14 diciembre 2018

La integración - Luciano Bianciardi


Edición: Errata naturae, 2018 (trad. Miguel Ros González)
Páginas: 144
ISBN:  9788416544622
Precio: 14,00 €

Después de El trabajo cultural (1957), una crónica mordaz sobre los intentos de sacudir el círculo intelectual italiano de mediados del siglo XX desde una ciudad de provincias, Luciano Bianciardi (Grosseto, 1922–Milán, 1971) siguió narrando con humor corrosivo las maniobras de un grupo de jóvenes letraheridos para hacerse un hueco en el sector cultural y tratar de modernizarlo, de quitarle el polvo que el fascismo y la guerra dejaron en él, aprovechando la oportunidad del crecimiento económico. Por supuesto, estos libros beben de su experiencia. En La integración (1960), el narrador, llamado Luciano a cara descubierta, se traslada a Milán junto a su hermano, Marcello: una vez lejos de su pequeña ciudad de provincias, comienzan a trabajar en el mundo editorial.
No encuentra ningún vínculo con ella, y tampoco con la otra Italia, la del sur, que pasa hambre, que sobrevive con cien mil liras al año por familia, que no sabe leer ni escribir. Entre esas dos Italias, deprimidas por diferentes motivos, como suele decirse, nuestra Italia de en medio no consigue mediar. Estar ahí será todo lo cómodo que quieras, pero no sirve de nada. Yo creo que tú y yo hemos venido al norte precisamente para eso, para intentar mediar. Si has venido con la idea de instalarte en la «gran ciudad» para vivir a cuerpo de rey, te equivocas de lleno y te repito que eres un provinciano. Hemos venido al norte como podíamos haber cogido el tren rumbo al sur, a Matera. Hemos llegado a una zona deprimida, escucha bien lo que te digo, y mucho más difícil que Lucania, porque allí abajo la depresión salta a la vista de inmediato, mientras que aquí se disfraza de progreso, de modernidad. Pero es depresión: mírales a la cara y te darás cuenta. A nosotros nos toca luchar por el alzamiento, por el resurgimiento, por qué no decirlo, de esta Italia, también de esta Italia.
Los hermanos se unen a un grupo de intelectuales que pone en marcha un proyecto, una línea editorial que se pretende novedosa. Bianciardi retrata la ingenuidad de todos ellos, de esos pardillos con interés por la sociología, las desigualdades, las grandes ideas; esos muchachos, en fin, cargados de buenas intenciones, pero que se topan –no podía ser de otra manera– con la cruda realidad. No resulta fácil poner en práctica esas expectativas elevadas, no resulta fácil conseguir que la editorial (que, al fin y al cabo, no deja de ser un negocio) salga adelante. La indisciplina, el desorden, los problemas con los pagos. El libro cuenta las dificultades que se producen en el paso de la teoría, el debate amigable, sin presión, a la concreción de un proyecto en el que todos tienen que hincar codos para que funcione. Indaga también en el rol de las mujeres en él:
¿Qué piensan las mujeres? ¿Hasta qué punto y de qué forma han cambiado, en los últimos cien años, en los últimos cincuenta años?  ¿Hasta qué punto son las mujeres las que se impregnan de la ideología que conviene al patrón? Me refiero a la mujer de a pie, a esa historia de las medias, la permanente, el pintalabios, el perfume y todo lo que se compra para gustarle. Porque detrás de todo eso, que parecen naderías superficiales, hay una ideología, y vosotros sabéis de sobra cuál. Así es, ni más ni menos, como una ideología se vuelve operativa; de poco sirve mientras sea un libro, un artículo, palabras escritas.
El título hace referencia al hecho de que, con el tiempo, el protagonista se adapta a esa nueva vida. Pasa de ser un joven con pájaros en la cabeza a «integrarse» en la sociedad milanesa, al sistema del que tanto renegaba: un trabajo bien remunerado, los horarios fijos, la seguridad del matrimonio (sí, también se habla de amor, que, como todo lo demás, va de los primeros encuentros apasionados, febriles, con una chica llamada Anna, a la monotonía de la pareja de casados, que encarna lo opuesto). Es algo así como hacerse adulto: renunciar a los sueños revolucionarios de juventud, en la línea de lo narrado en El trabajo cultural. Bianciardi se ríe de sí mismo, de su candidez y sus locuras, de su aprendizaje a golpes; una autocrítica hilarante.
«Hemos ido a dar con una panda de locos», me decía. «¿Te das cuenta de que cada día tienen ideas nuevas y no profundizan en ninguna?».
Luciano Bianciardi
Las crónicas de Bianciardi –por ahora se han publicado las dos mencionadas y la más aplaudida, La vida agria (1962), las tres con traducción de Miguel Ros González para Errata naturae– son un testimonio lúcido y divertido de su tiempo, que disfrutarán sobre todo aquellos que, como él, conocemos los entresijos de este ambiente. Hay, por ejemplo, un capítulo sobre corrección, comillas y demás que encantará a todos los que alguna vez se han enfrentado, bolígrafo en mano, a una maqueta; genial. Ah, y no solo merece la pena por el contenido: el estilo del autor es asimismo espléndido, con su sarcasmo, su precisión y sus reflexiones inteligentes. Es una suerte, en definitiva, que la editorial haya apostado por recuperar su obra: enriquece nuestro bagaje al tiempo que nos deleita con un placer intelectual. Bien, muy bien.
Citas en cursiva de las páginas 38, 42 y 73.

