04 junio 2018

Un libro de mártires americanos - Joyce Carol Oates


Edición: Alfaguara, 2017 (trad. José Luis López Muñoz)
Páginas: 824
ISBN: 9788420431680
Precio: 23,90 € (e-book: 12,99 €)

Es probable que Un libro de mártires americanos (2017) pase a la historia como una de las novelas más importantes de Joyce Carol Oates (Nueva York, 1938), y, teniendo en cuenta la vasta bibliografía de la autora, esto es mucho decir. Entre los numerosos calificativos que se le pueden aplicar, destaca el de «pertinente»: no solo ha escrito una obra lograda en términos literarios, sino que da en el clavo en su diagnóstico de la sociedad estadounidense, o, en otras palabras, pone el dedo en la llaga. Siguiendo esa tradición de la «gran novela americana» que sus compatriotas conocen tan bien, Oates plantea conflictos de honda penetración social a partir de la peripecia singular de dos familias contrapuestas que encarnan las polaridades del país. Pese a tratarse de una novela enraizada en su cultura, en parte sus preocupaciones pueden extrapolarse a otros lugares, sobre todo, porque la verdad literaria no está tanto en los hechos como en su indagación en los opuestos, en sus nexos y sus diferencias, y confrontaciones de este tipo las hay, en mayor o menor medida, en cualquier sociedad.

Choque de trenes
El 2 de noviembre de 1999, Luther Dunphy, un evangélico radical, trabajador, asesina con arma de fuego al médico abortista Augustus Voorhees a las puertas de su clínica en Muskegee Falls, Ohio. Dunphy dispara asimismo al acompañante del doctor; una víctima indirecta con la que no contaba (y que será clave). El autor del crimen se pone a disposición de la justicia, a la espera de que se dicte sentencia. Existen posibilidades de que se le condene a muerte, pero no parece importarle; él siente que ha cumplido la «misión» que Dios le ha asignado. Este suceso sirve de desencadenante de la acción, que, además de ahondar en la víctima y su verdugo (con retrospecciones al pasado y episodios en la cárcel), examina la evolución del entorno familiar de ambos después del asesinato (los dos son varones de mediana edad, padres de familia numerosa, con hijos pequeños y adolescentes) y, a la larga, termina por centrarse en las respectivas hijas mayores, que toman el relevo. Transcurren más de diez años, así que hace, también, un recorrido por el cambio de siglo y los Estados Unidos posteriores al 11-S.
Oates siempre ha sido una narradora comprometida con los conflictos del momento, las noticias que causan revuelo. Ha novelado casos de crímenes reales (Hermana mía, mi amor) y, en general, se la puede considerar una especialista en mostrar los tránsitos que conducen a un estallido de violencia. En sus libros, la crueldad nunca es gratuita, sino que se enmarca en el contexto, en los mecanismos de la mente y de los agentes externos que conducen al individuo a la perturbación. Esta novela lo demuestra una vez más: el asesinato del médico en manos de un fanático religioso lleva implícito un debate en torno al aborto, la religión, la pena de muerte y la licencia de armas de fuego, temas candentes en el país. Aunque el lector cultivado tienda a simpatizar de entrada con el médico, vale la pena hacer hincapié en que el culpable tiene asociaciones detrás que lo apoyan; no está solo en su causa, no constituye un caso aislado. No obstante, la intención de Oates no es tanto plantear ese debate (por interesante que sea) como profundizar en las dos formas de estar en el mundo que conviven allí. Más allá de la discusión ideológica, desgrana las costumbres de cada familia, con sus claroscuros.

