15 febrero 2018

El contagio - Walter Siti

Edición: Entre Ambos, 2017 (trad. Carlos Vitale)
Páginas: 336
ISBN: 9788416379071
Precio: 21,90 €

Walter Siti (Módena, 1947), escritor, crítico y ensayista italiano de larga trayectoria, que cuenta en su haber con el prestigioso Premio Strega por la novela Resistere non serve a niente (2012), entre otros reconocimientos, permanecía inédito en castellano hasta que la editorial Entre Ambos recuperó El contagio (2008), que ha sido adaptada el cine bajo la dirección de Matteo Botrugno y Daniele Coluccini. En este libro sin concesiones, lleva a cabo una radiografía social descarnada de un barrio de la periferia de Roma; una estampa muy distinta al esplendor con que se suele representar la ciudad como reclamo turístico. El foco se sitúa en un edificio; los protagonistas son sus inquilinos, que van y vienen a lo largo de los años. Personas de clase humilde, en general, pero también algún burgués que, en esta época de individualismo y libertad de elección, se mezcla por voluntad propia con el populacho y se deja contagiar sus formas toscas, su léxico vulgar y su naturaleza febril, proclive al enfrentamiento, a la pasión exaltada.
No es casualidad que Siti sea, además, un gran especialista en la obra de Pier Paolo Pasolini, que en títulos como Chavales del arroyo (1955) retrató la degradación de los jóvenes de baja extracción en la Roma de posguerra. Siti, con una mirada asimismo etnográfica, adapta su método para plasmar el «espíritu» de las barriadas en nuestros tiempos. Con una construcción coral, se suceden las escenas sobre los diversos personajes, como una cámara que los sigue de cerca: Marcello, un tipo físicamente atractivo, asiduo a la noche y otros vicios; Gianfranco, vendedor de droga y miembro de un matrimonio desastrado; Attilio, el hombrecillo maduro y sombrío que vive con su madre, envejecido, repelente, que a todos desprecia y por todos es despreciado; Bruno y su esposa, Flaminia, ella de familia cultivada, más tranquila, más ordenada, él un compañero de fatigas y amante furtivo de los hombres de su entorno; Fernanda, la prostituta brasileña, que maneja a su antojo al Trompo, loco por ella; Francesca, una mujer discapacitada pero muy observadora, pendiente de todos y de todo. Y luego vienen otros; la estabilidad no es la marca de la casa en estos hogares.
Más que una narración, El contagio es un estudio de caracteres. Además de por su hondura psicológica (personajes muy bien perfilados, ricos en matices, que denotan una capacidad de análisis extraordinaria), se caracteriza por crear una sensación de desasosiego colectivo, de fastidio, ira, rabia; un clima de irritación creciente en el que los ritmos difieren por completo del modelo promovido por la élite dominante. En otras palabras, este vecindario constituye un microcosmos propio, cuyas aspiraciones se alejan, y mucho, de la llamada noción de progreso. He aquí los residuos del neoliberalismo, los desechos de esta sociedad desigual, que no se abordan desde la compasión ni con una voluntad «salvadora», sino en toda su crudeza de personajes abocados al abismo y a la desesperación. Destaca la tendencia a la doble vida, con la consiguiente manipulación del otro, por parte de muchos protagonistas. Este retrato social se define por la turbiedad, la impudicia, el patetismo, la precariedad (esto último, en más de un sentido). En los bajos fondos, la humanidad se deshumaniza.

Walter Siti
Walter Siti es un novelista que bien podría ser tildado de «incómodo». No plantea una novela de costumbres amable ni divertida, sino un trabajo de campo disfrazado de ficción en el que se revela la peor cara del ser humano: drogas, obsesiones, prostitución, violencia, sexo desenfrenado y reprimido, pobreza, inmigración, infidelidad, nocturnidad… Este es un submundo sórdido, duro, embrutecido, los márgenes de la ciudad de los que la clase media aparta la vista; aunque tampoco esta clase se halla a salvo: entre líneas se lee una crítica feroz a las prácticas degradantes que se extienden más allá de su hábitat natural a priori. Se trata, en suma, de un libro de alto voltaje, rotundo, intenso de principio a fin, que no da tregua a los personajes sino que, al contrario, los lleva al límite. Mención aparte merecen los episodios en los que el autor juega con los protagonistas e «inventa» relatos a modo de ejercicio metaliterario. Los lectores que aprecian el enfoque antropológico sobre el mundo que nos rodea lo disfrutarán.

8 comentarios :

  1. Pues como la vida misma (o parte de ella). Ahora mismo le echo un ojo, gracias!

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  2. No suele gustarme este tipo de historias. Demasiada crueldad y demasiada realidad...

    Besos!

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    1. No es un libro fácil, en efecto. Por suerte, ¡hay tanto donde elegir...! :)

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  3. Pues creo que me gustaría, pero es que ya son tantos pendientes... Ya son muchos caprichos...
    Besotes!!!

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  4. ¡Hola!
    Me pasa como a Margari, que tengo muchos pendientes, pero me lo apunto por si acaso XD
    Este tipo de historias me llaman mucho, y más siendo de barrios así, que me recuerdan al mío.
    ¡Un saludo!

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    1. Sí, ese barrio no es muy diferente a los de aquí. Las historias costumbristas italianas, en general, tienen bastante en común con las nuestras.

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