10 diciembre 2018

Notas desde un manicomio - Christine Lavant

Edición: Errata naturae, 2018 (trad. Nieves Trabanco)
Páginas: 80
ISBN: 9788416544707
Precio: 11,00 €

Las enfermedades mentales han sido (siguen siendo, en gran medida) un tabú. He aquí un primer motivo por el que prestar atención a este libro: Christine Lavant (Gross-Edling, 1915 – Wolfberg, 1973), seudónimo de Christine Thonhauser, comparte sus experiencias como interna en un hospital psiquiátrico en 1935. Esta poeta austríaca, inédita en España pero reconocida en su país, sintió la necesidad, la urgencia, de dedicarse a la literatura. Como tantos otros, solo que a ella no la acompañó el entorno: de origen muy humilde, formaba parte de una familia numerosa de tradición minera. Ella misma trabajó como tejedora, y apenas salió de la localidad donde había nacido. Tímida, recluida en su pueblo, atormentada por no encajar en lo que se esperaba de una mujer, quiso ingresar por voluntad propia. Su estancia duró un mes y medio.
Notas desde un manicomio, escrito en 1946 y publicado de forma póstuma siguiendo las indicaciones de la autora, que lo consideraba demasiado personal para mostrarlo en vida, es en realidad mucho más que unas simples «notas»: trasciende lo testimonial para erigirse en un texto literario de altura, elogiado por, entre otros, Thomas Bernhard. Es la voz, descarnada pero lúcida, de una mujer que indaga en su encierro voluntario, un encierro en el que trató de recuperar algo parecido al equilibrio. «Mientras que aquí se me considere una invitada de paso y que yo misma me sienta como tal, no he traspasado la última frontera» (p. 6), reflexiona; el hecho de haber elegido entrar le da esperanza, la aleja de las enfermas más graves, como si aún no estuviera todo perdido para ella. Eso se convierte en su fortaleza para seguir adelante con la recuperación.
Este breve monólogo condensa una aproximación al hospital en la que cuenta más la mirada íntima sobre todo lo «humano» (la relación médico-enfermera-paciente, con su disciplina escolar, la convivencia de las enfermas, las jerarquías) que el análisis de lo «médico». No se recrea en los trastornos, tampoco en el suyo, sino que ahonda en detalles reveladores del día a día, desde las excentricidades de algunas mujeres a la tensión entre ellas, pasando por las carencias del sistema («Porque todo el sufrimiento que aquí hay está tan por encima de todo lo humano que es imposible que pueda ser afrontado sólo con medios humanos», p. 20). Todo ello, hay que insistir, desde un punto de vista puramente literario, sin intenciones didácticas ni periodísticas, aunque en la práctica aporte más información sobre ese ambiente que las crónicas convencionales.
Christine Lavant
No se puede ignorar, por otro lado, la condición de centro «para mujeres», que condiciona el trato a las pacientes. Por ejemplo, médicos que dan por sentado que la narradora está deprimida como consecuencia de un mal de amores, como si una joven como ella solo pudiera sufrir por eso. En general, prevalece la idea, entre los personajes «sanos», de que las mujeres que se tuercen lo hacen por no llevar esa vida de esposa-madre-ama de casa, que sus problemas se solucionarían con una familia estable. En este sentido, la perspectiva de género pone de manifiesto los prejuicios de la época, que denigraban aún más a las enfermas; no comprendían la naturaleza de su trauma, de ahí la dificultad para recuperarse. La transparencia del texto de Christine Lavant resulta iluminadora en toda su crudeza.

