Editorial: La Factoría de Ideas
Páginas: 288
ISBN: 9788498004175
Precio: 16,95€
Sinopsis
Zoey Redbird es una adolescente de dieciséis años que es marcada para entrar en La Casa de la Noche, una especie de internado para formar vampiros. La enseñanza dura cuatro años, y en este tiempo pueden pasar dos cosas: que el adolescente supere con éxito los estudios y se convierta en vampiro, o que no supere el cambio y muera por el camino.
Pero hay algo extraño en Zoey (ya sabéis, la protagonista de este tipo de novelas sieeempre es especial): su marca está completa cuando ingresa en el centro, algo que en teoría sólo sucede cuando se ha terminado la formación. Además, justo antes de empezar los estudios ha tenido una especie de ensoñación en la que ve a Nyx, la diosa de todos los vampiros. Muy pronto se empieza a ver que ambas cosas no son casualidad: Zoey parece estar mucho más preparada que el resto de estudiantes de primer curso.
Como en todo centro de estudios, nos encontraremos con la rubia mala malísima y el chico buenorro del que todas se enamoran a primera vista. Zoey siente aversión por la primera desde el primer instante en que la ve, y la rivalidad entre ellas estará presente en toda la novela. En cuanto al chico guapo, Erick, me ha parecido un personaje bastante insustancial y apenas aparece en este primer libro. Supongo que a medida que avance la saga tendrá más protagonismo, pero vaya, que no es nada del otro mundo. Esta saga ofrece una visión distinta de los vampiros. Sus principales bazas son la creación de una mitología propia para vampiros e iniciados, en la que se hacen numerosos rituales mágicos, y también el uso de marcas o tatuajes como señal identificativa de los vampiros. Personalmente, ni una cosa ni la otra han logrado entusiasmarme, aunque reconozco que no es un mal planteamiento.¡Hola! Me llamo Zoey Redbird y soy estúpida
El primer problema que encontré en el libro es que la protagonista no me cae nada bien. Sí, los adolescentes pueden ser insoportables. Sí, este libro es de ficción. Pero todo tiene unos límites. Digamos que me ha parecido una mezcla entre la típica chica remilgada que se escandaliza por todo y la “reshulona” malhablada que planta cara a quien haga falta. Sé que parecen dos caracteres incompatibles, pero todo es posible en nuestra querida Zo.Nada más llegar al internado, Zoey contempla una escena en la que la rubia mala intenta hacerle una mamada al guaperas de turno en medio del pasillo. ¿Cuál es la reacción de la voyeur accidental? Salir corriendo… Y tachar de puta a la rubia. Si sólo fuera eso, aún lo podríamos entender (al fin y al cabo no es muy normal hacer esas cosas en un pasillo), pero es que Zoey va más allá y se marca un discurso en el que habla mal del sexo y critica la sumisión de las mujeres que practican sexo oral. No sé ni cómo calificarlo. Esto no es feminismo, es estupidez. A ver, Zoey, guapa, ¿sabes que un chico también puede hacer sexo oral a una chica? ¿Y que la chica que lo practica lo hace con gusto y sin que nadie la obligue a ello? Una cosa es que una novela juvenil no incluya escenas subiditas de tono y dé más importancia a los sentimientos, y otra que haga campaña en contra del sexo. ¡Con lo fácil que sería no haber sacado el tema!
No hace falta que diga que me parece fatal que Zoey y su grupo de amigas tachen de puta, zorra y similares a la rubia mala. ¿En qué siglo vivimos? Todos sabemos que las mujeres somos nuestras propias enemigas, que nos encanta cotillear y criticar, pero lo de este libro me ha parecido excesivo, sobre todo al tratarse de adolescentes de dieciséis años. No me gusta nada el mensaje que transmite, de hecho ha conseguido que la rubia mala me cayera bien, al menos no es una mojigata como la protagonista. Por cierto, antes de entrar en el internado, Zoey había tenido una relación de un año con un chico humano. ¿Alguien se cree que en la actualidad dos adolescentes de 15-16 años se limitarían a darse besitos en una relación de un año? Yo no, desde luego.
