirada desconfiada propia de la posmodernidad. La vida se compone de cortes, confusión, desorden, intentos, reescrituras, parches. Los garabatos, los gráficos y los juegos retóricos son su manera de representar esa amalgama que nos define («Siempre estamos haciendo un dibujo que no alcanzamos a ver por completo. Solamente tenemos un lado, una arista de nuestra propia historia, y el resto permanece oculto», p. 26). Además, esta «trama» introduce al personaje del hijo de la escritora, con quien la protagonista tiene la oportunidad de llenar el vacío que dejó su ex y construir un nuevo conjunto (el concepto de colección de principios, no lo olvidemos).
Verónica Gerber Bicecci
En ocasiones, los libros muy experimentales corren el riesgo de quedarse en pura exhibición técnica, con un fondo endeble y sin «alma». No es este el caso de Conjunto vacío: no solo se trata de una obra original, fresca e innovadora como pocas, sino que conmueve con su verdad literaria y su voz. El estilo esmerado y preciso de Verónica Gerber Bicecci (que regala muchos pasajes para apuntar) da en la tecla que subyuga al lector, y demuestra que con el lenguaje matemático se pueden abordar las relaciones afectivas y hacer, en suma, literatura de calidad. Muy inteligente. Esta escritura íntima, desde un «yo» que se fragmenta siguiendo recorridos literarios fuera de lo común, se asemeja a otras novelas recientes, como Este es un libro sobre amor (2014), de Paula Gicovate, o El cielo oblicuo (2015), de Belén García Abia, si bien cada autora le da (por supuesto) su personalidad, su huella. En fin, no faltan propuestas distintas (y logradas) entre la narrativa contemporánea para quien las quiera descubrir. Conjunto vacío es un pequeño gran libro que crece página tras página e invita a la relectura. Un hallazgo.

Fragmento inicial en cursiva de la página 9.

4 comentarios :

  1. Pues de primeras no me hubiera fijado en este libro, sinceramente, pero después de leerte, no la descarto. Creo que llegaría a disfrutarla.
    Besotes!!!

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    1. Está muy bien, Margari. Al redactar la reseña y releer los fragmentos que apunté me han dado ganas de leerlo de nuevo. Me parece que es un libro que crecerá con la relectura, tiene frases brillantes.

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  2. La leeré. Me interesa la literatura latinoamericana escrita por mujeres. Tan olvidada.

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    1. Estos últimos años se les está dando más visibilidad. Ojalá la tendencia se mantenga, están apareciendo autoras muy interesantes.

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