Los dos Estados Unidos
Demócratas y republicanos, de la ciudad y del campo, ricos y humildes. Las opuestos están ahí, en las familias protagonistas: los Voorhees, liberales, con estudios, de clase media-alta, cosmopolitas, sensibles a las desigualdades; los Dunphy, conservadores, religiosos, trabajadores, sin grandes aspiraciones. Dos familias que no coincidirían nunca, de no haberse cruzado de manera trágica por el atentado. Sin embargo, despojados del revestimiento, yendo a lo básico, tienen puntos en común: son parejas blancas heterosexuales de la misma quinta, con hijos. Oates acierta incluso en el detalle de asignarles una hija «con diferencia» a cada una: los Voorhees adoptaron a una niña asiática, emblema de su pensamiento humanitario, después de tener a sus hijos mayores; mientras que los Dunphy son padres de una niña con síndrome de Down, que les causa no pocos malestares. En muchos sentidos, los Voorhees han podido elegir, han gozado de los recursos y la posición para escoger su camino; los Dunphy, en cambio, se han adaptado a las circunstancias como han podido, han sido más proclives a la inestabilidad (material y psicológica). En suma: no se puede hablar de buenos y malos, no se puede simplificar el caso. No en la mirada incisiva de Oates.
Con todo, los paralelismos entre ellos no se reducen a la familia nuclear. Los hombres se consideran «héroes» a su modo: por un lado, el doctor Voorhees arriesga su vida a conciencia (puesto que había recibido amenazas previamente), convencido de la honradez de su propósito, pensando solo en sí mismo (y sus pacientes), en su carrera, no en el riesgo de que sus hijos crezcan sin él; por el otro, Dunphy, el carpintero tranquilo, un tipo anodino que no sobresale en nada, acomplejado, que, tras sufrir un accidente traumático, se refugia de forma obsesiva en la religión, hasta erigirse en un «soldado de Dios» (sic). Él también actúa sin preocuparse por el futuro de los suyos sin él. Esa es la triste ironía de la novela: los dos hombres se sienten autorizados por una suerte de fuerzas superiores (la ética profesional para uno, la moral para el otro) a actuar como actúan. Luchan por un ideal, que para cada facción resulta igual de válido.
Como consecuencia, las mujeres comparten un rol un tanto «pasivo» con respecto a ellos. Incluso la esposa de Voorhees, profesional cualificada e independiente, presta más atención al hogar, reprocha a su marido que se aleje de ellos (traslados de clínica) y arriesgue la vida por su carrera. La señora Dunphy, por su parte, trabaja como auxiliar de enfermería y vive sometida a la voluntad del esposo desde que se casaron. La evolución de ambas después del crimen es otro punto fuerte: más allá de las crisis por la pérdida, las dos atraviesan dificultades con sus hijos adolescentes, frentes que gestionan de maneras distintas. Los Dunphy, además, están pendientes del futuro de Luther, encarcelado. Los Voorhees también lo están, por razones evidentes, y se enfrentan a una paradoja perversa: siempre se han manifestado en contra de la pena de muerte, al igual que el propio médico, pero ¿qué ocurre cuando la víctima es de su familia, su padre, su marido? Oates pone a prueba a los personajes y al lector.

«La responsabilidad de la ascendencia»
Años después del asesinato de su padre, Naomi Voorhees, una joven estudiante, decide investigar el caso: «Porque estoy tratando de entender… la responsabilidad de una determinada “ascendencia”» (p. 173), reflexiona. Tanto ella como sus hermanos han padecido mucho, no solo por la ausencia del padre, sino por la crisis que provocó en su madre; aquella familia antaño tan unida se quebró. Todos andan desperdigados por el país, y Naomi encontrará su sitio junto a la abuela paterna, una anciana moderna que compartirá con ella algunos secretos del clan. Con los Dunphy ocurre otro tanto de lo mismo, solo que a su manera: la madre, rota, se instala con los niños en casa de su hermana, donde nadie los conoce, mientras siguen atentos al proceso judicial. Pasa el tiempo, los chicos crecen y se marchan. La hija mayor, Dawn, tiene muchos problemas en el instituto y no termina los estudios. Más adelante, se dedicará al boxeo, con el apodo de «Martillo de Jesús». Ella también es creyente, por supuesto.
Naomi Voorhees y Dawn Dunphy están unidas por un hilo invisible desde que sus progenitores se cruzaron aquel fatídico 2 de noviembre de 1999: «A lo largo de la historia, el asesino se ha pegado, como una garrapata ahíta de sangre, a la persona a la que ha quitado la vida. De las muchas indignidades que acarrea la muerte, esa era la más insultante» (p. 527). Las dos han perdido a sus padres, las dos ocultan un dolor terrible. Naomi está harta de que los demás se compadezcan de ella; Dawn teme que se descubra la identidad de su padre en su nuevo círculo. Naomi, siguiendo la tradición familiar, va a la universidad y se ha convertido en una chica sociable de aspecto pulcro, a pesar de su inseguridad latente. Dawn tiene una imagen andrógina y descuidada que, junto con su torpeza y su timidez, provoca el acoso de sus compañeros y a la postre la marginación (hay episodios de una violencia atroz). Hacerse boxeadora supone su metamorfosis, su forma de ganar seguridad en sí misma, de desfogar toda la rabia contenida (a propósito, Oates, especialista en este deporte –ha publicado el ensayo Del boxeo–, analiza el boxeo femenino desde una perspectiva de género muy interesante). Estas chicas, en definitiva, se acabarán encontrando en un final catártico.

