01 octubre 2018

El quinteto de Nagasaki - Aki Shimazaki

Edición: Lumen, 2018 (trad. Alan Pauls)
Páginas: 448
ISBN: 9788426405593
Precio: 19,90 € (e-book: 9,99 €)

Aki Shimazaki (Gifu, Japón, 1954) se estableció en Canadá en 1981 y eligió como lengua literaria el francés, aunque tanto los temas como el estilo beben de sus raíces niponas. Su obra se organiza en ciclos de cinco novelas breves, que en su idioma se editan por separado, aunque están conectadas entre sí por los personajes y el arco argumental. El quinteto de Nagasaki, publicado entre 1999 y 2004, es el primero que escribió. En la historia que abre la compilación, una mujer lega a su hija un documento con una oscura revelación: la mañana del bombardeo en Nagasaki, mató a su padre. La confusión posterior le permitió seguir adelante como si nada, de modo que guardó silencio el resto de su vida. En su confesión, revela las circunstancias que la empujaron a cometer ese crimen, una parte de su pasado –recuerdos de infancia, su primer amor, sus padres– que su hija desconoce. No obstante, esta anciana no es la única que tiene secretos: en los siguientes relatos, otros personajes toman el relevo y comparten su versión de los hechos. Un dato: ella no era la única que quería matar a su padre.
Pese al telón de fondo, el libro tiene una vocación más intimista que histórica: amores, sensualidad, pasiones clandestinas, tensiones familiares. En ese «mundo interior» se tejen las tramas; el marco, que va de la masacre de coreanos en el terremoto de 1923 a la Segunda Guerra Mundial, sirve como catalizador, como situación que lleva al límite a los protagonistas y acentúa su instinto de supervivencia (y, de paso, hace autocrítica del papel de Japón en aquel periodo). Aki Shimazaki engarza sus historias en torno a personajes que no son lo que parecen y se van mostrando de forma progresiva. Hay paralelismos entre los narradores, patrones que se repiten. Al igual que en Hôzuki, la librería de Mitsuko (2015; Nórdica, 2017), su otra novela traducida, se centra en los marginados por la sociedad (coreanos perseguidos, madres solteras, huérfanos, gente humilde en general) y, entre estos, incide en las maternidades fuera de lo tradicional, con la figura del padre ausente y la diferencia de clase como motivos recurrentes.
Es reseñable el hecho de que no se limita a los desfavorecidos a priori (es decir, a los que de entrada, por nacimiento o condición, ya padecen algún tipo de desigualdad), sino que a lo largo del ciclo da voz a aquellos que, en teoría, están bien integrados, pero en la práctica sufren algún tipo de desarraigo, como quienes no encajan en lo que se espera de ellos (las familias de alcurnia, que están obligadas a continuar su linaje). Entre líneas, se plantea una crítica de la sociedad japonesa, de su excesiva rigidez, su hipocresía, su discriminación de la alteridad en sus muchas vertientes (origen, etnia, género). En este contexto, los personajes se ven obligados a construirse otra identidad para esconder su verdadero yo; no es una elección, se trata de pura supervivencia. El título original del quinteto, El peso de los secretos, nos da una pista; si bien el primero, el crimen parricida, al final no resulta tan importante; las mentiras que se instalan en lo cotidiano, las que implican renuncias dolorosas, producen el mayor desgaste.
Al decir que el estilo se enraíza en la tradición nipona –mejor dicho: la traducción suena parecida a las traducciones del japonés, como las de Hiromi Kawakami–, me refiero a aspectos como las frases cortas, sencillas, el diálogo abundante; un registro, en suma, sobrio y pulcro, alejado de las verbosidades habituales en los novelistas francófonos nativos. Además, introduce una poética  muy característica de la literatura japonesa, con imágenes simbólicas de elementos de la naturaleza, como los títulos de cada parte (por orden: camelia, almeja, golondrina, nomeolvides y luciérnaga), y una notable dosis de sensualidad. Por lo demás, mantiene la tensión sin pirotecnia, como un hilo bien estirado, al grano y sin extravagancias, con ese sosiego tan distintivo de los orientales. Textos depurados hasta lo esencial, de lectura amena y distendida.
Aki Shimazaki
Con todo, se le pueden hacer algunas objeciones. En conjunto, la trama es un tanto melodramática, si bien la liviandad del estilo hace que entre como agua. Por otro lado, por mucho que la búsqueda de paralelismos sea un fin digno, la repetición excesiva denota cierta falta de recursos, como las confesiones en documentos que se leen de forma póstuma, los niños que escuchan a escondidas y, en particular, los secretos de familia, demasiado similares. Se entiende la intención de hacer hincapié en que, en una sociedad sustentada en la impostura, todos, los de arriba y los de abajo, acaban por disfrazarse de lo que no son; aun así, un poco de variedad no habría estado de más. En cualquier caso, El quinteto de Nagasaki es una propuesta interesante, una inmersión agradable en el universo intimista y calmo de una escritora de la que, esperemos, se sigan traduciendo muchos libros.

4 comentarios :

  1. Ufff yo lo dejé. La literatura japonesa no me emociona ni me transmite, mira que lo intento pero no. Sin embargo en cuanto veo un autor/a hindú me falta tiempo.

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    1. A mí me pasa lo contrario, je, je. Este libro me entró como agua, aunque algunos aspectos no me convencieran del todo. Últimamente me gusta intercalar a los autores japoneses entre lecturas más densas, su forma de escribir me relaja.

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    2. Pues a mi me ha gustado, si bien es cierto que a veces es dificil entender la forma de actuar de personas de otras culturas me parece que el libro esta muy bien escrito y es ameno, aunque el personaje de Mariko no me entre, porque una cosa es ser ingenua, que supongo que por sus narraciones es lo que ella quiere transmitir, y otra muy distinta es ser una tonta conformista, o una señora con la cara muy dura y con cero lealtad o agradecimiento.

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    3. Me alegro de que te haya gustado. Yo disfruté mucho de la parte de la infancia de Mariko, desconocía la historia del terremoto y la persecución de coreanos.

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