Supongo que la intención de las autoras era hacer una crítica a la rapidez con la que los adolescentes actuales se inician en el sexo, pero a mi parecer lo que han plasmado en este libro es contraproducente. Primero, porque son ideas anticuadas y absurdas. Segundo, porque esa mentalidad no es creíble en una persona joven de hoy en día y hace que los lectores potenciales se alejen del libro. Con lo sencillo que sería hablar del tema con naturalidad, con una protagonista que no mantiene relaciones porque todavía no se siente preparada o algo así, sin necesidad de rajar de aquellas que sí las tienen… Me encantaría que al final de la saga Zoey se tuviera que tragar… sus palabras, pero no tengo intención de comprobarlo.Con el tema de los porros sucede algo similar, la protagonista los odia y también se marca un discursito puritano de los suyos. Reconozco que el tema de los porros es distinto al sexo porque éstos sí que son perjudiciales, pero sigo pensando que la reacción de Zoey es exagerada. La mayoría de adolescentes sienten curiosidad por probarlos en algún momento, y probar (sólo probar) no me parece grave, es un acto más de su desarrollo. También comprendo que haya algunos que no deseen probarlos y sientan repugnancia ante ellos, pero no hasta el punto de ponerse como Zoey, que parece que vive por y para predicar los buenos mensajes que le enseñaban en el colegio. Las Cast intentan que Zo nos parezca madura para su edad, pero desde mi punto de vista consiguen justo lo contrario.
Hay otra escena que me llamó la atención. La protagonista se sintió aliviada al ver que las duchas de los vestuarios eran individuales, porque las duchas públicas le parecen algo bárbaro y propio de la cárcel. ¿Hola? Entiendo que prefiera las duchas individuales por timidez o intimidad (yo también las prefiero), pero de ahí a decir que las públicas son algo bárbaro… Lo único bárbaro aquí es la mentalidad de esta chica. Por no hablar de que no había ninguna necesidad de incluir esta escena en el libro (como todo lo anterior), pero se ve que a las Cast les gusta crear polémica.Ahora viene la parte de la “reshulona” malhablada. Con todo lo que he contado hasta ahora, Zoey os debe parecer una chica cursi y remilgada en extremo, pero lo cierto es que es muy basta hablando (he perdido la cuenta de las veces que habla de la caca, la diarrea y los vómitos, por no hablar de los insultos ya mencionados). Hay una escena en la que debe limpiar los excrementos de un caballo y dice que no le parecen tan asquerosos. Será que yo me quedé traumatizada cuando en unas colonias de mi infancia el caballo de un compañero estuvo un buen rato parado haciendo sus necesidades (con mi compañero encima), pero las heces de este animal me parecen de lo más repugnantes. No tengo nada en contra de la gente malhablada y basta, de hecho un personaje así hasta podría parecerme entrañable; el problema es que no me cuadra que Zoey se exprese de este modo y luego sea tan mojigata para otras cosas. Es que aunque sea una adolescente no me resulta creíble.
A menudo, el uso de estas palabras se da en un vano intento de resultar graciosa. Este es otro de los inconvenientes de Zoey: intenta ser divertida constantemente, pero se la nota muy forzada. Lo he observado sobre todo en la narración en primera persona, en los diálogos con sus amigos está más reservada. En mi opinión, escribir de manera divertida es muy difícil, y si no sabes hacerlo es mejor mostrarte serio, que tampoco es nada malo. De hecho, las protagonistas de “Crepúsculo”, “Medianoche”, “Los Juegos del Hambre” y “Graceling” no son precisamente la alegría de la huerta, y aun así caen mucho mejor que Zoey y se ven más naturales que ella. El problema es que las Cast han intentado ser Richelle Mead (“Vampire Academy”, "Cantos de súcubo") con su estilo fresco y divertido, pero Richelle Mead sólo hay una.La chupipandi
Cuando digo que la rubia mala me ha caído bien, lo digo también porque los amigos de Zo son igual de repelentes que ella. Lo de amigos tendría que ponerlo entre comillas, porque en la novela transcurren exactamente cuatro días (tres en el internado) y me parece muy extraño que en este tiempo pueda trabar amistad con la gente hasta el punto de sentirse querida y aceptada, pero de esto hablaré después.