El método Oates
Oates, la escritora que publica más de un libro al año, con frecuencia de una extensión considerable. En las entrevistas cuenta que lleva varios proyectos a la vez, escribe todo el tiempo, en cualquier sitio, en papeles sueltos. Cuando se sienta al ordenador para escribir una novela, ya tiene mucho material, no necesita redactar un capítulo tras otro en el orden fijado. Y, en Un libro de mártires americanos, se nota. Se nota que no está escrita del tirón, que tiene muchas capas aglutinadas, que perfectamente puede haber escrito en periodos diferentes. Estas capas, además de seguir el curso de los acontecimientos, de avanzar en la trama, tienen la finalidad de matizar, enriquecer, de volver atrás o adelantarse, según convenga; a la autora no le faltan recursos. La extensión de los capítulos varía, pero predominan los fragmentos breves. Está narrada en una tercera persona que no obstante integra múltiples voces, las de los (muchos) personajes que intervienen. Esta estructura produce, eso sí, cierta descompensación (por ejemplo, personajes muy activos en una parte que luego se quedan al margen). De alguna manera, esta es una gran novela, pero no una novela redonda.
Joyce Carol Oates
Quizá el rasgo más distintivo del estilo sea la condensación: si bien el volumen invita a pensar lo contrario, en la práctica Oates economiza el lenguaje, concentra los detalles en cada frase, no hace filigranas y va al grano. Precisión, sutileza. Afina tanto las palabras que abundan las cursivas enfáticas y las comillas. Al igual que en sus otros libros, se prodiga en las descripciones físicas, en concreto, de esos aspectos que suscitan reacciones viscerales, del rechazo a la atracción (sobre todo, cuando Dawn empieza a combatir: revisa con minuciosidad su imagen y la de sus rivales). Tiende más a la narración de lo desagradable, lo crudo, hay páginas «duras» (violencia, cárcel, abusos, enfermedad…). De Oates nadie dirá que «escribe bonito»; su escritura punza y remueve, no elude lo «indecoroso», es áspera como la vida misma. No resulta «difícil» de leer, la narración fluye, aunque su tratamiento explícito del dolor puede que no sea recomendable para cualquier lector ni para cualquier momento. Por lo demás, en parte por esa construcción en capas, la novela comprende diversos géneros: el drama familiar (disfuncional), la intriga judicial, la investigación, el ritmo trepidante de los combates de boxeo. El desenlace (coherente, pese a que tal vez el conjunto sea más brillante que su culminación) se pregunta si puede darse el entendimiento entre Voorhees y Dunphy, entre los dos Estados Unidos. Un mensaje esperanzador, sí, pero, no lo olvidemos, manchado de sangre.

18 comentarios :

  1. Me ha encantado tu reseña. Le tenía echado el ojo, me faltaba un empujón para ponerla en el montón de pendientes. No he leído nada de esta autora, pero el tema me interesa muchísimo. A ver si puede ser para las vacaciones.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El tema (o los temas) está muy bien elegido, la verdad. Además, hay pocas novelas que planteen de esta manera la pena de muerte y el fanatismo. Tiene muchos aspectos interesantes, no da puntada sin hilo.

      Eliminar
  2. Me encanta esta autora, de la que he leído aún muy poco. Cuando ví que sacaba nuevo libro pensé en leerlo rápidamente pero al ver el tocho que era, me eché para atrás. Gracias a tu reseña creo que vuelve a ponerse el siguiente en mi interminable lista de libros pendientes! Espero que no se me pase el subidón jeje.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo también la he leído poco aún, pero de momento bien. Eso sí, no es una autora de la que me apetezca leer varios libros del tirón. Este me dejó noqueada, y con los de relatos tuve la sensación de que repetía demasiado el mismo esquema.

      Eliminar
  3. Magnifica reseña. Me leí el libro en enero y tal como dices el conjunto es brillante a pesar de su desenlace. Pero, sobre todo, es duro. Hay capítulos que te dejan mal cuerpo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, recuerdo en concreto un par de episodios, sobre Dawn y Luther, que además iban prácticamente seguidos, más o menos hacia la mitad. Es de los libros más duros que he leído, aunque al mismo tiempo resulta gratificante por todo lo que aporta.

