16 noviembre 2018

Hôzuki, la librería de Mitsuko - Aki Shimazaki

Edición: Nórdica, 2017 (trad. Íñigo Jáuregui)
Páginas: 138
ISBN: 9788416830732
Precio: 16,50 € (e-book: 7,59 €)

No, no es otra historia sobre el encanto de las librerías. O no solo, no lo principal. Aki Shimazaki (Gifu, Japón, 1954), novelista y traductora afincada en Canadá desde 1981, que escribe su obra en francés, explora ante todo los entresijos de la maternidad y los personajes un tanto «inadaptados». Hôzuki, la librería de Mitsuko (2015; Nórdica, 2017) está narrada en primera persona por Mitsuko, una treintañera propietaria de una librería de lance especializada en filosofía. La protagonista, de naturaleza discreta y reservada, tiene un hijo mestizo y sordomudo, al que ha criado sola. Llevan una vida tranquila, encerrados en su mundo, con la única compañía de la madre de Mitsuko, divorciada. Pero Mitsuko guarda un secreto: los viernes por la noche trabaja como chica de alterne. Poco a poco, la protagonista explica que no pudo estudiar por la falta de recursos de su familia, aunque su apetito intelectual la llevó a abrir la tienda y a codearse con hombres cultivados. Esta existencia construida con tanto celo, no obstante, corre el peligro de desmoronarse con la entrada en escena de la señora Sato, una clienta de abolengo, madre a su vez, que se empeña en trabar amistad con Mitsuko.
La autora vertebra la novela en torno a un doble conflicto. Por un lado, lo que ocurre entre las dos mujeres, Mitsuko y la señora Sato, madres tan diferentes en apariencia, una soltera y la otra casada con un diplomático, una independiente y la otra pasiva, una acompañante nocturna y la otra refinada y distinguida, unidas tan solo por la buena sintonía que surge entre los niños. Mitsuko teme que la intrusión de la señora Sato en su intimidad pueda sacar a la luz su secreto, teme que descubra que no es la librera erudita que aparenta ser y se horrorice ante la verdad (es reseñable que, a diferencia de otros retratos de una amistad femenina, en los que las mujeres confraternizan de inmediato, aquí Mitsuko se mantiene huraña, fría, nada dispuesta a abrirse). Por el otro, el misterio de la propia Mitsuko, que va desmontando su relato por capas para contar las circunstancias en las que se convirtió en madre. Para empezar, el niño no es su hijo biológico, y en su pasado hay unos cuantos amantes. En realidad, las dos mujeres tienen más en común de lo que parece a primera vista: ambas son «víctimas», víctimas de una sociedad patriarcal que, de un modo u otro, controla tanto a las adineradas como a las pobres, controla su estilo de vida y su decisión de ser (o no ser) madres.
Es subrayable el interés de los narradores japoneses por el desarraigo, por los marginados dentro de la sociedad: Hiromi Kawakami, Yoko Ogawa y Kaori Ekuni son una muestra de ello. Aki Shimazaki destaca sobre todo por sus personajes femeninos, mujeres hechas a sí mismas: Mitsuko, una librera sin estudios, condicionada desde su nacimiento por su origen humilde, una mujer que se realiza a través de la lectura y la conversación con hombres cultos; la madre de Mitsuko, divorciada, con una historia problemática a sus espaldas a raíz de la separación; la señora Sato, la imagen de la formalidad nipona por fuera, atrapada en los valores conservadores por dentro, siempre dependiente, herida por los sacrificios que se vio obligada a asumir. En Mitsuko plantea las tensiones propias de una mujer de hoy que quiere ser independiente (nunca quiso contraer matrimonio ni convertirse en matriarca de un clan), pero su negocio no resulta rentable y se ocupa de un niño abocado a sufrir discriminación por sus «diferencias»; lo adoptó como una marginada que reconoce a un igual.
Aki Shimazaki
El quinteto de Nagasaki (1999-2004; Lumen, 2018), su otro libro traducido, comparte con Hôzuki la exploración de la diferencia y la (re)construcción de identidad en personajes atrapados o arrinconados por el sistema. Al tener una ambientación más actual, el tratamiento de la maternidad y la situación de las mujeres en Hôzuki es asimismo más «moderno», los personajes se expresan sin tapujos sobre temas como el aborto, las relaciones sin compromiso o la voluntad de no querer formar una familia. Aki Shimazaki, además, vuelve a jugar con el título: un término japonés que da nombre a la librería y actúa como termómetro del grado de complicidad. El estilo, de frases breves, contenido, sencillo y directo, va acorde con el carácter más bien arisco de la narradora. Su punto débil: la historia resulta un tanto melodramática y, en parte, previsible. Aun así, la novela funciona, ofrece una mirada lúcida a asuntos controvertidos y, en definitiva, es agradable y fácil de disfrutar.

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