03 septiembre 2018

Una educación - Tara Westover


Edición: Lumen, 2018 (trad. Antonia Martín Martín)
Páginas: 472
ISBN: 9788426405166
Precio: 21,90 € (e-book: 9,99 €)
Leído en versión original (Educated).

Pocas, muy pocas veces puede uno decir que ha leído una historia única de verdad. Y aún menos las que esa historia está bien contada. Tara Westover (1986) encuentra ese equilibrio inusual en Una educación (2018), su debut, unas memorias noveladas de una infancia «salvaje» que se han convertido en fenómeno en Estados Unidos. La autora pertenece a la llamada generación millennial; sin embargo, la primera mitad de su vida transcurrió al margen de la sociedad, lejos de los usos y costumbres de sus coetáneos. Tara, la menor de siete hermanos, creció en un pequeño pueblo de las montañas de Idaho. El padre, un mormón fanático y anarquista, detestaba la civilización y mantenía a su familia haciendo tareas de construcción; mientras que la madre, una mujer de valores tradicionales sometida a la voluntad de su marido, trabajaba como partera y herborista en la zona. Los niños, que no iban al colegio, los acompañaban en sus actividades. Tara creía que llevaría esa existencia para siempre; no obstante, terminó doctorándose en Cambridge. El tortuoso camino hasta lograrlo, en Una educación.
El relato de Tara impacta, de entrada, porque muestra una cara insólita de los años noventa en Estados Unidos (y en Occidente). Mientras la superpotencia lanza sistemas operativos, una familia se queda anclada, por voluntad propia, al pasado, a un way-of-life temerario e imprudente. Porque dista mucho de ser una vida rural apacible: Tara no va a la escuela, carece de un certificado de nacimiento y nunca se ha vacunado. Los electrodomésticos llegan con cuentagotas a medida que los ingresos de su madre aumentan. No conoce el mundo fuera de las montañas –tan solo las visitas dominicales a la iglesia– y apenas tiene amigos. El desconocimiento incluye la Historia: alcanza la adolescencia sin haber oído hablar del Holocausto. El padre, un hombre autoritario e inestable, es quien toma las decisiones en el hogar, quien los obliga a mantenerse en esa ignorancia. Hay dos puntos de inflexión para la protagonista. Por un lado, en la parroquia descubren su voz y la animan a cantar en el coro, lo que la introduce en la localidad. En segundo lugar, a medida que los hermanos crecen, se marchan del hogar. Uno entra en la universidad y la empuja a seguir sus pasos, a pesar de que Tara no ha pisado la escuela jamás y las clases de su madre en casa dejan bastante que desear.
Tara Westover narra una historia de superación –de niña asilvestrada a investigadora cosmopolita–, pero su novela es mucho más que eso. No importa tanto el supuesto «final feliz» como los traumas que arrastra, las heridas que tardan en sanar, después de pasar un periodo fundamental de su formación personal y cognitiva en un entorno aislado y sórdido, y de romper con ello en contra de los deseos de su progenitor, con el choque emocional que eso implica. Ella no se percibe a sí misma como una triunfadora, sino que conserva la humildad, la inseguridad de quien lleva media vida sintiendo que no encaja. La adaptación a la sociedad no resulta fácil: la narradora expresa con total naturalidad lo que ignoraba en su infancia, desde los principios básicos de higiene a la sexualidad, pasando por la cultura general o los temores a los medicamentos. Era una mormona ferviente, le costó desmontar las normas sobre las que se sustentó su niñez. La Tara de ahora sigue respetando sus orígenes pese a haber dejado de creer en aquello; no escribe, pues, desde la rabia, sino que se muestra constructiva.
Entre los personajes, sobresale el padre, el tipo duro, dominante, perturbado, piedra angular del clan. La relación entre él y su hija se vuelve perjudicial por momentos, entre el anquilosamiento de él y el alejamiento (físico, pero sobre todo mental) de ella. En cierto modo, este libro es también una purga, un ejercicio de reconciliación con el padre a través de la escritura, como hace Karl Ove Knausgård en su ciclo autobiográfico. Ocurre algo similar con un hermano, Travis, un chico conflictivo que no ha tenido la suerte de poder salir de ese ambiente y sigue peligrosamente los pasos de su padre. Hay una escena de violencia atroz que se enquista en Tara. En medio de los hombres embrutecidos, destaca, en la recta final, una alianza entre las mujeres –la madre es otro personaje importante, el sostén mientras el padre se vuelve cada vez más irritable–, que se unen para evitar que se repitan los errores (los abusos) del pasado.
En los últimos años, cambiando de tercio, se ha puesto de moda un «retorno a la naturaleza», tanto en lo cultural –un auge de la nature writing, pero también del beatus ille en las obras de ficción– como, y no sin controversia, en el día a día –movimiento antivacunas, partos en casa, leche cruda–. En este sentido, Una educación se opone al elogio del regreso a lo natural por cuanto expone con crudeza la cara menos amable del campo: la brutalidad, la enfermedad mental, la brusquedad, el estancamiento, el fanatismo, los accidentes. Porque la educación no es tanto el contenido de un libro de texto como el saber estar en sociedad, unas pautas de conducta cívica, la empatía para con el prójimo, la actitud abierta y receptiva, la capacidad de escuchar al que piensa diferente. Ser más humano y menos fiera. Westover se siente extraña al pensar en lo que podría haber sido su vida, pero no vuelve atrás; gracias a la educación ha tomado las riendas y analiza su infancia de manera crítica.
Tara Westover
La autora es, por si fuera poco, una narradora solvente. Escribe con un estilo pulcro, ameno y claro, un tono fresco y cómplice que carece de pretenciosidades. Es, de hecho, un debut muy «honesto», pese a lo delicado que resulta emplear esta palabra para comentar un libro: más allá de lo literario, la narración de Westover rebosa «verdad», y no porque cuente una historia real, sino por cómo está contada, por su transparencia, por esa cualidad intangible que distingue lo artificioso de los textos con «alma» (otra palabra incómoda), textos que le enseñan algo al lector, que permanecen en él, que marcan un antes y un después. Sí, uno de esos pocos libros que uno recuerda pasado el tiempo, de los que invitan a subrayar pasajes, a detenerse en una observación lúcida, incluso a debatir (perfecto para clubes de lectura). Conmovedor, pero sin ser lacrimógeno. Reflexivo, pero sin lucimientos vacuos. Westover entra con honores en el grupo de autores que han escrito con brillantez sobre infancias atípicas y dolorosas, tanto en forma de novela –como Jeanette Winterson en Fruta prohibida (1985)– como a modo de memoir descarnado –como Mary Karr en El club de los mentirosos (1995)–. Este libro extraordinario perdurará.

