08 octubre 2018

Cara de pan - Sara Mesa

Edición: Anagrama, 2018
Páginas: 144
ISBN: 9788433998613
Precio: 16,90 € (e-book: 9,99 €)

Sara Mesa (Madrid, 1976) se mueve en las distancias cortas y en los márgenes. Esta afirmación se puede aplicar tanto a los aspectos formales de su narrativa –breve y un tanto rara avis dentro de la tradición española– como a su contenido, sus «historias», que examinan de cerca a quienes se quedan fuera del sistema, a los «inadaptados» o «desfavorecidos», y las relaciones de poder entre ellos. Estos atributos se reafirman en Cara de pan (2018), su trabajo más reciente, una novela de personajes con un planteamiento sencillo, que sin embargo le permite desentrañar los mecanismos por los que alguien resulta excluido de su grupo de pares y, a la vez, plantea una situación controvertida que discute algunos principios morales muy arraigados en la sociedad. Sara Mesa es, en este sentido, una escritora «incómoda».
Casi y el Viejo se encuentran de lunes a viernes en un parque. Ella, una adolescente hasta entonces responsable, empezó a faltar a clase cuando tuvo algunos problemas, como esa compañera que la llama «cara de pan». Él, un hombre de mediana edad, no trabaja y se dedica a observar los pájaros mientras escucha canciones de Nina Simone –aficiones que devienen metáforas de la alteridad: los negros en Estados Unidos, las aves exóticas frente a las especies autóctonas–. Poco a poco, se descubre que estuvo ingresado en un centro psiquiátrico. Casi y el Viejo se conocieron por casualidad, cada uno hizo del parque su particular refugio; con el paso de los días, no obstante, su relación se estrecha, van compartiendo sus inquietudes y, entre bolsas de patatas fritas y jazz, nace un vínculo entre ellos. Tienen edades, aficiones y circunstancias diferentes, pero comparten su condición de outsiders, que les ha llevado a apartarse por voluntad propia de sus semejantes, unos semejantes con los que no encajan.
No se revelan al lector los nombres de los personajes. La narración en tercera persona los identifica como Casi y el Viejo, los apodos (significativos) que se ponen entre ellos: Casi, porque tiene «casi» catorce años, aún no ha terminado de crecer, aún desconoce muchas cosas; y Viejo, porque ya ha vivido, ya está de vuelta de todo, hasta sus gustos son anticuados como él. Estos motes simbolizan su nueva forma de estar en el mundo: en el parque, dejan atrás el rol que representan con su nombre verdadero, sus identidades de estudiante con problemas de integración y de paciente con trastorno mental. Al convertirse en Casi y el Viejo, se liberan de las ataduras: el uno junto al otro, pese a sus diferencias aparentes, pueden olvidar lo que les atormenta, no tienen que darse explicaciones. Crean un universo paralelo donde no existen los obstáculos, donde evaden (esa es la palabra) sus temores. Pero no se puede escapar para siempre de las obligaciones y, al final, la realidad se les echa encima.
La autora tiene la virtud de saber dosificar la información, de insinuar más que contar, con la tensión in crescendo hasta llegar al golpe de efecto. Los personajes se van mostrando de manera progresiva, se indaga en sus traumas, en las causas de su desaliento: ella, acomplejada, tiene la inseguridad propia de la adolescencia, el miedo al despertar sexual, al rechazo, la vida se le hace enorme; él, después del punto de inflexión del ingreso, consciente de haber sido apartado por sus colegas, se concentra en la ornitología y la música. Casi huye del lugar que le corresponde; el Viejo, más bien, inventa uno porque le han echado del suyo. El conflicto surge de esta unión, una unión de iguales y opuestos al mismo tiempo, en la que las diferencias terminan imponiéndose. A todo esto, no se puede pasar por alto la imagen que forman, la imagen que se ve desde fuera: un señor excéntrico con una niña. El choque entre lo que es y lo que parece, entre lo que viven ellos y lo que interpreta un hipotético observador externo, tiene asimismo importancia.
Este tipo de obra, la amistad entre marginados, no abunda en la tradición española. Los japoneses, en cambio, parecen especialistas en explorar los lazos entre personajes desarraigados. Este libro recuerda, por el conflicto y los personajes (no el estilo), a las historias de Hiromi Kawakami, Yoko Ogawa o Kaori Ekuni. Sobre todo, Cara de pan se asemeja a Le llamé Corbata (2012), de la escritora austríaco-japonesa Milena Michiko Flašar, que narra el acercamiento, también en un parque, entre un joven hikikomori y un oficinista maduro que perdió su empleo; con la diferencia, claro está, de que Sara Mesa incorpora la variable del género, un hombre y una chica, con los matices que esto implica. Otra novela que puede encuadrarse en esta categoría es La soledad de los números primos (2008), de Paolo Giordano, que plantea asimismo un encuentro entre dos solitarios.
En la carrera de Sara Mesa, no obstante, el tema no resulta inesperado: ya en Cuatro por cuatro (2012) –la única novela de la autora que había leído hasta la fecha– mostró su predilección por los antihéroes, los que no ocultan su fragilidad, las víctimas. En ambas una amenaza planea sobre los personajes: en Cara de pan, esa amenaza la encarnan las instituciones que, en principio, velan por el bienestar de la gente, por la integración (la familia, el colegio, el hospital, la psicóloga), pero en la práctica son percibidas como enemigas, fuerzas de control que buscan la normalización y por eso mismo refuerzan la noción de alteridad del que no encaja. A propósito de Cuatro por cuatro, me parece una novela de mayor alcance en cuanto a estructura, técnicas narrativas, número de personajes y concepción de un universo más complejo (un internado selecto en una zona devastada). Esa propuesta me resultó más sugerente, rica y ambiciosa. Por su parte, el alcance de Cara de pan es menor (dos personajes en un mismo espacio durante un corto periodo de tiempo; la novela también es muy breve, casi un relato largo), pero está más pulida en todos los aspectos, la precisión del lenguaje, la psicología de los personajes, el cierre redondo, la hondura emocional; concentrada como esos manjares exquisitos que se sirven en platos pequeños.
Sara Mesa
Sara Mesa tiene todavía otro talento: el estilo ágil y sin florituras, nada castizo y accesible para muchos lectores, incluidos los que no suelen acercarse a la literatura española contemporánea. Su voz limpia desmenuza problemas sociales con planteamientos perturbadores; ha encontrado las herramientas para narrar este comienzo de siglo de una forma atractiva, manteniendo la intriga, ese peligro que se cierne sobre los protagonistas. Cara de pan es una obra coherente en su trayectoria, además de un libro idóneo para leer en clubes de lectura e institutos. Invita a no quedarse en la superficie de las cosas, a vencer prejuicios, a reprimir el impulso de juzgar al instante (sí, esa práctica tan extendida en las redes y en la sociedad en general); pero, sobre todo, da vida a dos personajes memorables, tiernos y singulares, que enriquecen el corpus literario de la narrativa patria.