07 diciembre 2018

Libros para regalar estas Navidades (2018-19)

  1. El must de la temporada: Una educación, de Tara Westover (Lumen). La historia real de una joven que creció aislada, en un entorno embrutecido, pero salió de él gracias al estudio. Impresionante por lo que cuenta y por lo bien escrita que está.
  2. Una historia conmovedora de amistad y soledad: Las ocho montañas, de Paolo Cognetti (Literatura Random House). Con aparente sencillez, el autor da forma a unos personajes y un lugar -la montaña- que permanecen en el lector.
  3. Uno de los proyectos narrativos más deslumbrantes de este siglo: la trilogía A contraluz, Tránsito y Prestigio, de Rachel Cusk (Libros del Asteroide). Innovador, exigente, brillante, pertinente... y adictivo.
  4. Cuando una ciudad -Constantinopla- y un personaje -la matriarca de una familia- se funden: Loxandra, de María Iordanidu (Acantilado). Un clásico recuperado de la literatura griega moderna que rinde homenaje a la vida de las mujeres.
  5. Para los que disfrutaron con Elena Ferrante: Ataduras, de Domenico Starnone (Lumen). Una exploración lúcida y chispeante de un matrimonio en diferentes etapas de su relación, con un estilo vivaz y una honestidad abrumadora.
  6. Vida y literatura en la Alemania de la primera mitad del siglo XX: A la izquierda, donde el corazón, de Leonhard Frank (Errata naturae). Un recorrido implacable por la trayectoria del autor y, a la vez, una novela excelente.
  7. Las narraciones exquisitas de una autora inglesa olvidada: Algunas formas de amor, de Charlotte Mew (Periférica). La soledad, el desamor, la pérdida. Unos cuentos que aún tienen la capacidad de interpelarnos.
  8. Un pequeño (y encantador) clásico de la novela de aprendizaje: El río, de Rumer Godden (Acantilado). Se sitúa en la India colonial e inspiró la aclamada película de Jean Renoir.
  9. Una joven que crece entre dos culturas: Vi. Una mujer minúscula, de Kim Thúy (Periférica). De Vietnam a Canadá, de la herencia materna a la asimilación de valores occidentales. Delicada e intimista.
  10. Una novela llena de humanidad y con personajes memorables: La novena hora, de Alice McDermott (Libros del Asteroide). Una de las autoras del momento.
  11. Una novela entretenida, con sabor a las épicas de antaño: Fuego en la montaña, de Edward Abbey (Errata naturae). Coming-of-age, sentido del humor y defensa de valores ecologistas.
  12. Literatura poética y cruda para retratar la violencia que sufren muchas mujeres: Cárdeno adorno, de Katharina Winkler (Periférica). El periplo de una mujer de una aldea kurda que se casa con el hombre equivocado.
  13. Una poderosa inmersión en el Henry James adulto: The Master, de Colm Tóibín (Lumen). Novela de altura, para leer con calma, de un genio sobre otro genio.
  14. La caída en desgracia de un intelectual en los años veinte: Devastación, de Tom Kristensen. El lado turbio del ambiente bohemio en la Dinamarca de la época, un retrato desgarrador del burgués desencantado y la debacle del alcoholismo.
  15. Las memorias de una de las mejores escritoras del siglo XX: Chica de campo, de Edna O'Brien (Errata naturae). Infancia en la Irlanda rural, el miedo al padre, un matrimonio desdichado, Swinging London, su carrera literaria y mucho más.
  16. Una voz áspera e inquietante que nos habla de relaciones de poder, aislamiento y perturbación: La azotea, de Fernanda Trías (Tránsito). Un descubrimiento.
  17. Una mirada lúcida al rol de la mujer en la guerra: Las soldadesas, de Ugo Pirro (Altamarea). Un potente mensaje antibelicista, basado en las vivencias del autor. 
  18. Mujer, madre y esposa a punto de perder el control: Papá se ha ido de caza, de Penelope Mortimer (Impedimenta). Maternidad, aborto, locura. Sin tabús.
Y mi recomendación especial:
  • Unos cuentos navideños para el siglo XXI: Días de Navidad, de Jeanette Winterson (Lumen). Talento, ingenio y plasticidad narrativa: espléndidos.
¡Felices fiestas!