21 comentarios :

  1. Me ha gustado esta reseña. Me apunto el libro. Seguramente lo leeré. En libros de infancias duras añado El hombre que amaba a los niños de Christina Stead.

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    1. Me lo acabo de comprar en formato electrónico pero no puedo empezar a leerlo hasta el 6 de septiembre. ¡Que ganas!

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    2. Ya queda poco, ¡je, je! Tengo pendiente el de Christina Stead, me interesa mucho la literatura sobre la infancia.

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    3. Terminado. Impresionante. Estoy desvelado, no he podido parar de leer en toda la noche. :O

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    4. Cuánto me alegro, Miguel. Me has hecho recordar que lo empecé una noche y también me tuvo unas cuantas horas entregada a la lectura. Es maravilloso que un libro produzca este efecto.

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  2. Pues no lo conocía, pero me llama mucho la atención. ¡Apuntado queda!

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    1. Se publica esta semana. Me alegra que te haya interesado, me parece una muy buena primera novela, con muchos temas para reflexionar.

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  3. Empiezas fuerte!!!!
    Mañana tengo previsto pasar por mi librería favorita y salir con 4 o 5 libros. Entre ellos este Y creo que me pondré a leerlo en seguida
    Ya os contaré

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    1. Ojo, oficialmente sale a la venta el jueves 6, aunque algunas librerías ya lo tienen. Espero que lo encuentres y, sobre todo, lo disfrutes mucho.

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  4. Me dan ganas de leerlo, me gusta ver o leer testimonios que desmitifican las posturas extremas antisistema. No creo que llegue a Argentina, me hizo acordar a 2 películas relativamente recientes:el país de las maravillas y Capitain Fantastic, si las ves, verán que van de lo mismo. Una alegría que estés de vuelta!

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    1. Gracias por la bienvenida. En cuanto al libro, espero que sí llegue a Argentina: lo publica Lumen, que tiene difusión en Latinoamérica, y al tratarse de una apuesta importante supongo que habrá interés en que llegue a cuantos más lectores mejor. Además de su valor testimonial, me parece un libro con una calidad literaria indudable.

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  5. Me llamó desde que la vi en las novedades. Es una de mis próximas lecturas y me dejas con más ganas si cabe. Pedazo de reseña.
    Besos

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  6. Le tengo muchas ganas y me fio de tu reseña. Por lo quy cuentas me recuerda a La biblia envenenada de Barbara Kingsolver.

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    1. Ya me contarás, Conxi, a mí ya ves que me ha encantado. Me apunto el de Barbara Kingsolver.

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  7. Con semejante pedazo de reseña, cómo no darian ganas de leerlo? Gracias, Rusta! Anotadisimo para leer

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    1. Gracias a ti. Espero que lo disfrutes tanto como yo.

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  8. En la entrada anterior escribí que quería dejar de lado las novedades a favor de esos clásicos pendientes. Pues rectificar es de sabios porque pienso hacerme con este libro. Me fascinan esas historias autobiográficas que en cierto sentido son de autosuperación. Y tu reseña también me ha encantado y siempre que me fio de ti, acierto, así que me lo llevo.
    Un besote!

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    1. Me alegra que hagas esta excepción: es una muy buena novela, y si además te gustan este tipo de historias, creo que la disfrutarás mucho. Yo también leo menos novedades que antes, hace poco comentaba en Twitter lo difícil que es encontrar libros actuales que realmente me enriquezcan como lectora. Este es uno de los pocos que lo han conseguido.

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