Para empezar, tenemos a dos chicas, una rubia y una negra, que se autodenominan “gemelas” porque han descubierto que su personalidad es muy similar. Se supone que tienen diecisiete años, pero a mí lo suyo me parece propio de niñas de ocho. Lo siento, pero esta historia de “las gemelas que realmente no son gemelas” a modo de guiño divertido no me ha hecho ninguna gracia. Además, la forma de hablar de ambas parece sacada de una película de instituto americano, con comentarios forzados y expresiones poco creíbles (como tampoco resulta creíble que a veces hablen a la vez). Me imagino que en el futuro tendrán importancia porque son dos por el precio de una y eso será una novedad en el mundo vampírico, pero a mí me parecen insoportables. Mucho más que la rubia mala y su grupito.En segundo lugar, nos encontramos con Damien, un chico homosexual que va de sobrado y siempre trata de impresionar a los demás con su amplio vocabulario. Sinceramente, hubiera preferido al eterno amigo gay divertido de las novelas chik-lit, al menos son personajes más carismáticos. De todas formas, Damien es el más normal de toda la tropa.
Por último, está Stevie Rae, la compañera de habitación de Zoey. Sólo diré que si yo fuera de Oklahoma me sentiría ofendida por este personaje. Nos la pintan como una pueblerina, con sus botas y su sombrero de cowboy, cuyo gran deseo en la vida es convertirse en una estrella del country como Faith Hill y Shania Twain (por cierto, en la novela se dice que ambas son vampiras porque estos seres son los que tienen un mayor talento artístico, de risa). Si fuera española, sería algo así como una andaluza que admira a la Pantoja, lleva una peineta y tiene un traje de faralaes en su cuarto. Stevie Rae es muy inocentona y pretende ser entrañable, pero a mí no me convence. Detesto que se tire tanto de tópicos.¿Y qué decir de la rubia mala? Ya va siendo hora de decir su nombre: Aphrodite, como la diosa que es al lado de esta pandilla de patanes. Es cierto que hace cosas dignas del calificativo “mala”, pero Zoey la juzga desde el principio por el tema sexual, que no me parece un motivo de peso para juzgar a nadie. Ya digo que a mí Aphrodite me ha caído bien, sin ser tampoco nada del otro mundo. Me inspira simpatía, las autoras se esfuerzan tanto en hacerla mala sin medias tintas que hasta siento compasión por ella. Los personajes a priori malos pero ambiguos, como Rosalie de “Crepúsculo”, me parecen mucho más creíbles e interesantes.
Me gusta la novela juvenil romántica, pero no soy idiota
Sí, amigos, aún hay más “peros” en esta novela (y más que me callaré para no destripárselo a nadie, si es que aún queda alguien con ganas de leerlo). Al coger una novela juvenil de esta temática acepto que voy a encontrar una historia sencilla, con una concepción del amor muy idealizada y personajes sin muchos matices. Hasta ahí, todo bien. El problema es que hay autoras que piensan que escribir un libro juvenil romántico es tan fácil que pretenden vendernos cualquier bazofia. Una cosa es comprar un cosmético barato, y otra comprar uno en mal estado. Por ahí sí que no paso.Zoey pasa tres días en el internado y ya se siente integrada y querida por sus compañeros. Hay que concretar que Zoey tiene problemas familiares que hacen que tenga dificultades para sentirse aceptada por los demás, por lo que se pone bastante énfasis en este tema. Precisamente por esto, no me parece creíble que la chica esté tan adaptada: si has pasado por una mala experiencia relacionada con esto, te vuelves más desconfiada y en el futuro te cuesta hacer nuevas amistades y confiar en los demás. Aquí ocurre todo lo contrario, y yo no me lo creo. En tres días puedes llevarte bien con la gente, pero la amistad es mucho más que esto y la protagonista me parece una incauta cuando les cuenta sus secretos como si nada. Es que no, no me entra.
Hablando de los problemas familiares, por muy mal que se lleve Zoey con su madre no me parece creíble que ésta no dé señales de vida desde que su hija entra en La Casa de la Noche. Aunque sea tendría que haber aparecido para intentar llevársela de ahí (al principio no está dispuesta a aceptar que Zo haya sido marcada), pero las autoras se olvidan por completo de ella. Quiero pensar que se lo reservan para los próximos libros, pero tampoco está bien que lo reserven todo y no nos den nada en esta primera entrega.Por otro lado, el guaperas se fija en ella nada más verla. Sí, esto es habitual en este tipo de libros, pero en el caso del tal Erick aún es más exagerado. Para empezar, la primera vez que ve a Zoey es cuando tiene a Aphrodite intentando hacerle una mamada (!!!!!), pero aun así el chico es capaz de mirar fijamente a Zo desde la lejanía (si es que tengo razón al compadecerme de Aphrodite). Más adelante (que supongo que sería al día siguiente), le dice de salir pero ella le dice que no. Luego vuelve a intentarlo. Si la situación fuera al revés, pensaríamos que la chica se está arrastrando por una persona que no muestra el más mínimo interés por ella, pero como esto está escrito por mujeres, Erick es un chico comprensivo y encantador que entiende perfectamente las razones de Zo para decirle que no la primera vez. Está tan idealizado que a su lado Edward Cullen parece mi vecino del cuarto.
No deja de sorprenderme ese amor a primera vista, sin conocer de nada a la joven. Yo creo que en toda la novela pasa más tiempo mirando fijamente a Zo que hablando con ella, y encima tiene el morro de decir que por ella tiene sentimientos y no el deseo carnal que tuvo en su momento hacia Aphrodite, como para dejar bien claro que la otra es una putilla y Zoey una chica respetable (puaj, es que me da asco esta mentalidad). En la vida real, a un chico que dice lo que Erick le aplicaríamos aquello de “prometer hasta meter, y después de haber metido, olvidar lo prometido”, pero esto es una novela juvenil romántica, así que las intenciones de Erick son puras y transparentes de verdad. En fin, para lo que hace este personaje en el libro, pienso que habría sido mejor reservar el romance para las próximas entregas y así hacerlo un poquito más creíble (pero claro, si no hay temita las niñas no compran). Qué cosa más idealizada, por favor, y recordemos que sólo pasan tres días y ella antes tenía novio.Finalmente, las autoras le han echado morro al asunto: se empieza a entrever un misterio, pero no se resuelve nada en este primer libro. “Marcada” se centra en el mal rollito entre Zoey y Aphrodite, lo interesante lo dejan para la segunda parte. Yo lo he visto más como un planteamiento que como un libro, si fuera “Crepúsculo” o “Cazadores de sombras” estoy segura de que habrían pasado más cosas antes de poner punto y final. Sus 286 páginas ya nos hacen pensar que es un libro con poca chicha al lado de otros similares, y en efecto es así. En otras palabras: esta saga es una tomadura de pelo y una estafa para el lector. Serán 8 libros, pero seguro que tienen menos contenido que los 4 de “Crepúsculo” y compañía.
Libros de la saga:
1. Marked (2007) – Marcada (2008)
2. Betrayed (2007) – Traicionada (2009)
3. Chosen (2008) – Elegida (2009)
4. Untamed (2008) – Indómita (2010)
5. Hunted (2009)
6. Tempted (2009)
7. Burned (2010)
8. Awakened (publicación prevista para enero de 2011)
Mi valoración: 2/10