03 diciembre 2018

Me casé por alegría - Natalia Ginzburg

Edición: Acantilado, 2018 (trad. Andrés Barba)
Páginas: 128
ISBN: 9788416748907
Precio: 12,00 €

Novela, ensayo, relato, teatro: Natalia Ginzburg (Palermo, 1916 – Roma, 1991) escribió de todo y todo lo escribió bien, no en vano es una de las grandes del siglo XX, una escritora que supo construir un universo literario rico a partir de la observación de las menudencias cotidianas. La parte menos conocida de su obra, al menos para el lector español, es su faceta como dramaturga, que cultivó a partir de los años sesenta, ya como una autora consumada. Me casé por alegría (1966), inédita hasta la fecha en castellano, fue su primera pieza, una comedia de costumbres de estructura circular que tiene su sello inconfundible. Es posible que el público actual esté poco habituado a leer textos dramáticos; aun así, si se ha leído antes a Natalia Ginzburg, no cuesta entrar en este (de hecho, sus novelas se caracterizan por su cercanía a la expresión oral, en forma de diálogo o monólogo interior, fundamental en el teatro). Es más: nada mejor que tomar contacto con el género con una autora ya leída y apreciada.
Giuliana y Pietro son dos jóvenes recién casados que viven en Roma. Él, un abogado a quien auguran un futuro brillante; ella, una chica de provincias humilde que se marchó de casa a los diecisiete años y se ha dado algún que otro batacazo. Enseguida se descubre que contrajeron matrimonio cuando apenas se conocían; la obra se centra en los primeros días de su convivencia, que ponen de relieve lo poco que saben el uno del otro y tratan de responder, de manera directa o indirecta, a la pregunta de por qué se casaron («Estaba dispuesta a casarme con quien fuera cuando te encontré, ¿entiendes? […] Con cualquiera. Estaba dispuesta a todo.», p. 15). Como culminación, en el último acto, una comida con la hermana y la madre de Pietro, esta última una mujer recia y tradicional que aún no conoce a su nuera y tiene mucho que decir.
Tres atributos se pueden destacar del texto: los personajes, los equívocos y el retrato de costumbres burguesas. En primer lugar, sobresalen los protagonistas, en particular los femeninos, perfiles psicológicos complejos que se revelan en apenas unas líneas. Giuliana, en un monólogo espléndido ante la sirvienta, se muestra como una chica fresca y desenvuelta, que no ha tenido suerte con los hombres ni le gusta trabajar (y lo admite); perdida, sin rumbo, de naturaleza jovial pero no obstante desdichada, que recuerda a Delia de El camino que va a la ciudad (1942) y a Mara de Querido Miguel (1973). Giuliana narra su historia con desparpajo y humor a pesar del dramatismo; la autora brilla una vez más en la naturalidad con la que explora las dificultades de una mujer joven para abrirse camino en la vida, con un lenguaje ameno, fluido, coloquial, nada rígido, acorde con el personaje. Lo mismo ocurre con la suegra, una señora conservadora, metomentodo, pesimista; y la criada, Vittoria, una muchacha alegre y pizpireta, de quien no se sabe si miente más que habla pero con todo se gana las simpatías (de los personajes y del lector-espectador) con su labia y su improvisación.
