27 marzo 2018

Pequeño país - Gaël Faye

Edición: Salamandra, 2018 (trad. José Manuel Fajardo)
Páginas: 224
ISBN: 9788498388350
Precio: 18,00 € (e-book: 11,99 €)

La primera novela del cantante y compositor Gaël Faye (Buyumbura, Burundi, 1982), Pequeño país (2016), que ha vendido más de 700.000 ejemplares en Francia y ha recibido el Premio Goncourt des Lycéens, toma como marco el universo de su infancia. Es habitual que un escritor novel se inspire en sus recuerdos para construir su ópera prima; lo que no resulta tan habitual (al menos, para un lector de Occidente) son las circunstancias en las que se desarrolló la niñez de este autor en concreto: en 1995 huyó a Francia junto a su familia como consecuencia de la guerra civil burundesa y el genocidio del estado vecino, Ruanda. El protagonista del libro, llamado Gaby, es, como Gaël Faye, hijo de padre francés y madre ruandesa, establecidos en la capital de ese «pequeño país», Burundi. Nos habla él en primera persona, con la perspectiva de un hombre adulto que mira hacia atrás porque esa infancia rota aún le duele. Decide viajar a su tierra natal, para ajustar cuentas con el pasado, y de este modo reconstruye los acontecimientos que precipitaron su huida y supusieron su pérdida de la inocencia.
Gaël Faye muestra cómo la «normalidad» en la vida de un niño de diez años se resquebraja sin que tenga tiempo de asumir lo que está ocurriendo. En un principio, Gaby lleva una existencia tranquila, junto a sus padres (más adelante divorciados), su hermana pequeña y su pandilla. Tanto él como sus amigos pertenecen a la población privilegiada de la ciudad: son mestizos, hijos de padre europeo y madre autóctona, o bien negros, hijos de un autóctono bien situado. Están occidentalizados, en general, aunque por parte de la familia materna les llegan los restos de un sistema de creencias mítico que se resiste a desaparecer por completo. El conflicto étnico entre tutsis y hutus, difícil de entender para el niño, parece lejano, correspondiente a los adultos que vivieron una guerra, no a un muchacho que va al colegio y presume de bicicleta; sin embargo, a medida que se acrecienta la tensión en Ruanda (y se extiende a Burundi), la violencia se instala, a su manera, en el día a día de los pequeños.
La incertidumbre tras el golpe de Estado, la preocupación por los familiares que residen en Ruanda, la radicalización de los jóvenes, el aumento de la rabia entre compañeros de colegio; estos indicios de una guerra inminente van invadiendo la cotidianeidad del protagonista, que observa la realidad con ojos de niño mimado que, sumergido en los libros (por aquel entonces se convierten en un refugio con el que evadirse, aunque la «evasión» no tiene, por fuerza, connotaciones positivas; significa asimismo encerrarse, retrasar el momento de afrontar unos hechos que lo aterrorizan), se resiste a aceptar que su infancia ha terminado de forma brusca, que la época de la ingenuidad se acabó para siempre, que ya no puede hacer oídos sordos a lo que está pasando fuera de su hogar. El personaje de Gaby no está concebido como un héroe juvenil que lidia con la adversidad, ni como un niño particularmente prodigioso; tan solo es un muchacho, un muchacho como tantos otros, que tiene miedo. Violencia y miedo: palabras clave de este libro. Nada mejor que una mirada infantil limpia para captar esos cambios sutiles.
El rico elenco que lo acompaña (de la familia a los amigos, pasando por los sirvientes) permite ir más allá de la individualidad de Gaby y esboza una radiografía de la sociedad burundesa en los años noventa, con sus tensiones étnicas, pero también de clase. Este es otro punto destacable: pese a formar parte del círculo acomodado, el narrador no limita la novela a su esfera, sino que presta atención a las desigualdades que sufren los hombres que trabajan en su hogar y los niños pobres. La pandilla de amigos le da mucho juego, por los distintos perfiles de sus integrantes y sus rivalidades con otras bandas; las travesuras de unos chiquillos proporcionan mucha información sobre las jerarquías. Por otro lado, la correspondencia con una niña francesa (uno de esos ejercicios de intercambio promovidos por las escuelas) pone en evidencia, una vez más, la ignorancia de los occidentales con respecto a los países africanos. En una ocasión, ella le pregunta si han recibido los alimentos que donaron; en el imaginario colectivo de Occidente, durante mucho tiempo se ha propagado la imagen de una África llena exclusivamente de niños pobres y desnutridos. En la práctica, Gaby no está tan lejos de los muchachos franceses de su edad: juega, lee, estudia, se enamora. Hasta que llega la guerra; en eso sí se encuentra lejos, muy lejos.

Gaël Faye
No es de extrañar que Pequeño país ganara el Goncourt des Lycéens, cuyo jurado está integrado por adolescentes de entre quince y dieciocho años (y que en otras ediciones ha premiado a autores como Delphine de Vigan, Mathias Énard o Philippe Claudel; en fin, nada de condescendencia): además de un punto de vista con el que se pueden identificar, plantea los temas (genocidio, conflicto étnico, tensión social) con claridad, de tal manera que incluso resulta «didáctico». ¿Cómo? Con la poderosa verdad literaria de una historia bien narrada. Sin alardes ni experimentos; un estilo sencillo, cálido y preciso, con suaves toques poéticos. Gaël Faye se revela como un excelente narrador, que, a través de la mirada de un niño (un niño que se adentra en el mundo de los adultos sin entenderlo todo, que escucha detrás de las puertas, que piensa como un niño pero se da de bruces con una guerra que va muy en serio y lo arrasa todo), evoca un periodo convulso de la Historia reciente. Quizá flaquea en las últimas páginas, acerca del retorno, que podría haber desarrollado más. En cualquier caso, solo se trata de una minucia que no desluce el conjunto: Gaël Faye ha escrito una novela preciosa.

7 comentarios :

  1. Leí este libro hace un par de semanas He de reconocer que me encanto y lo he dejado y recomendado a un par de personas. La historia es preciosa y aterradora. Los personajes infantiles están muy bien retratados y el papel de la madre y su destino tan cruel me resultó aterrador
    Yo desde luego he disfrutado mucho con su lectura y lo recomiendo totalmente

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    1. Perdón por redundar en la palabra aterradora , pero creo que quien lo lea posiblemente coincida conmigo. Pero también tiene situaciones y descripciones deliciosas

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    2. Te entiendo perfectamente. El mundo que retrata es, en efecto, aterrador, pero lo narra con una voz que al mismo tiempo le aporta ternura. Me parece un libro muy fácil de recomendar. Muchas gracias por dar tu opinión; ojalá más gente se anime a descubrirlo.

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  2. "Pequeño país" va a ser mi próxima lectura; espero ponerme con él pronto. Gracias por tu reseña :-)

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    1. Buena elección. ¡Espero que lo disfrutes!

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    2. Creo que también va a ser mi próxima elección en cuanto acabe Los invisibles. Gracias por la reseña.

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    3. Qué bien, Conxi. Espero que te guste.

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