      Eliminar
  4. Memorable reseña!!! Me apetece entregarme a este extenso libro tras leer con mucho gusto tu reseña. Lo consideras de los mejores que has leído en estos 5 meses? Lo recomiendas de verdad? Se te ha hecho largo? Sales distinta en alguna medida tras acabar su lectura?
    Tú disección de esta novela me ha resultado sencillamente brillante
    Tienes madera de escritora
    Muchas muchas gracias

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Je, je, muchas gracias a ti por leerme. En cuanto a tus preguntas, sí, lo considero uno de los mejores libros que he leído en lo que va de año y sin duda he salido distinta al terminarlo. Es un libro de los que te hacen pensar en muchos temas, que enriquece.

      Solo le pondría un pero a la hora de recomendarlo: narra situaciones muy duras, te remueve por dentro, así que no es una buena opción para cuando uno quiere una lectura de "entretenimiento" o simplemente algo más distendido. En algún momento se me hizo un poco largo, pero no llegué a plantearme abandonarlo.

      Eliminar
    2. Muchísimas gracias Me has resuelto todas las dudas. Tal y como está mi vida ahora quiero una lectura que me impacte,que me llegue muy adentro y que remueva algunas de mis convicciones Pasado mañana me acercaré a la feria del libro del Arenal y lo compraré A pesar de que tengo una lista de libros pendientes extensisima ( por ejemplo La novena hora de Alice McDermott tiene muy buena pinta, leí Alguien de ella y me encantó)
      En cuanto lo lea te cuento mi experiencia
      E insisto: una reseña inmejorable Gracias por compartir con todos nosotros

      Eliminar
    3. Perfecto, espero que lo disfrutes. "La novena hora" también parece muy interesante.

      Eliminar
  5. He leído muy poco de la autora pero ese poquito ha sido siempre de una calidad bien grande. Así que tarde o temprano, este libro que nos traes hoy va a caer. Y más tras esta excelente reseña que has hecho.
    Besotes!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es una autora que suele dejar con ganas de seguir leyendo sus libros, la verdad. Este merece la pena, en mi opinión.

      Eliminar
  6. He leído un par de libros de esta autora y siempre al acabarlos me sentía distinta que al empezar. Entiendo esto que dices en los comentarios que es un libro duro y no vale para la lectura entretenida. Yo lo tengo ya en mi mesita de noche e iba a empezarlo un día de estos. Ya te contaré que tal pero después de leer tu reseña me apetece más cogerlo porque Oates consigue siempre una especie de catarsis y me apetece mucho eso ahora.
    Gracias por tu genial reseña.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Han pasado unos meses de tu comentario, no sé si habrás leído el libro ya. En cualquier caso, estoy muy de acuerdo con lo que dices, esa "catarsis" que provoca su lectura. Me están entrando ganas de empezar otra novela de la autora.

      Eliminar
  7. Hola Cristina. Primero quisiera felicitarte por tu fantástico blog y por tu generoso trabajo, al cual he llegado a través de esta autora que se ha convertido en una de mis indispensables; hasta el punto de haber leído una docena de obras suyas. Me quedan muy poquitas páginas para terminar esta entrega que me resultó de lo más interesante y que está muy en la línea de su trabajo; esto es un estudio profundo y sin fisuras de su país. Parece mentira que una persona de apariencia tan frágil, sea una escritora de tanto peso dramático -de hecho ha escrito un profundo análisis del boxeo que en este libro tan bien consigue retratar-. Quizá el mejor libro suyo sea "Carthage" -al menos es el que a mí personalmente más me gusta- y tambien "La hija del sepulturero" o "Hermana mía, mi amor" que es una versión novelada sobre un terrible crimen real que tuvo como protagonista a una niña-objeto-modelo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ante todo, muchas gracias por tu comentario, me resulta muy interesante conocer la opinión de un gran lector de Joyce Carol Oates. Tomo nota de tus recomendaciones, ya me habían hablado bien de "Hermana mía, mi amor" y "La hija del sepulturero", pero no tenía ninguna referencia de "Carthage". La verdad es que todos me apetecen.

      Eliminar
  8. Interesante Este es un libro que tengo previsto leer Y mira que es largo...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si te anima, es más breve de lo que parece. Los capítulos son cortos, hay muchos espacios en blanco y partes en las que se avanza rápido. Aun así, lo leí con calma porque necesitaba digerirlo; pero considero que fue un tiempo bien invertido.

      Eliminar

Los comentarios siempre son bienvenidos. Por favor, no incluyas enlaces a otras páginas o blogs.

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails