19 noviembre 2018

Teoría general del olvido - José Eduardo Agualusa


Edición: Edhasa, 2017 (trad. Claudia Solans)
Páginas: 192
ISBN: 9788435011310
Precio: 16,00 €
Leído en la edición en catalán de Periscopi, 2018 (trad. Pere Comellas Casanova).

Teoría general del olvido (2012) ha confirmado a José Eduardo Agualusa (Huambo, Angola, 1960) como uno de los escritores más interesantes del panorama internacional. No es un novato: desde su debut, en 1989, ha publicado una veintena de libros. Este ha recibido el Premio IMPAC de Dublín 2017 –el primer autor en lengua portuguesa que lo logra– y el Premi Llibreter 2018; además, fue finalista del Booker International 2016. Cuando son tantos, y tan diversos, los lectores que reconocen el mérito de una obra, cabe suponer que sus razones están fundamentadas. Y lo están, sí.
La novela narra la historia de Ludo, una mujer portuguesa que vive en Luanda, la capital de Angola, en los convulsos años setenta. Desde el principio se deja entrever el pasado traumático de la protagonista –«A Ludovica nunca le gustó mirar el cielo», reza la primera frase–, que la ha convertido en una persona miedosa, que se refugia bajo un simbólico paraguas negro. Incapaz de valerse por sí misma, tras la muerte de sus padres se instala en el piso de su hermana y su cuñado, en la zona más privilegiada de la ciudad. Ludo se acostumbra al retiro, pero todo cambia con el estallido de la guerra civil en 1975. La noche que sus parientes no regresan a casa, comienza otra etapa: Ludo se esconde. Construye un muro que la aísla del bullicio, cultiva un huerto y sobrevive al margen de la sociedad durante veintiocho años, hasta el final del conflicto. Está acompañada por una vasta biblioteca, que va quemando poco a poco para mantenerse caliente, y de un perro llamado Fantasma.
Mientras, al otro lado, una serie de personajes, en apariencia sin relación entre ellos, vive sus particulares desventuras. Con el transcurso de la narración, no obstante, se revelan ciertos vínculos, que terminan por atañer a Ludo. Esta es una historia sobre la negación de la vida, el miedo, pero, sobre todo, una honda aproximación al olvido en múltiples vertientes. Algunos, como Ludo, quieren olvidar: las pérdidas, el sufrimiento, la existencia anterior al conflicto. Ella ansía desaparecer del mapa, borrarse, aunque habrá quien la busque. Otros, en cambio, adoptan una nueva identidad; desean olvidar su antiguo yo para empezar de cero, reparar el daño infligido, tener la oportunidad de redimirse. Ah, el olvido tiene tantos matices… Y en un país en guerra cada uno sobrevive como puede. Este libro nos lo recuerda, y nos emociona sin hacer ruido.
El propio autor, al escribir sobre la guerra civil, contribuye a no dejarla caer en el olvido. Aun así, cuesta pensar en Teoría general del olvido como una obra bélica. En parte, lo es, es una radiografía de una sociedad en transformación en el último tercio del siglo XX, con enfrentamientos, tensiones latentes, personajes que se pierden por el camino y otros que renacen con fuerza. Sin embargo, la delicadeza con que está narrada hace que parezca incompatible con esa palabra de resonancias violentas. Agualusa, con una concepción intimista y poética del hecho literario, plasma un contexto social convulso en el que importan más los gestos sutiles que las hazañas. Destaca el simbolismo del diamante, el mineral más duro, que encarna la resistencia en un clima de hostilidad y desarraigo, pero también, en calidad de piedra preciosa, la avidez por el poder.
José Eduardo Agualusa
Por encima de todo, Teoría general del olvido es una novela hermosa. No es fácil explicar cómo lo hace, cómo logra este refinamiento a pesar de la sordidez de los acontecimientos. Tal vez se deba a su estilo de frases sencillas, sin estridencias, que calan como una melodía suave. Tal vez la fórmula resida en las elisiones, la sutileza, el tempo pausado, todo aquello que no se cuenta. O en la evocación de imágenes sugerentes, entre la realidad y la ensoñación, como esa Ludo encerrada, hablando consigo misma, escribiendo versos en las paredes, cazando palomas. De lo que no se puede dudar es de la sensibilidad extraordinaria del autor para dar forma a una historia de hondo calado que crece página tras página, una historia cruda en la que, pese a todo, la compasión, el afecto y la unión son posibles.

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