En cuanto a los equívocos, son un recurso frecuente para contraponer a marido y mujer y, de paso, profundizar en su persona. Por ejemplo, se hace referencia a alguien que uno conoce, y el otro dice que también lo ha tratado, sin estar seguro en realidad; tan solo les suena un nombre, una cara (el señor muerto en el primer acto, la amiga Elena o la clienta de la papelería). Este truco actúa como metáfora de la distancia entre ellos, de lo desconocidos que son el uno para el otro, de la existencia que han llevado antes de cruzarse; creen que saben cosas de su cónyuge, pero en la práctica solo pueden intuir, sospechar. El equívoco, además, añade comicidad al pequeño enredo; la autora sabe exprimirlo para mantener la tensión, esa pizca de curiosidad por lo que ocurrirá, aunque de hecho el interés principal reside en el desarrollo de los caracteres.
¡Qué extrañas esas madres que se quedan agazapadas allí en el fondo de nuestra vida, en las raíces de nuestra vida, en medio de la oscuridad, tan importantes, tan determinantes para nosotros! Uno se olvida mientras vive, o se le pasa, o cree que se le pasa, pero nunca se le llega a pasar del todo. ¡Tu madre es una tarambana y al mismo tiempo tan determinante! No parece que pueda marcar a nadie y sin embargo te ha marcado a ti…*
Se plantea asimismo la tensión entre madres e hijos (con una magnífica reflexión final), un tema clave en Natalia Ginzburg. Y, por supuesto, el matrimonio, los motivos para casarse tan pronto, sin un «enamoramiento» convencional ni un embarazo de por medio. Durante gran parte de la obra, Giuliana especifica que se casó «también» por dinero, sin confesar a qué razón se suma ese «también». Pietro reconoce que lo hizo por alegría, de ahí el título, porque Giuliana le da una alegría, una ligereza, que contrasta con el estilo de vida del hogar materno («Jamás me habría casado con una mujer que me tuviese hechizado. Quiero vivir con una mujer que dé alegría.», p. 72). A la postre, el matrimonio temprano se concibe como vía de escape, la única forma sólida de cortar el cordón umbilical. En este sentido, quizá por su naturaleza de comedia para ser representada (y, por consiguiente, escrita para entretener al espectador), no está teñida de tanto malestar como otros títulos de Natalia Ginzburg. Hay amargura en la voz de Giuliana, hay tensiones en la casa recién establecida; pero en el diálogo liviano predomina la gracia, el «saldremos adelante pese a todo», easy-going.
Natalia Ginzburg
En definitiva, Me casé por alegría es una pieza engarzada a la perfección, una comedia donde se deslizan los conflictos imperecederos de la burguesía, de la relación entre madres e hijos, de la búsqueda de un lugar propio, del amor y del matrimonio, del tedio y de la fiesta, pasando por las clases sociales y las habladurías. Un libro empapado del universo de Natalia Ginzburg: buscar un sombrero, charlar con la criada desde la cama, compartir una comida o encargar un abrigo nunca dieron tanto de sí. Engrandece lo minúsculo, ilumina los rincones polvorientos. Utiliza palabras sencillas para revolver situaciones complejas, se burla del matrimonio y su solemnidad. No pasa nada y pasa todo. Y, por si fuera poco, contagia su buen humor. Maravilloso.
*Cita de la página 110.

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