8 comentarios :

  1. Nunca he leido nada de Sara Mesa y me gustaria empezar a conocer a esta autora. Con cual de sus libros me recomiendas que comience ? Mil gracias

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  2. Acabe de leer este libro hace 4 días
    A mí me ha encantado De verdad que lo recomiendo
    Ciertamente los dos personajes son memorables
    El libro en realidad tiene solo 126 páginas reales con un tamaño de letra bastante grande
    Se lee y disfruta en un par de horas. Pero yo recomiendo leerlo con calma y disfrutando tanto de la historia como de la extraordinaria manera de contarla por parte de la autora
    También leí Cuatro por cuatro y también me gustó mucho
    Tu reseña de este breve libro ( como bien dices casi un relato largo) me parece excelente
    Gracias por tus desinteresadas y magníficas aportaciones

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    1. Me alegro de que te haya gustado tanto. Y estoy contigo, mejor leerlo con calma, disfrutando de los detalles, que están muy cuidados.

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  3. Leí Cicatriz y, aunque me gustó bastante, no le he vuelto a dar una oportunidad a la autora. Confieso que este no me llama demasiado la atención, así que lo dejo pasar de momento. Estupenda reseña, como siempre.

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    1. Yo aún no puedo compararlo con "Cicatriz" (a ver si me lo compro), pero me parece un buen libro, creo que te gustaría. O, si no, puedes probar con "Cuatro por cuatro". Ese libro me encantó por partida doble: por la novela en sí y por descubrir a una autora española con ese tipo de propuesta. Le veo un potencial enorme.

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  4. El tema no me llamaba la atención pero cogí el libro en una librería y las primeras hojas se dejaron leer como la seda. Entre la tensión y la incomodidad, ahí es donde te emplaza Sara Mesa para leer su novela. Es un libro absorbente, que te mantiene en el borde peligroso del cuestionamiento de la moralidad. Muy lograda. Me ha gustado mucho.

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    1. Estoy de acuerdo contigo, y es cierto que se lee como la seda. Una escritura muy pulida, muy depurada. Da gusto encontrar a una autora así.

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